Las lágrimas del último espíritu

Capítulo 9

La noche cayó sobre Aeryn, silenciosa y espesa.
En lo alto de una fábrica abandonada, tres siluetas descansaban frente a un fuego débil: Kaen, Rin y Noct.
El viento soplaba apenas, como si también escuchara lo que estaba a punto de decirse.

Rin dormía, envuelta en su manto.
Kaen miraba las llamas con expresión distante.
Noct, apoyado contra una pared, rompió el silencio.
—No recuerdas nada de antes del incendio, ¿verdad?

Kaen lo miró, confundido.
—¿Antes del incendio? No… mi madre murió esa noche. Perdí todo.
Noct asintió lentamente.
—Eso no fue un accidente.

El corazón de Kaen se detuvo por un instante.
—¿Qué estás diciendo?
Noct levantó la mirada, sus ojos plateados brillando entre las sombras.
—Tu madre… no era solo humana. Era una de las guardianas del cristal. Una de las últimas que mantenía el pacto entre los espíritus y los hombres.
Kaen se quedó inmóvil.
—Eso es imposible. Mi madre…
—Tu madre era una mensajera del viento, Kaen. Y tú… heredaste su don.

El fuego crepitó, reflejándose en sus ojos.
Kaen sintió el aire estremecerse alrededor de él, como si reconociera la verdad antes que su mente.
—¿Por eso puedo escuchar al viento?
—Sí —respondió Noct—. Eres mitad humano… y mitad espíritu del aire.

Kaen se levantó de golpe, respirando con dificultad.
—No… eso no puede ser.
—Lo es —dijo Noct con calma—. Tu nacimiento fue el resultado del último intento de unión entre los dos mundos, antes de que el Consejo rompiera el pacto. Tu madre lo ocultó… te escondió en el Valle Gris para protegerte.

Rin, medio despierta, escuchaba en silencio, las lágrimas deslizándose por su rostro.
Kaen se giró hacia ella.
—¿Tú lo sabías?
Ella asintió débilmente.
—El viento me lo dijo… el día que te conocí. Pero no podía decírtelo. Aún no estabas listo para recordar.

Kaen cayó de rodillas. Las imágenes llegaron como fragmentos: su madre riendo bajo el cielo, el sonido del viento cantando su nombre, el fuego, los gritos, el silencio.
Y entre todo eso… un niño, llorando, con una voz que no era completamente humana.

—Soy igual que tú, Rin —susurró—. Mitad de algo que no debería existir.
Ella se acercó y lo abrazó por detrás.
—No, Kaen. Somos lo que el mundo necesita para sanar. No lo que destruyó.

Noct se giró hacia ellos, su voz baja y grave.
—Entonces tal vez aún haya esperanza. Si ambos son el eco del pacto, pueden despertar el cristal… o destruirlo para siempre.
—¿Destruirlo? —preguntó Rin, alarmada.
—Si el Consejo logra controlarlo, no quedará alma alguna en este mundo. A veces, para salvar la vida, hay que sacrificar su fuente.

Kaen levantó la vista, con los ojos aún húmedos.
—No pienso rendirme. Si el viento me eligió… será para proteger, no para borrar.

Noct lo observó unos segundos, y bajo la máscara, una leve sonrisa se dibujó.
—Entonces el viento eligió bien.

El fuego se apagó lentamente.
Y cuando la noche se cerró del todo, el aire volvió a cantar.
No con tristeza… sino con memoria.



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En el texto hay: fantasia, misticismo, accion

Editado: 05.11.2025

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