En un abrir y cerrar de ojos dejé de escuchar las carcajadas de mis amigos y el olor dulce del pastel se esfumó. Lo que hace segundos parecía felicidad se transformó en una estrecha habitación, húmeda y llena de alimañas. Alimañas como la que me tenía atada de pies y manos. Sí, era él, el payaso espeluznante de la fiesta de Alice.