Yo lo maté, y nunca supe cómo me miraron sus ojos por última vez.
Yo lo maté, y sería paradójico decir que no he sido yo. Ella usó mi rostro, mi voz y mis ojos para endulzar a mi amado; para enterrarle el cuchillo con fuerza mientras su mirada se ennegrecía y su odio por mí crecía con cada gota de sangre derramada.
Hoy aquí, en este encierro en el que solo nos encontramos ella y yo, le pregunto sin descanso por qué lo hizo. Le pregunto en mis sueños, le pregunto mientras las cuatro paredes de este sucio manicomio me dicen que estoy loca. ¡Pero no lo estoy! Sé que fue ella, pero para el mundo... he sido yo