La marea de pelo negro y sangre se apagó en unos segundos. Ella cayó de rodillas y su voz se elevó como un trueno que destruía el mundo. Sus poderes se extendieron por todo el terreno enfocados en una sola cosa: salvarlo.
Niniel se levantó con dificultad, sintiendo como si sus piernas fueran de madera. Sus ojos se enfocaban en el cuerpo que permanecía inmóvil.
Solo fueron unos minutos, menos de media hora para que todo se convirtiera en una pesadilla.
Alishco la había apartado de la batalla y llevado hacia el palanquín. La sacerdotisa usaba sus poderes con tranquilidad, impidiendo que los atacantes se acercaran. Pasaron sobre el cadáver de Awlan que permanecía tendido mostrando la mitad de sus costillas.
Una cadena mágica rodeaba sus muñecas y Alishco la sujetaba como su carcelera. A pesar de que Niniel se rebatía, la magia parecía inmune a sus intentos. Lo único que podía hacer era entorpecer la marcha.
—Suéltame. Tengo que volver —gritó Niniel desesperada. No podía olvidar la imagen de sus amigos luchando solos contra un ejército que no podían vencer.
Alishco ni siquiera reaccionó. Niniel le lanzó un insulto y un escupitajo para provocarla.
—Déjame ir, por favor —rogó, gritó y chilló.
El tiempo continuaba y cada segundo la desesperaba. Se imaginaba toda clase de pesadillas y su corazón se alocaba. El aire dejó de llegarle al cuerpo y pronto comenzó a respirar por la boca.
Fue entonces cuando su maestra se volvió hacia ella. Sus cejas tan abajo que casi cubrían sus ojos. Estaba furiosa. Azotó sus cadenas y un rayo eléctrico recorrió su cuerpo. Provocando que se quedara quieta.
Niniel cayó de rodillas y se quedó así.
—Esto es necesario —dijo Alishco mostrando toda la destrucción a su alrededor —. Déjalo de una vez.
La ira, el dolor y la desesperación se enroscaron en su garganta y gritó lo que pensaba como si se tratara de un veneno que llevaba mucho tiempo en su cuerpo.
—Tú… tú… Te odio… y lo haré siempre. No quiero esto. No quiero a la diosa, no me importa siquiera.
Como respuesta Alishco le cruzó la cara con una cachetada. La agarró de los hombros y la levantó brúscamente.
—¿Crees que no lo sé?
Le pegó un cabezazo que la dejó con un pitido en los oídos.
—¿Crees que no entiendo que no sirves?
Volvió a golpearla. Un mono se lanzó hacia su espalda o lo intentó, porque con un solo dedo Alishco lo inmovilizó y lo destripó.
—Eres una pérdida, pero me niego a quedarme sin parte.
La soltó y Niniel cayó con brusquedad al suelo. El hechizo electrificante comenzaba a remitir, sin embargo, se quedó quieta. Alishco estaba furiosa y destruía árboles, abominaciones y cualquier cosa que se le atravesara.
—¡Siglos! —gritó en medio de la carnicería —. ¿Por qué Niniel? ¿Solo porque te enamoraste?
Niniel cerró los ojos cuando lo dijo, dejando escapar algunas lágrimas. Pensar en Karanthir solo y posiblemente herido la consumía.
—¿No pudiste simplemente acostarte con él? ¿Tenías que amarlo?
Alishco se regresó donde ella y la enfrentó con la mirada. Su rostro anaranjado por la furia con ganas de matarla y al mismo tiempo de obligarla a continuar. Niniel conjuró en silencio y con los músculos todavía entumecidos se preparó.
—Sí —gritó con todas sus fuerzas.
Lanzó el hechizo que se abrió bajo los pies de Alishco y lo cerró rápido. La había enviado kilómetros atrás, a ese lago donde Karanthir y ella se habían sincerado. No era mucho, pero le daba tiempo.
Niniel miró a alrededor. Las criaturas bajaban como una plaga por la copa de los árboles. Saltaban desafiando la gravedad y cubriendo distancias considerables en segundos.
La joven dio un pisotón y provocó que los árboles se tambalearan desde la raíz. Cayeron como si hubieran sido talados y abrió el portal.
Se transportó justo entre el inicio del bosque y la parte talada de la batalla, ahí fue testigo de todo. De Jundium medio comido, de Aboki siendo arrojado por el acantilado para que tuviera una posibilidad de vivir y sobre todo de Karanthir.
Mientras caminaba hacia él, su imagen estaba grabada en su mente, su mirada desesperada, aceptando su destino. Su frente sangrando, la herida en su costado.
Apenas desapareció por la marea de abominaciones supo que algo iba muy mal. Su corazón lo sabía, aunque su mente se negara.
Estaba ya muy cerca cuando el mundo se desdibujó. Sus acciones se volvieron difusas, todo lo demás se volvió borroso y sin importancia. Lo único que era real era Kara.
Lo tomó por debajo de los brazos y se manchó de sangre morada. Toda su palma se cubrió por el líquido viscoso y cálido. Un gemido ahogó su garganta y sus ojos se llenaron de lágrimas. Su corazón continuaba marcando el ritmo.
Su cabeza estaba quieta sobre el suelo, dejándole a la vista un cabello de fuego que se apagaba demasiado rápido. Giró su cabeza con cuidado para verle la cara.
Apenas lo hizo se quedó sin aliento. Una parte de su mejilla había sido arrancada y le dejaba a la vista los dientes, su párpado derecho ya no existía y su ojo azul se mostraba inyectado de sangre.
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Editado: 14.07.2026