La lluvia había cesado.
El amanecer se filtraba entre los cristales rotos del puente, tiñendo el aire de un azul frío.
Rin caminaba en silencio, con el cabello húmedo pegado al rostro. Kaen la seguía, observando la forma en que el viento se arremolinaba a su alrededor, como si no quisiera dejarla ir.
Desde que habían escapado, ella hablaba menos. Algo la inquietaba.
—Rin —dijo Kaen finalmente—. ¿Qué significa que el cristal te esté buscando?
Ella se detuvo.
Sus ojos, normalmente llenos de luz, parecían ahora dos espejos vacíos.
—Porque no soy completa —susurró—. Soy… un error.
Kaen frunció el ceño.
—¿Un error?
Rin extendió su mano. En su piel brillaban pequeñas marcas azules, como raíces que se movían bajo la carne.
—Los humanos crearon esto. Mezclaron la esencia de un espíritu con la sangre de un niño. Querían construir una nueva raza… una que pudiera controlar la energía del cristal sin depender de la naturaleza.
Su voz se quebró.
—Yo fui el primer intento.
Kaen la miró en silencio, sin saber qué decir.
Ella bajó la vista.
—No soy completamente espíritu, pero tampoco humana. No pertenezco a ningún lugar. Por eso el viento me rechaza… y los humanos me temen.
El aire se volvió pesado.
Rin respiró hondo, intentando mantener la calma.
—El cristal me busca porque soy parte de él. Mi alma… fue fragmentada para sellar una porción de su poder. Si muero, esa parte se perderá para siempre.
Kaen dio un paso hacia ella.
—Entonces no dejaré que eso ocurra.
—No lo entiendes —dijo Rin con una lágrima en el rostro—. Si el cristal vuelve a completarse, podría destruirlo todo. Yo no fui creada para salvar el mundo… sino para controlarlo.
El silencio los envolvió.
Solo el sonido lejano del viento rompía el peso de sus palabras.
Kaen tomó su mano con cuidado.
—No importa quién te hizo. Lo que eres ahora… eso lo decides tú.
Rin lo miró, sorprendida.
El viento se agitó alrededor, como si el mismo cielo respondiera.
Y por primera vez en años, ella sonrió.
En ese instante, un destello azul cruzó el cielo.
Desde lo alto de Aeryn, una señal luminosa se encendió: el símbolo del círculo dividido, el llamado de los Cazadores.
Rin levantó la vista.
—Nos encontraron otra vez… y esta vez no vendrán solos.
Kaen apretó su mano con fuerza.
—Entonces no corras. Lucharemos.
El viento rugió.
Y con él, la mitad que no existía comenzó a descubrir su propósito.
Editado: 05.11.2025