Me encariñé, quizá más de lo que debía, y por eso su indiferencia me duele como una herida abierta que nunca termina de sanar. Es un ciclo agotador: un día me llena de amor, con gestos y palabras que me hacen sentir única, que me hacen creer que realmente soy importante en su vida. Pero al día siguiente, todo cambia… se vuelve distante, frío, como si yo no existiera, como si lo que compartimos no significara absolutamente nada. Esa inconstancia me confunde y me lastima, me deja atrapada entre la emoción de sus días buenos y el vacío de sus días malos. Me pregunto una y otra vez qué hice mal, si fue algo que dije, o si simplemente nunca fui suficiente para él. Y lo peor es que, aunque sé que esa indiferencia me está destruyendo, sigo aferrada a los momentos en que me hace sentir amada, como si fueran la prueba de que todo vale la pena… aunque en el fondo sé que me estoy perdiendo a mí misma por alguien que no sabe cuidarme.
Editado: 14.08.2025