Se dirigían al peor lugar que se imaginaban. Según Beca, Alishco se encontraba a las puertas de la otra dimensión. Esperando que Niniel fuera a ella y justamente eso era lo que iban a hacer.
Karanthir los guiaba, favorecido por la frialdad que congelaba sus emociones y lo llevaba a tomar decisiones como esa. Niniel cada vez se ponía más nerviosa y eso la tenía dando vueltas por todas partes.
Tenían un camino largo todavía y eso convertía el viaje en una espera más tortuosa.
Karanthir caminaba por delante, a veces de la mano de Niniel, acompañado de sus miles de preguntas, otras, iba solo, escuchando los sonidos de la selva. Los siseos detrás de la maleza más densa, el croar de los anfibios ocultos y el grillar de los pequeños insectos.
Era un lugar pacífico a su modo, lleno de vida que apenas se dejaba entrever entre el follaje. La lluvia ligera y cálida completaba la perfección. El capitán se permitió aspirar profundo dejando que la humedad entrara por su nariz y llegara hasta su corazón. Ya se había acostumbrado un poco al frío y comenzaba a pensar que no era tan malo. Era como la humedad de la selva, se pegaba al cuerpo, pero sabías que no era para siempre.
Pensaba en eso cuando una mano se posó tranquilamente en su hombro. No se molestó, pues se imaginó que era Niniel. Sin embargo, al girarse se encontró con el rostro ovejuno y algo enrojecido de Beca.
La sacerdotisa se había mostrado fría con él, incluso agresiva. Así que Karanthir se sorprendió y dio un saltito hacia atrás.
—Lo lamento —dijo Beca con suavidad —. ¿Te asusté?
El capitán negó con la cabeza. Eso no era posible en su estado.
—En realidad, me sorprendiste —dijo con amabilidad. Ella podía tener odio hacia él, pero él no tenía razón para portarse mal —. Pensé que eras Niniel.
Beca se rio nerviosa y miró a su alrededor.
—Por cierto, ¿dónde está?
—Debe estar paseando con Aboki. No te preocupes. Ambos saben cuidarse.
Beca asintió y colocó sus manos tras la espalda. Se movió nerviosa como si quisiera decir algo.
—¿Quieres hablar con ella? —preguntó para romper el hielo y la incomodidad que se estaba formando.
—Es lo que más quisiera, pero… me ha estado evitando —dijo con tristeza —. No la culpo. Solo que…
Suspiró sin terminar la frase. Beca había intentado volver a acercarse a Niniel, pero la joven todavía tenía mucho resentimiento. Le dolía haberla considerado una amiga.
—¿Crees que me perdonará? —preguntó Beca después de un rato.
Karanthir meditó sobre la pregunta. Niniel le había perdonado cuando se vendió a Alishco. Además, sabía que la naturaleza de la joven no tendía al resentimiento. Amaba demasiado para eso.
—Con el tiempo —dijo —. Que nos ayudes es un buen primer paso.
Beca se rio burlonamente. Haciendo una especia de “ja”.
—Más bien obligada.
—Bueno, estás aquí —añadió Kara volviendo a ponerse en movimiento.
Beca le tomó del hombro y le detuvo con suavidad.
—Espera —murmuró —. Yo… quiero que sepas que no fue personal.
Kara no respondió. No estaba seguro de a qué se refería. Parpadeó lentamente y Beca interpretó correctamente su silencio.
—Me refiero a abandonarte. Yo…
—Está bien.
Beca le dio un apretón suave en el hombro y negó con la cabeza.
—No, en realidad no lo estaba y yo lo sabía. Le advertí a Aisha que esto podía pasar. Perder a Niniel.
En ese momento reaparecieron Aboki y Niniel. Ambos comían una fruta de cáscara roja como coraza de dragón. Al verlo, a Niniel se le iluminó la sonrisa y la perdió cuando distinguió a Beca.
—¿Qué haces aquí? —preguntó al límite de resultar grosera.
—Solo hablaba —susurró Beca avergonzada.
—Bueno, pues vete. No quiero…
Kara la rodeó con su brazo por los hombros intentando apaciguarla.
—Está bien, cariño —le dijo —. Beca no tiene malas intenciones.
—Claro. Eso siempre parece —respondió Niniel rabiosa —. No creas en nada de lo que te diga.
Niniel le dio un beso en la mejilla y quiso llevarle consigo, pero Kara se negó. Sospechaba que la conversación con Beca podía ser interesante para ambos.
—Deberías hacerle caso —dijo Beca haciendo una mueca —. A Niniel no le gusta que le lleven la contraria.
—A Niniel no le gusta que le mientan —corrigió Kara devolviéndole una mirada de advertencia a la sacerdotisa.
Beca agachó la cabeza y suspiró.
—Lo siento. Llevo muchos años con las sacerdotisas de Yamal y, aun así, me cuesta perdonar.
—¿Perdonar? ¿Es qué tienes que perdonar a Niniel?
—No, me refería a no reaccionar frente al enfado.
El capitán no tenía nada que decir ante eso. Era fácil caer en la provocación, él mismo había tardado años en dominarlo.
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Editado: 14.07.2026