Ella tenía el trabajo de sus sueños. Con rímel y labial en mano, daba color a los rostros sin gracia de sus clientes. Hablarles, mientras el fijador del perfume hacía efecto, se había convertido en su terapia personal. Solo le molestaba el silencio que ellos le devolvían desde el ataúd.
Microcuento seleccionado por el Sello Terror Mítico para su distribución en redes.