Las palabras en algún momento carecieron de sentido. Aisha y Beca discutían entre ellas como si Niniel no existiera. Lo peor era que estaban hablando de ella y de una decisión que cada vez le parecía dependía de sí misma.
—Solo quiero traerlo de vuelta —dijo elevando su voz sobre la de las otras dos.
Beca le miró con compasión, mientras que Aisha apretó los labios.
—Niniel, eso podría regresarte al principio. Has avanzado tanto…
Niniel no estaba segura de que fuera cierto. Había pasado cerca de un mes desde que perdió a Karanthir. Se había acercado más a Yamal y en cierta forma abrazado algunas de sus enseñanzas, pero en definitiva estaba más lejos de las sacerdotisas.
Le parecía que Yamal hablaba sobre sentir, liberar y amar. Las sacerdotisas parecían una versión torcida de esas enseñanzas, sobre todo Aisha.
El dolor de haber perdido al capitán todavía escocía, es más, había noches enteras que solo lloraba o sueños que le mentían y explotaba al día siguiente en ira y melancolía. Sin embargo, había algo que no podía olvidar.
Siempre llegaba a ese recuerdo, a un día muy lejano donde solo existían los dos. Karanthir se había animado a contar sobre su padre y hermanos y Niniel lo acompañaba. Escuchando y llorando también sus pérdidas.
—Los llevamos al lago con mi abuelo —dijo Karanthir con los ojos cerrados, enfocados en el recuerdo.
—¿Al lago? —preguntó Niniel suavemente. Jamás había visto el lago de su dimensión. Ellas tenían una fuente inagotable de agua en medio del patio. No era necesario buscar afuera.
—Sí, estaba en las partes más bajas de la ciudad, donde solo los suicidas y los dolientes acudían. Era un lugar sagrado.
—¿Sagrado?
—Bueno, para nosotros. No en honor a la Diosa.
Esa idea se le hacía incompatible en ese entonces, pero ahora al fin tenía sentido.
—Nada puede flotar sobre nuestra agua, los cuerpos de nuestros familiares se depositan ahí, atraídos por una fuerza más grande que nosotros mismos. Permanecen ahí por algunas semanas y se funden con la misma vida.
A Niniel esa idea le parecía muy romántica, ahora le parecía la única forma de cerrar su dolor. Quería el cuerpo de Karanthir para hacer lo mismo, para honrarlo de manera correcta.
Así se lo dijo a Aisha. La morena negó con suavidad y tomó asiento a su lado.
—No creo que sea buena idea —dijo con tranquilidad, levantando ligeramente la mano para impedir que Niniel le interrumpa —. Ha pasado demasiado tiempo. ¿Cómo crees que se vea?
Dejó su pregunta flotando en el aire, dejando que la imagen se colara en la mente de la joven. Niniel siempre tenía pesadillas con eso, con su rostro desgarrado y sangriento.
—¿Podrás verlo descompuesto? ¿Quieres de verdad esa imagen?
La idea le revolvió las tripas y el asco subió hasta su garganta. Claro que no quería verlo así. Quería quedarse con su rostro impoluto y perfecto.
Aisha le dio una palmadita en el hombro, dado por hecho que había ganado.
—Necesito hacerlo —replicó Niniel tragando y obligando a las náuseas retroceder —. Lo merece.
No era una cuestión de dañar su imagen, sino de controlarla. Sí, le daba miedo verlo destrozado, pero le torturaba más la idea de que estuviera solo.
—Niniel, por favor —rogó Aisha —. No te hagas esto.
—Es por él —replicó. Levantándose —. No quiero que crea que lo abandoné.
—Él lo sabe. Solo es su cuerpo.
Aisha se tomó la cabeza con las manos. Llevaban discutiendo cerca de dos horas, dando vueltas y vueltas en los mismos argumentos.
—Por eso mismo. Solo quiero darle la despedida que merece.
—¡No sabes si está ahí! —explotó Aisha irritada —. Cualquier animal pudo llevárselo y…
Calló de pronto dándose cuenta de que se había pasado. Niniel aguantaba las lágrimas como podía.
—Lo siento —murmuró —. Solo que…
—No es tu decisión —argumentó Niniel con fuerza —. No lo conociste, ni lo amaste.
Aisha iba a replicar, pero Beca la interrumpió.
—Tiene razón. Se lo debemos, Aisha.
Cruzaron unas extrañas miradas que parecían discutir sobre algo importante. Finalmente, Aisha asintió.
—Está bien, pero iré yo también.
El templo estaba a tres días caminando, pero con magia el viaje se convirtió en poco más de dos horas.
Niniel podría haber abierto dos portales y llegar en diez minutos, pero las sacerdotisas le prohibieron usar la magia de Damar.
—Ahora eres de las nuestras —recalcó Aisha —. No necesitas usar los dones de una Diosa tan cruel.
Beca no discutió, le regaló una sonrisa a Niniel y juntas conjuraron. Partieron en la noche donde sus poderes eran más fuertes. Bajaron una hermosa estrella del cielo y la convirtieron en un disco luminoso que les sirvió de transporte.
Niniel se permitió disfrutar el viaje, dejando que el aire refrescara su rostro y jugara con sus cabellos. Todo lo demás pasaba demasiado rápido, apenas una mancha de distintos tonos verdes y gritos de aves que se entremezclaban. Algo similar pasaba con sus pensamientos.
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Editado: 14.07.2026