Las lágrimas del último espíritu

Capítulo 7

El cielo se cerró sobre Aeryn.
Nubes negras cubrieron las torres metálicas, y la lluvia comenzó a caer, pesada y brillante, como si el cielo llorara cristales.

Kaen y Rin corrían por las calles desiertas. Las gotas azules que caían no eran agua… eran partículas de energía espiritual, rastros del cristal que se filtraban desde las torres del Consejo.
El aire vibraba, vivo y peligroso.

—Nos rastrean por la esencia —gritó Rin—. Están usando fragmentos del cristal como sensores.
—¿Y si lo destruimos? —preguntó Kaen.
—Si lo destruyes, el equilibrio del viento se romperá. Solo podemos escondernos.

Pero ya era tarde.

Desde las sombras, los Cazadores del Pacto emergieron.
Cinco figuras, cubiertas con armaduras negras que reflejaban la luz azul de la lluvia.
Cada una portaba un arma distinta: lanzas, látigos de energía, y ojos que brillaban sin alma.

El líder dio un paso al frente.
—Rin del viento. Kaen del Valle Gris. En nombre del Consejo, su existencia es un crimen.

Kaen lo enfrentó, sin moverse.
—¿Desde cuándo escuchar al viento es un crimen?

El hombre alzó su lanza.
—Desde que el viento se convirtió en poder.

Un destello.
La lanza se lanzó hacia ellos como un rayo. Kaen empujó a Rin y cayó rodando al suelo. El impacto destrozó el pavimento, liberando una ráfaga de energía que iluminó todo el callejón.
El rugido del viento resonó, furioso.

Rin levantó las manos.
El aire se arremolinó, transformándose en un muro invisible que detuvo la siguiente descarga.
Sus ojos brillaban, y su voz tembló:
—¡Vete, Kaen! No puedo contenerlos a todos.
—No pienso dejarte.

Kaen levantó una barra metálica caída y la sostuvo como si fuera una espada. No tenía entrenamiento, ni fuerza… pero tenía algo que los cazadores habían olvidado: la conexión.

El viento respondió a su corazón.
Una corriente azul envolvió el metal, transformándolo en una hoja etérea que brillaba con cada latido.

El líder de los cazadores retrocedió, sorprendido.
—Imposible… ningún humano puede invocar eso.

Kaen avanzó.
La lluvia se volvió torrente, el viento rugía, y las luces de la ciudad parecían apagarse ante el brillo de su voluntad.
Con un grito, desvió una lanza y golpeó el suelo, liberando una onda que hizo volar a los cazadores.

Rin observó, con lágrimas mezcladas con la lluvia.
Por un momento, el chico que hablaba con espíritus parecía uno de ellos.

Cuando todo se calmó, solo el sonido de la lluvia llenó el aire.
Kaen cayó de rodillas, exhausto. Rin se acercó y lo abrazó.
—El viento… te ha aceptado —susurró—. Eres su elegido.

Pero entonces, una sombra se movió sobre los tejados.
Una figura encapuchada, con una máscara blanca y ojos de plata, los observaba.
—Así que el Guardián despertó —murmuró—. El Consejo querrá verlo por sí mismo.

Y desapareció entre la lluvia.

El viento seguía soplando, pero ahora su canto era distinto:
no era lamento…
era promesa.



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En el texto hay: fantasia, misticismo, accion

Editado: 05.11.2025

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