Las lágrimas del último espíritu

Capítulo 13

El abismo de Lunaris no tenía fondo.
Solo luz.
Una luz que dolía, que envolvía, que susurraba mil voces a la vez.

Kaen sintió cómo su cuerpo se desvanecía, y por un instante pensó que moriría.
Pero entonces escuchó una voz… suave, cálida, familiar.

—Despierta, hijo del viento.

Abrió los ojos.
Ya no estaba cayendo.
Flotaba en un espacio infinito cubierto de corrientes luminosas que se movían como ríos.
Y frente a él, de pie sobre una superficie invisible, estaba su madre.

Su cabello blanco flotaba como una nube, y sus ojos eran los mismos que él recordaba del fuego: llenos de ternura y tristeza.

—Madre… —susurró.
Ella sonrió, y el viento acarició su rostro.
—Pensé que no volvería a verte así —dijo—. Has crecido tanto.

Kaen sintió las lágrimas caer, pero no se movió.
—¿Dónde estoy?
—En el corazón del cristal —respondió ella—. Aquí viven las memorias de todos los guardianes.

El entorno brilló, mostrando imágenes suspendidas en el aire:
Antiguos guerreros de luz, humanos y espíritus unidos, protegiendo el pacto del mundo.
Hasta que el ego humano rompió el equilibrio… y los guardianes comenzaron a caer.

—Fuiste el último que quedó —continuó ella—. Mi último aliento fue entregarte la voz del viento.
Kaen bajó la mirada.
—Pensé que te perdí.
—Nunca me perdiste —dijo su madre, acercándose—. Simplemente dormía en el canto que llevas dentro.

El viento empezó a arremolinarse, y la luz del lugar cambió.
Una figura oscura emergió entre las corrientes: el eco del Consejo, un ente formado por las almas corrompidas de los antiguos humanos que quisieron dominar el cristal.
—El guardián… —rugió la sombra—. Llegas tarde. El equilibrio ya no existe.

Kaen dio un paso al frente.
—Mientras el viento cante, nada está perdido.

La sombra se lanzó sobre él.
El aire estalló en una batalla de energía y luz.
Kaen levantó las manos, invocando la fuerza del fragmento que llevaba en su pecho.
Una corriente azul lo rodeó, como alas invisibles.
El viento rugía, y con él, la voz de su madre:

—Recuerda, Kaen. No luchas contra la oscuridad… luchas por el eco que aún puede amar.

El guardián gritó, y el viento se convirtió en un canto.
Notas de luz salieron de su cuerpo, envolviendo a la sombra.
Cada sonido contenía una memoria: risas, promesas, momentos del mundo que alguna vez respiró paz.

La sombra gritó, disolviéndose en miles de destellos.
El silencio volvió.

Kaen cayó de rodillas, exhausto.
Su madre se acercó, acariciando su rostro.
—Ya no soy necesaria aquí —susurró—. El viento tiene una nueva voz.
—No me dejes otra vez… —dijo él, temblando.
—Nunca te dejaré. Estaré en cada brisa, en cada canción que devuelva la vida.

La luz la envolvió.
Y cuando se desvaneció, una pluma blanca flotó frente a Kaen.

La tomó con las manos, y el viento volvió a cantar.
El último guardián había despertado.



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En el texto hay: fantasia, misticismo, accion

Editado: 05.11.2025

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