Su capucha no tapaba lo suficiente la luz y por más que se esforzaba, simplemente no podía. Quería regresar a casa y acostarse. Sin embargo, Beca le sujetaba amistosamente de la mano y la animaba a seguir.
—Beca, por favor —susurró Niniel. Dejándose caer en medio de su ascenso a la colina.
Le dolía el corazón y su cuerpo era de nuevo sacudido por temblores nerviosos. Aisha, que era el nombre de la morena, no dejaba de repetirle que debía ignorarlo.
—Es mejor olvidarlo —le había dicho una tarde —. Mientras más rápido lo hagas menos dolerá.
Niniel no estaba segura. No entendía nada y esa misma tormenta de confusión que la había acosado volvía a ella.
Estaba supuestamente en un lugar seguro. Le habían rescatado las sacerdotisas de Yamal. La eterna enemiga de Damar. Según sus palabras, siempre buscaban rescatar a las hijas del Caos. La parte razonable de Niniel lo entendía, pero su corazón no.
Beca se regresó a ella y se arrodilló a su lado abrazándola amistosamente.
—Sé que no quieres venir —le dijo con suavidad. Niniel asintió y sus ojos se nublaron de lágrimas.
—No… no quiero celebrar nada —en su voz una mezcla de dolor con ira.
Se sentía tan sola y presionada. Era extraño, pero quería pasar solo en cama, sin que nadie le hable, ni llegue con discursos.
Beca le sonrió con comprensión y apretó más su abrazo.
—No tienes que hacer nada. Solo escucharás o… no… —volvió a sonreírle con complicidad. Niniel no pudo evitar sentir una punzada de alegría que de inmediato, le hizo sentir culpable.
—¿No me pedirán resúmenes o mensajes? —preguntó con un deje de diversión.
Beca se echó a reír. Entendía que se estaba refiriendo a Aisha.
—Es buena persona, solo que a veces puede ser… —dijo Beca después de un rato.
—¿Insensible? —preguntó Niniel y se arrepintió de inmediato.
Beca no le llevó la contrario. Enganchó su brazo con el de Niniel y continuaron subiendo.
—Las emociones son…—dijo después de un rato —difíciles para todos, incluso los que convivimos con ellas desde el nacimiento.
Niniel asintió. Algo que se pasaban diciéndole las sacerdotisas era eso, que era normal sentir tanto y con tanta intensidad. Después de todo, le habían prohibido toda su vida. Aunque a opinión de Niniel, Aisha no era muy diferente. Le pedía ignorar y olvidar.
Llegaron a la cima de la colina, donde una especie de monumento con rocas se elevaba justo bajo la luna. Su luz acariciaba toda su superficie volviendo la blancura de la piedra en algo mágico.
—La caricia de Yamal —dijo Beca con ilusión. De verdad, sentía amor por su fe.
Algo raro para Niniel porque lo normal era sentir miedo, no amor. Pensar en esa palabra le recordó a Karanthir y se preguntó si él sabría algo sobre el monumento. ¿Conocería su historia? O ¿sería ella la que por primera vez le contaría algo interesante?
Su cabeza le alertó que no debía irse por ese camino. «Él ya no está. Se fue» se dijo a sí misma y estrujó su falda entre sus dedos.
En algún momento llegaron más sacerdotisas y comenzó la música. Sus labios se movían, pero Niniel no entendía nada, ni buscaba intentarlo. Solo se enfocaba en mirar las estrellas y en perderse entre su dolor.
—Aceptó la redención cuando su amante murió…
Esa frase la sacó de su ensimismamiento. La palabra amante resonó en su corazón e inevitablemente buscó a Beca.
—¿Qué… qué dijeron? —preguntó a su amiga. Las danzantes continuaron narrando la historia de grandeza de Yamal, pero no regresaban a decir nada de su amante.
—¿Sobre la batalla?
—No, sobre el amante.
Beca giró ligeramente su cabeza desconcertada y después se iluminó su rostro con una sonrisa.
—Ah, su amante —dijo en reconocimiento. Niniel asintió ansiosa y de pronto, la música se elevó y evitó que cualquier cosa se escuchara.
Niniel agarró a Beca del brazo y le obligó a seguirla.
Bajaron rápido de la colina y Beca con un poco de resistencia la convenció de quedarse al pie. Simplemente mirando a los danzantes desde lejos.
—¿Qué pasó con su amante? —preguntó la hija del Caos con ansias, sin embargo, la respuesta se hizo esperar, ya que Beca buscaba un lugar cómodo para sentarse.
—¡Beca! —llamó Niniel desesperada.
—Paciencia —dijo ella riéndose, aunque la otra joven le dirigió una mirada de alerta.
—Bueno, muchas dicen que hay poco que contar sobre ella, se trataba de una Diosa menor, Yamal se enamoró profundamente y durante un par de milenios creyeron que sería para siempre. Sin embargo, la amante amaba demasiado a los mortales y se enfermó.
Niniel iba asintiendo a cada palabra, pero cuándo escuchó sobre la enfermedad, no pudo creerlo. Se les enseñaba que los dioses eran inmortales e invencibles. Solo otros más grandiosos podían intentar vencerlos.
—¿Enferma? ¿Cómo?
—No sabemos. No hay muchos detalles. Lo único que sabemos que ella murió. Murió en los brazos de Yamal.
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Editado: 14.07.2026