El arte de la curación estaba limitado a muy pocos e incluso los poderes divinos tenían sus condiciones. Niniel apenas era una iniciada y sabía que no sería suficiente.
La clave para curar era y siempre sería la compasión. La capacidad de comprender tanto el dolor del otro que podías sentirlo. A Niniel ese paso le sobraba, sin siquiera intentarlo, no podía estar más adolorida.
Las heridas de Beca aparecían por todas partes como un cuerpo bajo una lluvia de cuchillas. Niniel mantenía sus manos sobre el pecho de su amiga, combatiendo con las heridas más graves, pero mientras más las curaba más rápido se extendían.
Su propia energía estaba al límite. Ya se habían empezado a resecar sus labios, su cabeza le dolía y un zumbido bajo, pero intenso martirizaba sus oídos.
—¡Beca! —llamó a gritos intentando que la sacerdotisa reaccionara.
Tenía los ojos abiertos, pero el brillo iba poco a poco desapareciendo. De nuevo, se enfrentaba a la muerte y de nuevo, estaba perdiendo.
—¡Niniel! —escuchó que gritaban a lo lejos.
Sin embargo, ella no se volteó. Tenía toda su atención puesta en su amiga.
—No te atrevas a morirte —le advirtió furiosa, enviando otra ola de energía sanadora.
Los cortes en su garganta y mejillas se cerraron, pero en un parpadeo volvieron a abrirse y la sangre salió a borbotones. Su piel ya de por sí pálida, se volvió más clara todavía.
Kara llegó junto a ella y la rodeó con los brazos. La ayudó a sujetar a la agonizante Beca.
—¿Qué ha pasado? —preguntó asustado, observando como el cuerpo todavía joven de Beca se había consumido.
—El hechizo —murmuró Niniel volviendo a reunir energía para intentar salvar —… Ayúdame.
Kara arrancó un pedazo de cuero de su armadura y presionó una de las heridas del abdomen de Beca. Sin embargo, Niniel sabía que no sería suficiente.
—Yamal, escúchame, por favor —rogó mirando al cielo —. No… no… me hagas esto… Así, no.
Le parecía tan injusto. Habían ganado finalmente y, aun así, no podía sentir alivio, ni siquiera alegría. Estaba invadida por la desesperación, por el deseo de que las cosas fueran diferentes.
—¿Por qué… por qué te sacrificaste? —le gritó a Beca levantándola ligeramente y pegando más su cara a la suya.
Sus labios morados se extendieron en una sonrisa y su respiración de por sí ya agitada se detuvo.
—Po…r.. qu..e…lo… vales.
Echó la cabeza hacia atrás y sus ojos terminaron por perder el brillo.
El silencio pareció extenderse por todo el mundo, el viento dejó de moverse y ambos se quedaron sin aliento. Solo le perseguía el martilleó de su corazón. Beca era la más quieta de todos, sin respirar, sin corazón que latiera, sin vida.
Kara se volteó a mirarla y negó con la cabeza. Sus manos se habían cubierto de sangre y dejó con suavidad a Beca en el suelo.
—Kara… —murmuró Niniel sintiendo que el mundo volvía a derrumbarse. Quería que el le dijera que todo estaría bien. Que podía salvarla.
Parpadeó con los ojos llenos de lágrimas y entre ellas vio el medallón de Yamal colgando en el cuello de Kara. De inmediato, recordó la historia de Aboki. Quizá…
—Tu medallón —dijo arrojándose hacia él con el deseo de arrancárselo.
Alcanzó a tocarlo y Karanthir se retiró ligeramente hacia atrás. Niniel repitió con desesperación sobre el medallón. El antiguo capitán entendió e hizo afán por quitárselo. Un rictus de dolor cruzó su rostro y se detuvo de inmediato.
Niniel no quería escucharlo. No…
—No puedo —murmuró Kara soltando el medallón y dejándole caer sobre su pecho —. La… la maldición.
Ella apretó los puños y con furia golpeó el suelo. No podía creerlo.
—¿Acaso tengo que elegir? —preguntó gritándole al cielo —. ¿Acaso siempre debo perder? —añadió con la voz media quebrada.
Kara la rodeó en un abrazo y ella se dejó caer en sus brazos. Miles de ideas se formaban en su mente. Tantas emociones, tan conocidas y desconocidas al mismo tiempo.
Las nubes decidieron moverse en ese momento y un rayo de luz solar cayó sobre el cuerpo de Beca. Niniel observó como cubrían su cuerpo, como una manta mágica que la despedía. Sollozó contra el hombro de Karanthir. Con tanto por decir y sin fuerzas para gritarlo.
—Ya la tengo en mis manos —dijo una voz. La joven se volteó a buscar su origen. Karanthir no había reaccionado, así que supuso que solo eran para ella.
En la luz del sol se formó un ligero boceto, apenas un fantasma. Una media luna y una estrella. Brillaba y a su lado se posaba una Beca sonriente. Cualquier cicatriz de la batalla había desaparecido. Solo era la dulce y aunque imperfecta Beca, su amiga.
—Lo siento —murmuró Niniel.
La media luna besó el cuerpo inerte de la sacerdotisa y se volteó con uno para la joven. En un parpadeo desapareció, llevándose con ella los escasos rayos de sol que se habían colado.
Aboki se acercó a los dos y cerró con cuidado los ojos de Beca. La mitad de su rostro estaba cubierto de sangre y su pelo pegado a la frente. Niniel sabía que tenía que ayudarlos, pero no podía. Su cuerpo estaba al límite al igual que su mente.
#685 en Fantasía
#994 en Otros
#31 en Aventura
fantasia amor aventura, fantasia accion romance, fantasía drama romance
Editado: 20.07.2026