Las mentiras del ingeniero

Los pasillos

Capítulo VIII
Los pasillos
Camila caminaba por el pasillo central de la facultad con una carpeta apretada contra el pecho. Era una mañana común, de esas en las que el murmullo de los estudiantes se mezclaba con el eco de los pasos y el olor a café recién hecho. Había aprendido a moverse en ese espacio con la seguridad que dan los años: conocía los horarios, las miradas, los silencios. La universidad era uno de los pocos lugares donde sentía que nada podía desbordarla.
No lo esperaba.
Cristóbal apareció al doblar el pasillo, acompañado por dos jóvenes pasantes. Hablaba con la naturalidad de quien se sabe observado. Traje oscuro, postura firme, una sonrisa leve que usaba como carta de presentación. Camila lo reconoció de inmediato, aunque solo lo había visto una vez en un bar, una noche que para ella había sido irrelevante y para él, al parecer, no.
Él se detuvo apenas la vio.
—Profesora Camila —dijo, como si ese nombre ya le perteneciera.
Ella se sorprendió. No por el saludo, sino por la familiaridad. Tardó unos segundos en responder.
—Ingeniero Cristóbal —contestó, midiendo cada sílaba.
Los pasantes se miraron entre ellos con curiosidad. Camila los reconoció: eran alumnos suyos, próximos a comenzar las prácticas en la empresa que él dirigía. La situación la incomodó de inmediato. Había algo descolocado en esa escena, como si dos mundos que debían permanecer separados se tocaran sin permiso.
—Justamente iba a hablar con usted —dijo él—. Quería coordinar algunos detalles del seguimiento académico.
Camila asintió, profesional.
—Podemos hacerlo por mail —respondió—. Así queda todo registrado.
Cristóbal sonrió, pero fue una sonrisa distinta. Más tensa.
—Por supuesto —dijo—. Aunque ya que estamos acá…
El silencio se estiró unos segundos de más. Camila sintió esa incomodidad conocida, ese leve presentimiento que le recorría la espalda cuando alguien cruzaba un límite invisible. Le recordó a su ex marido, a su manera insistente de ocupar espacios, de forzar cercanías bajo excusas razonables.
—Ahora no —interrumpió con suavidad—. Tengo clase.
No fue una frase dura, pero sí definitiva.
Él asintió, retrocediendo apenas.
—Claro. Discúlpeme.
Sin embargo, cuando ella retomó el paso, sintió su mirada siguiéndola. No era deseo exactamente. Era otra cosa: la necesidad de confirmar que ella lo había notado, que no era invisible para ella.
Durante la clase, Camila se descubrió distraída. No pensaba en Cristóbal como hombre, sino como símbolo. Le molestaba la forma en que había aparecido sin aviso, como si el destino le debiera encuentros. Ella había trabajado demasiado para construir una vida donde el azar no decidiera por ella.
Al salir del aula, volvió a cruzarlo. Esta vez estaba solo, apoyado contra una pared, mirando el celular. Al verla, levantó la vista.
—Profesora —dijo—. Perdón si antes fui imprudente.
Ella dudó. No quería ser descortés, pero tampoco abrir una puerta innecesaria.
—No pasa nada —respondió—. Solo prefiero mantener lo laboral en su lugar.
Cristóbal la observó con atención. Había algo en Camila que no lograba descifrar. No buscaba agradar, no pedía validación. Eso lo descolocaba más que cualquier rechazo.
—Tiene razón —dijo finalmente—. A veces confundo la cercanía con la oportunidad.
Camila lo miró entonces con más detenimiento. Por primera vez no vio al ingeniero seguro, sino a un hombre cansado de sus propias estrategias.
—Suele pasar —contestó—. Pero no siempre hay segundas lecturas.
Se despidieron con un gesto breve. Cuando ella se alejó, sintió alivio. Había logrado sostener su límite sin explicaciones, sin culpa. No le debía nada.
Cristóbal permaneció unos segundos inmóvil. En ese pasillo lleno de voces jóvenes, comprendió que no todas las mujeres estaban dispuestas a creerle. Y que, por primera vez en mucho tiempo, una verdad simple —un encuentro casual— le había dejado una inquietud imposible de manipular




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.