El resplandor del Corazón de Lunaris se desvanecía lentamente.
Kaen cayó de rodillas, exhausto, mientras la luz azul que lo envolvía comenzaba a disiparse.
El silencio era tan puro que el sonido de su respiración parecía un eco eterno.
—Kaen… —la voz de Rin lo llamó, débil, distante.
Se giró y la vio.
Rin estaba de pie en el borde del abismo, rodeada por una luz que no era suya.
Su piel brillaba con grietas luminosas que se extendían por todo su cuerpo, como si estuviera deshaciéndose.
—No… —susurró Kaen, corriendo hacia ella—. ¡Rin!
Ella sonrió, triste.
—El cristal se está completando. Parte de su energía… era mi alma. Siempre lo fue.
Kaen la tomó por los hombros, temblando.
—No puedes desaparecer. ¡No ahora!
Rin acarició su rostro, con lágrimas brillando como agua de luna.
—Mi existencia fue un error, Kaen. Fui creada para contener un fragmento del cristal, para mantenerlo sellado. Ahora que tú lo despertaste, ya no hay lugar para mí.
El viento comenzó a soplar alrededor, con un sonido bajo y profundo.
Kaen apretó su mano contra el pecho de ella.
—No. No eres un error. Eres la voz que me enseñó a escuchar.
Ella cerró los ojos.
—Y tú… fuiste la primera persona que me vio.
Las grietas se intensificaron, y el aire se llenó de destellos.
Rin dio un paso atrás, mirando el cielo abierto sobre ellos.
—Kaen, escúchame. Cuando el cristal despierte por completo, el mundo recordará. Pero para que eso ocurra, alguien debe convertirse en su corazón.
—¿Qué estás diciendo?
—Yo debo ser su alma. Es lo que siempre fui… y lo que siempre seré.
Kaen negó con fuerza, lágrimas cayendo sin control.
—¡No! Encontraremos otra forma, Rin. ¡Prometo que—!
Ella lo interrumpió con un beso.
Fue suave, como un suspiro del viento.
Y cuando se separaron, Rin sonrió con serenidad.
—Prométeme algo tú.
—Lo que sea.
—Cuando escuches al viento… recuérdame sonriendo, no llorando.
El viento rugió.
La luz la envolvió completamente, y su cuerpo comenzó a desintegrarse en miles de partículas azules.
Kaen intentó alcanzarla, pero sus manos solo atraparon el aire.
—Rin… —susurró con la voz quebrada.
Ella lo miró una última vez, sus labios moviéndose sin sonido, pero él entendió las palabras.
"Gracias por escucharme."
Y entonces desapareció.
El viento se elevó con fuerza, girando en espiral hacia el cielo.
El cristal, ahora completo, brilló con una intensidad infinita.
De su interior emergió una lluvia de luz que cubrió todo Lunaris, devolviendo color a las flores, canto a los ríos y calma al aire.
Kaen cayó de rodillas, con el fragmento de cristal en la mano.
Una sola lágrima rodó por su rostro…
pero cuando tocó el suelo, el viento la alzó y la convirtió en una pluma azul.
El mundo volvió a respirar.
Y el viento —por primera vez en siglos— volvió a cantar con voz de mujer.
Editado: 05.11.2025