Las lágrimas del último espíritu

Capítulo 8

La lluvia cesó al amanecer, dejando tras de sí un aire denso, casi metálico.
Kaen y Rin se refugiaron en un edificio abandonado en los límites de la ciudad. A través de los ventanales rotos, las torres del Consejo se alzaban como agujas que perforaban el cielo.

Rin permanecía en silencio, observando cómo las gotas resbalaban por el cristal.
—No fue una simple patrulla —murmuró al fin—. Ellos sabían dónde estábamos.
Kaen asintió.
—Nos siguen rastreando. Pero alguien más estaba allí. Lo sentí… una mirada distinta.

Ella lo miró con inquietud.
—El cazador sin nombre.
—¿Lo conoces?
—No exactamente. Algunos espíritus susurran que no pertenece a ningún lado. Ni al Consejo, ni al viento. Es un cazador que caza… cazadores.

Antes de que Kaen pudiera responder, una voz resonó entre las sombras del edificio:
—Y hoy los he encontrado a ustedes.

Ambos giraron al instante.
Allí estaba él.
De pie entre los pilares rotos, envuelto en una capa negra, con una máscara blanca marcada por una grieta en forma de media luna.
Sus ojos plateados brillaban con un resplandor frío, casi hipnótico.

—Tranquilos —dijo con calma—. Si quisiera entregarlos, ya lo habría hecho.

Kaen lo observó con desconfianza.
—¿Quién eres?
El hombre inclinó la cabeza.
—Me llaman Noct, el último cazador libre.

Rin dio un paso al frente, su aura temblando.
—Tú no eres humano.
Noct sonrió bajo la máscara.
—Ni espíritu. Soy lo que queda cuando ambos mundos se pudren.

El silencio se hizo pesado.
Finalmente, Noct habló otra vez:
—El Consejo de Aeryn no busca el cristal para protegerlo. Quieren romperlo. Al liberar su poder, pretenden controlar la energía de la vida misma. Ya lo intentaron una vez, hace diecisiete años… y destruyeron un bosque entero.
Kaen se estremeció.
—¿El bosque quemado… donde encontré a Rin?
Noct asintió.
—Allí comenzó todo. Y allí también terminará, si no detenemos al Consejo.

Rin bajó la mirada, con la voz apenas audible.
—Entonces… ellos me crearon a mí.
—Sí —respondió Noct—. Pero lo que no saben es que tú eres la llave que puede cerrar el ciclo.

Kaen lo miró fijamente.
—¿Por qué ayudarnos?
El hombre dio un paso hacia la luz, mostrando una herida brillante en su cuello.
—Porque yo fui el primer experimento.
—¿Qué…? —susurró Rin.
—Soy lo que el Consejo quiso hacer antes de ti, Rin. Una fusión fallida. Un alma dividida entre dos cuerpos. Yo soy lo que no debía existir.

Un trueno resonó a lo lejos, como si el cielo respondiera a sus palabras.
Noct se giró hacia las torres.
—El Consejo planea activar el cristal en tres noches. Si lo logran, todo espíritu será absorbido. Y los humanos… se convertirán en máquinas vacías.

Kaen apretó los puños.
—Entonces tenemos tres días para detenerlos.
Rin lo miró, decidida.
—Y un cazador invisible de nuestro lado.

Noct inclinó la cabeza.
—No me malinterpreten. No creo en los héroes. Pero sí en el equilibrio.

La lluvia comenzó a caer otra vez, fina y azul.
El viento cruzó las ruinas, llevando una advertencia que solo ellos podían oír.
El tiempo del pacto estaba por terminar.



#1443 en Fantasía
#1974 en Otros
#342 en Acción

En el texto hay: fantasia, misticismo, accion

Editado: 05.11.2025

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.