Cuando heredé la granja del abuelo, no sabía nada sobre la labranza. Siempre supe que los espantapájaros ahuyentaban a las aves. Pero ver aquella extraña figura, desplomada entre las coles y rodeada de cuervos, me inquietaba. Fue ese día, en el que decidí verlo de cerca, cuando descubrí que no se trataba de un simple muñeco de trapo...