—¡No! —dijo Karanthir sujetándole de nuevo del brazo.
Niniel no quería ser grosera, mucho menos lastimarlo. Sin embargo, no la estaba dejando avanzar.
Agarró la mano de Kara e hizo presión para que la soltara.
—Kara —le advirtió sintiendo que su corazón le daba un vuelco.
—Niniel, no —replicó él con serenidad.
Odiaba eso. Odiaba que no fuera capaz de sentir lo que ella, de que actuara como un maldito robot sin sentimientos. Escupió al suelo y luchó con todas sus fuerzas para soltarse.
Su agarre era firme, aunque no violento. Niniel irritada comenzó a lanzarle inútiles puñetazos al pecho. Él la rodeó con sus brazos, inmune a su violencia.
—¡Déjame ir! —aulló en medio de la aldea.
Los licántropos los miraban sin entrometerse. Aboki estaba de pie unos metros más atrás, gritando algo inentendible. A ojos de todos debía parecer una loca, pero ellos no entendían. Nadie entendía.
—Tengo que hacerlo —gritó tanto para Kara como para todos los demás —. Ellas deben pagar.
Lanzó otro golpe contra Kara y éste lo volvió a soportar. La estrechó con más fuerza entre sus brazos.
—Niniel, esta no es la forma.
—¿Y cuál es? ¿Quedarme aquí y esperar más mentiras? ¡No!
Lo empujó con renovadas fuerzas y por un momento pensó que la soltaría. Escuchó un leve quejido de dolor y, por un instante, sus brazos aflojaron la presión. Niniel se soltó y quiso echar a correr, pero de nuevo, alcanzó a sujetarla de la muñeca.
La jaló hacia él con fuerza y la encadenó con sus brazos. Niniel gritó como si la hubiera herido.
—Kara, suéltame. ¡Suéltame!
Sus intentos fueron inútiles y poco a poco la desesperación fue ganando terreno. Sus ojos se llenaron de lágrimas y aunque intentó contenerlas, ya no fue posible.
Estaba tan cansada de todo. No podía quedarse más quieta, ni tampoco esperar que los demás cambiaran. Ya se había dado cuenta que siempre había sido un peón. Un juguete para Alishco, las sacerdotisas, las mismas diosas.
Kara la dejó llorar contra su pecho. Acariciando con ternura su cabello y simplemente esperando.
—Es que no lo entiendes —balbuceó Niniel cuando recuperó un poco la compostura.
—No, sí lo hago. Entiendo.
—Pero no sientes —dijo Niniel enfadada —. No sientes lo que yo y…
No continuó porque de nuevo su voz se quebró. Tenía un miedo inexplicable por eso. Porque Karanthir no volviera a ser el de siempre.
—Está bien —dijo Kara con tranquilidad
—No, no lo está. ¡Nada lo está! ¡Estoy perdida!
Al decir esas dos palabras sintió como si un peso se quitara de su pecho. Como si al fin pudiera gritar a los cuatro vientos lo que de verdad le pasaba.
—No dejo de tenerte y… recuperarte… y perderte de nuevo… Estoy tan… asustada y… me duele… y tú… tú…
Kara no dijo nada. La levantó en volandas y la llevó de vuelta a la cabaña. Capaz era más consciente que ella de toda la multitud. Aboki dijo algo, pero Kara no lo dejó entrar.
La cabaña estaba tan iluminada por las estrellas y la luna que a Niniel le molestó demasiado. Kara la dejó sobre una de las cobijas mientras ella continuaba llorando y balbuceando. Todo se mezclaba, sus peores experiencias, las mejores y todo se complicaba más y más.
Al final se quedó sollozando ya sin lágrimas para derramar, sin ira para que la sostenga, solo un temblor que recorría su cuerpo y se concentraba en sus labios.
Kara se sentó a su lado y le ofreció una taza caliente de alguna infusión desconocida. Niniel la tomó entre sus manos, pero no fue capaz de probarla. No quería nada.
—Sabes… —dijo con voz suave y controlada —. Una noche como esta llegué por primera vez a la tierra.
Niniel no lo sabía. Sin embargo, asintió y dejó que él continuara hablando.
—Tenía demasiado miedo. Temía defraudar a mi abuelo y confirmar que era como mi padre.
Su padre siempre había sido un tema que él evitaba mencionar. Niniel no tenía la historia completa, solo que era muy cruel. Kara le rodeó con uno de sus brazos y ella se recostó sobre él.
—Él primer día terminé con una multitud persiguiéndome. No tengo ni idea de cómo sobreviví esa noche —se detuvo un momento, quizá invadido por sus recuerdos —. Esa no fue la peor de mis experiencias. A veces me pregunto, ¿cómo lo hice? ¿Tú sabes cómo sobreviví tantos años?
Niniel negó con la cabeza. Lo consideraba inteligente, osado y un estratega nato. Imaginarse como alguien débil era imposible. Si él no la hubiera conocido, no se hubiera metido en tantos problemas.
—Mi abuelo tenía muchas reglas, pero la más importante era mantener el honor. Una delgada línea que te separaba de ellos. Los que se venden, los que atacan por la espalda, los que matan a los más débiles. Me guie siempre por eso hasta que te conocí.
Niniel suspiró. Él también lo reconocía. Ella era el problema de todos. Siempre atrayendo a los mentirosos y sacando lo peor de los demás.
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Editado: 14.07.2026