Aktor estudiaba con detenimiento algo que Karanthir no podía ver. Estaban en la sala común, apartados de los demás que desayunaban alegremente.
Karanthir intentaba obligarse a sentirse incómodo. Después de todo, no tenía por costumbre estar medio desnudo frente a tanta gente. Sin embargo, no podía manifestar tal sentimiento.
Ese malestar en su pecho se había convertido en un verdadero dolor de cabeza. Se sentía como un granito que no podía aplastar. Sabía lo que debía estar sintiendo y, sin embargo, no lo hacía.
Los dedos de Aktor apretaban su pectoral, justo sobre su corazón. Aboki lo miraba preocupado desde el otro lado del sillón. Molesto todavía porque no se lo hubiera contado antes. Karanthir no tenía explicación ante eso.
Niniel por otra parte, seguía los movimientos de Aktor. Apreciando aquello que él no era consciente.
—¿Entonces es divino? —preguntó Niniel preocupada.
Aktor gruñó por lo bajo, diciendo algo en su lengua natal. Debió haber sido alguna exclamación vulgar porque Aelia le gritó desde el otro lado. El joven se encogió de hombros y se cruzó de brazos.
—Sospecho que sí.
—¿Sospechas? —preguntó Niniel enojada —. ¿No eres el elegido de… de esa?
El licántropo le quedó mirando y gruñó por lo bajo. Niniel y él se habían conocido formalmente hace poco y ya parecían querer matarse. Karanthir no lo entendía, según su opinión, ambos eran muy parecidos.
—Esa se llama Yamal —dijo Aktor serio. Niniel le viró los ojos irritada, lo que le arrancó un gruñido al joven.
—Basta —dijo Karanthir con calma. De nuevo, sabía lo que tenía que sentir y de nuevo, se encontraba con el vacío.
—¿Qué hacemos? —interrumpió Aboki acercándose más —. ¿Hay alguna cura o…?
—No creo que debamos curarlo —indicó Aktor.
Esta vez se ganó las miradas furiosas de todos. Niniel se cruzó de brazos y levantó la mano con ganas de dar un discurso. El hombre lobo, no le hizo caso y se giró hacia él.
—Kara —dijo entregándole la camisa —. Creo que es un don.
—¿Qué? —dijo él sin entenderlo. ¿Cómo era posible que no sentirse vivo sea un don?
—Cuando te di esa oportunidad…
—Me lo dijiste —completó Karanthir recordándolo —. Dijiste que me dolería mucho.
—Sí, pero tal vez lo malinterpreté.
Cuando dijo eso, Niniel lanzó un bufido que atrajo la atención del licántropo.
—Sí —recalcó dirigiéndose hacia ella —. También me equivoco. Quizá era una prueba.
—¡Malditos dioses! —exclamó Niniel —. Siempre con sus tonterías.
—Sus tonterías lo salvaron y a ti también —se defendió Aktor poniéndose de pie.
Karanthir no intervino esa vez. Se quedó pensando sobre lo dicho por su amigo. ¿Una prueba? Recordaba con demasiada precisión su paso por la muerte. Las preguntas que Yamal le había hecho.
¿Por qué volver?, ¿Niniel lo necesitaba?, ¿Él la necesitaba?, ¿Había interpretado bien las respuestas? Lo poco que había aprendido de los dioses no le servía. Eran caprichosos, soberbios y jugaban en un mayor tablero. ¿Qué sabría Yamal que ellos ignoraban?
Karanthir estaba tan ensimismado en sus pensamientos que, cuando volvió a prestar atención. Aktor y Niniel se estaban gritando sobre su otro problema.
—¿Cómo no pudiste darte cuenta? —decía Niniel en tono de reproche —. Cada día crece más.
En su voz se notaba el miedo. Karanthir sacudió la cabeza y se puso de pie. La rodeó amorosamente con un brazo y ella se recostó sobre él. Podía sentir su respiración agitada. Le encantaría poder decirle que no pasaba nada.
—Mi magia no la detecta —argumentó Aktor irritado.
Algo dentro de su mente hizo conexión y de pronto, todo fue muy claro.
—Quería que la encontraras —dijo hacia Niniel.
La joven se quedó en silencio, esperando más explicaciones. Aktor también adoptó una postura similar.
—Alishco, ella… esperaba que solo tú encontraras mi maldición.
Niniel apretó los labios y unas arrugas tiernas se formaron en su frente.
—Eso no tiene sentido —dijo —. ¿Alishco te maldijo cuando estabas muriendo?
—No que yo lo viera —dijo Aboki metiéndose en la conversación. Aktor estuvo de acuerdo con eso.
Karanthir también se preguntaba cuándo sucedió. Como era claro no pudo ser mientras agonizaba. ¿Entonces cuándo?
Un recuerdo desagradable cruzó su mente y si hubiera sentido algo, sentiría náuseas. Arrugó la nariz más por lo desagradable que sería contarlo que por él.
—Ya sé cuándo —dijo llamando de nuevo la atención hacia él —. Alishco se acostó conmigo.
Niniel se apartó enfadada y se quedó al lado de Aboki. Aktor no dijo nada, se limitó a alzar las cejas sorprendido. ¿Pensaría que su relación era extraña?
—Fue unos días antes de…
No completó la frase. Niniel escupió al suelo y le miró a los ojos. Por su seguridad no debía continuar. Quedaron en silencio considerando los nuevos hechos.
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Editado: 14.07.2026