Las lágrimas del último espíritu

Capítulo 11

El fragmento del cristal flotaba sobre la palma de Kaen, brillando con una luz suave, como un corazón latiendo en silencio.
El aire alrededor parecía vibrar con un sonido apenas audible, una melodía que no provenía de ningún instrumento.
Era un canto… pero no hecho de palabras.

Rin observaba desde el borde del lago, con las manos entrelazadas.
—Está… vivo —susurró.
Kaen cerró los ojos.
La melodía crecía dentro de él, expandiéndose por cada fibra de su cuerpo.
El viento sopló, y de pronto el mundo desapareció.

Cuando abrió los ojos, ya no estaba en el jardín.
Flotaba en un espacio infinito, lleno de luz y agua suspendida en el aire.
Pequeñas figuras de energía se movían a su alrededor, susurrando en un idioma que su corazón comprendía sin entenderlo.

Una de esas luces se acercó, tomando forma humana.
Era una mujer con cabello blanco que flotaba como el humo, y ojos del mismo color que el cielo al amanecer.

—Kaen… —dijo ella con una voz que parecía viento y eco al mismo tiempo—.
Has despertado la Canción del Alma.

—¿Quién eres? —preguntó él, aturdido.
—Soy la guardiana del cristal. La voz que duerme en su centro. Durante siglos, he escuchado el silencio de los hombres y el llanto de los espíritus. Tú eres el primero en responderme.

Kaen bajó la mirada.
—No sé si estoy listo para eso.
La mujer sonrió con dulzura.
—Nadie lo está. Pero el alma no elige a los fuertes… elige a los que todavía escuchan.

Las luces a su alrededor comenzaron a girar, formando imágenes:
El nacimiento del mundo.
Los espíritus del viento, el fuego, el agua y la tierra sellando su poder en un cristal.
El pacto con los humanos.
Y finalmente, la traición: máquinas alimentadas con el alma de la naturaleza.

Kaen tembló.
—Todo esto… lo destruimos.
—No tú —respondió la guardiana—. Pero tu sangre lleva la memoria de quienes intentaron salvarlo.

De pronto, la luz se oscureció.
Una sombra se alzó entre los recuerdos: el Consejo de Aeryn, rodeado por máquinas que devoraban la energía del cristal.
—Ellos planean despertar al Corazón Dormido, la parte del cristal que contiene la conciencia de todos los espíritus. Si lo logran, el mundo entero quedará atrapado en un solo pensamiento.
—¿Y cómo puedo detenerlos?
La guardiana colocó una mano sobre su pecho.
—Cantando.

Kaen la miró, confundido.
—¿Cantando?
—El viento recuerda la canción del alma, pero hace mil años nadie la ha vuelto a entonar. Solo alguien con ambas voces —la humana y la del espíritu— puede hacerlo.

El brillo comenzó a desvanecerse.
La guardiana sonrió una última vez.
—Cuando el viento cante contigo, el mundo recordará.
Y su voz se perdió en el silencio.

Kaen despertó de golpe, jadeando.
El fragmento del cristal aún brillaba en su mano.
Rin lo observaba, asustada.
—¿Qué pasó?
Él la miró, con lágrimas y fuego en los ojos.
—Escuché su voz… y ahora sé lo que debemos hacer.

El viento sopló fuerte, rodeándolos en un remolino azul.
Por primera vez, el canto del alma dormida resonó en el mundo de los hombres.



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En el texto hay: fantasia, misticismo, accion

Editado: 05.11.2025

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