—¿Adam dijo algo más? —preguntó Leonard con cautela.
Adam era el más joven de la comisaría y aún le faltaba aprender muchas cosas, una de ellas era no divulgar información.
—Nop —dijo resaltando la p al final. Andy evitó su mirada e intentó escabullirse—. Será mejor que vuelva a la calle comercial, tengo periódicos que vender.
Leonard puso una mano en su hombro y lo detuvo, el muchacho intentó zafarse sin éxito.
—Habla ahora que estoy de buenas.
Los hombros del muchacho cayeron en derrota.
—No dijo nada más, era lo único que sabía, pero escuché algunas cosas mientras lo buscaba. La señora que trabaja en la casa de al lado dijo que los perros ladraban como locos, casi despertaron a los dueños de casa. Vera, ella es la niñera se encarga de despertar a los niños y prepararlos para ir a clases. Cuando se levantó para ver qué era lo que los asustó vio a un hombre alto saltando de techo en techo. Estaba tan asustada que una vez encargada de los niños fue a la iglesia para rezar.
Si era cierto, pronto iban a aparecer otras personas afirmando haber visto lo mismo. Si era cierto, significaba que Cyd le mintió. Mejor se daba prisa en regresar.
—Inspector, no pensara ir caminando, ¿verdad? Le va a llevar al menos una hora llegar.
Leonard revisó la hora en su reloj pulsera, hizo cálculos de cuánto le tomaría regresar a la estación para tomar el auto. Iba a tomarle más tiempo, además lo más seguro era que Harris lo hubiera usado para llegar a la casa del comandante.
—Sé cómo puede llegar rápido —Andy lo tomó del brazo y lo arrastró hasta una pequeña tienda. Una vez ahí, lo soltó, se puso de puntillas y metió la cabeza por la ventana. —Señor —llamó a gritos—, señor.
Un hombre de la misma contextura que Harris salió de otra habitación, su cabello rizado estaba aplastado por una boina, le daba un aspecto llamativo.
—¡Por los cielos, muchacho! ¿Qué son todos esos gritos? Ya te dije que no necesito ayuda, puedo hacer las entregas solo.
Sabía que Andy tomaba trabajos para ayudar a sus padres, pero no sabía que tanto lo necesitaba. En otro momento tenía que recordar tener una platica con él, si necesitaba dinero podía ofrecerle un trabajo de mensajero. De todas formas era quien más información le daba.
—No es eso. Necesito que lleve a un pasajero, va al barrio elegante. Le queda de camino —sonrió con todos los dientes—. Es el inspector de la comisaría, no es un ladrón. Puedo responder por él.
Vaya, con que así eran las cosas eh. Quien cuidaba a quien ahí.
—¿Barrio elegante? —preguntó Leonard.
—Ya sabe, donde viven los levantan las nariz cada que vienen al mercado.
El hombre examinó a Leonard con la mirada. Cargo una caja con varias botellas de leche, le indico que le abriera la puerta. Una vez que término de cargar su vehículo le preguntó:
—¿En verdad es un policía? ¿Es el loco que fue para los barrios bajos?
Demasiada gente chismosa, pensó.
—Bien, suba. Personalmente no me agradan esos pequeños ladronzuelos, pero todos merecen justicia. La mayoría de los que viven ahí no tienen familia que se preocupe por ellos, por eso cuando uno desaparece nadie lo nota. Es un alivio saber que tienen a alguien dispuesto a buscarlos.
Supuso que se refería a los niños que mencionó Andy. Ese barrio era más que todo un lugar para esconderse, así que no pensaba que el que una persona dejara de frecuentar el lugar fuera de cuidado. Aun así no dijo nada, se limitó a escuchar. Cuando llegaron a la calle, el hombre intentó averiguar hacia qué casa se dirigía. Leonard le agradeció y se despidió con presura.
Fue una sorpresa encontrar a Harris parado afuera de la casa discutiendo con un soldado. Al acercarse noto que no se trataba solo de uno, la casa estaba llena de soldados. No era la mejor forma de manejar el asunto de manera discreta, como supuso que le gustaría al comandante.
—Harris —llamó.
—Es una locura, Mars. Se niegan a dejarnos entrar, dicen que la milicia se encargará del asunto. Es nuestra jurisdicción.
Leonard se acercó a un soldado. —Está interfiriendo con una investigación, soldado —no se movió—. Va a dejarnos entrar o asumirá la responsabilidad de que todos se enteren de lo sucedido.
—Tengo órdenes, señor —respondió con terquedad.
Por un lado entendía lo que era seguir órdenes, por otro le fastidiaba que no confiaran en la policía para resolver el asunto. Iba a insistir cuando vio a una mujer mayor entrar en la casa de al lado. De seguro era la niñera que mencionó Andy. Le pidió a Harris que fuera a preguntar a los vecinos si escucharon o vieron algo mientras el resto esperaba hasta que el dueño de casa saliera.
La puerta se abrió antes de que llegara a tocar, la mujer asomó la cabeza con cautela.
—Soy el inspector Mars, necesito hacerle unas preguntas. ¿Puedo pasar? —la mujer miró a la casa del comandante como si no hubiera estado espiando por la ventana desde que llegó. —¿Quienes viven en la casa?
—El abogado, su esposa y su hijo. Y, claro, también yo. ¿Pasó algo? ¿Se encuentra bien la señora?