Las historias que nunca conté

El último color

La niña amaba pintar. Amaba los colores y los tonos. Tanto que se enajenó del mundo mezclando y mezclando. Creaba con su pincel tonalidades hermosas y lo encontró. Halló ese tono extraño que siempre supo que descubriría. La pintura, bizarra y oscura, goteaba de las cerdas. Se acercó a olfatear. No olía a nada, ni acrílico, ni madera, ni disolvente. Pero sí lo veía. La picazón en los ojos la atacó. Se frotó los ojos. Después... no existió otro color.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.