Las normas de Leia

Norma V: comer y divertirse sin sentimientos

Recorremos el pasillo en silencio. Su actitud está poniéndome muy nerviosa. Intento distraerme observando algunas de las pinturas que cuelgan de las paredes del pasillo, pero me es inútil. Si al menos me hubiera dejado traer a los gemelos, pero no, quiere darme la sorpresa en privado. Es imposible ignorar su comportamiento, y me hace pensar que no se trata de un simple regalo.

Llegamos y con un ligero gesto me indica que abra la puerta. Ni siquiera he entrado al cuarto cuando una voz muy conocida empieza a hablar.

— Eh, tío ¿Con gafas o sin? — pregunta mirándose en el espejo. Me quedo petrificada, sintiendo como la ira y el bochorno se va apoderando de mi cuerpo. ¿Qué hace él aquí? — Creo que sin gafas, estoy más sexy, pero con ellas soy más interesante. ¿Qué le va a gustar más a tu hermana? — observo el traje negro con pajarita roja y me doy cuenta de lo que está pasando. Cojo a Nick por el cuello y lo levanto, arrastrándolo hasta la habitación con violencia y cerrando la puerta de un fuerte golpe ante la atónita mirada de Fred.

— ¡¿Me puedes explicar qué coño hace él aquí?! — intento bajar la voz, no quiero que todo ser viviente y no viviente del castillo oiga la discusión.

— Tranquila hermanita, no ha sido culpa mía. Se presentó en la puerta diciendo que quería estar contigo. — dice intentando zafarse de mi agarre.

— ¿Y porque dejaste que entrara este friki inútil en el castillo?

— Este friki inútil está escuchando y tiene nombre. — interviene Fred, con las manos cruzadas. Le dirijo una mirada asesina.

— ¡Cierra tu puta boca! — exclamo, gritando otra vez. El chico se asusta y observo su cuello mientras traga saliva.

— ¿Por qué te pones así? Es Drake, ha vuelto.

— Créeme, no es Drake, ya lo he comprobado. — suelto a mi hermano y él me mira confuso.

— Entiendo que te cueste creerlo, es decir, míralo, excepto por su interés en la ciencia, es el humano más patético que he visto jamás.

— Sigo aquí. — interviene con frustración.

— ¡Cállate! — respondemos mi hermano y yo al unísono.

— Esta bien, ya callo. — accede mirando al suelo. Mi hermano rueda los ojos antes de continuar.

— Leia he visto el tatuaje en su hombro, es Drake. — ahora yo era la confundida. Me acuerdo perfectamente de este chico y lo primero que hice fue examinar su hombro y estoy muy segura de que no había tatuaje.

— ¿Qué? — logré susurrar.

Nick se acerca a Fred y le ordena que se quite la camisa. Cuando lo hace, un grito escapa de mi garganta y mis piernas tiemblan, haciéndome caer sobre la cama, mostrando la debilidad que siempre intenté mantener oculta.

No puedo apartar la mirada del omóplato derecho, dónde las finas líneas negras dibujan una L y una figura vacía, carente de significado e incompleta. Observo mi mano y acaricio con los dedos la pequeña D recordando aquel día como si fuera ayer.

Estaba fascinada por las historias que contaba de sus viajes por el mundo. Como buena inexperta, soñaba con viajar algún día y descubrir los exóticos parajes y las fascinantes culturas de las que me hablaba. Recuerdo que cuando me contó que en una tribu se pinchaban con agujas para crear dibujos en su piel, quedé horrorizada. No me importaba que también lo hicieran cuando se casaban, o que fuera romántico. Me moría de dolor de tan solo imaginarme las agujas pinchando continuamente mi piel.

No recuerdo como me convenció, pero lo cierto es que creí que se había vuelto loco y me negué. Dos horas más tarde teníamos los dos la piel extremadamente irritada y el dibujo en nuestra epidermis.

No puedo contenerme y alzo la mano, como solía hacerlo, posicionándola cerca de la espalda de Fred, sin llegar a tocarla. Encajo ambos dibujos y las formas, que antes estaban incompletas, se transforman en dos perfectos corazones unidos por un infinito.

« Es nuestra eternidad.» Recuerdo a la perfección su voz susurrándome al oído mientras observaba el resultado ante un espejo, con la mirada llena de esperanza, imaginando el futuro que tanto deseábamos y que nunca llegaría a cumplirse.

Toda mi armadura se derrumba, sin importarme que Nick y Fred estén observándome preocupados. Toda la rabia, todo el dolor, toda la tristeza que había retenido durante tantos siglos me golpea de repente, sintiendo todo el peso de los años pasados, recordando cómo el destino se burló de nosotros. ¿Por qué fui tan estúpida? ¿El hijo del rey, enserio? A parte de ser un asqueroso cliché, es la peor ofensa que podría haber hecho. ¿De verdad creí que triunfaríamos, que viviríamos para contarlo? Estúpida, ignorante y vulgar necia. Esos sueños son para los cuentos, para engañar a los niños, para enseñarles un mundo feliz que no existe.

Los sollozos se hacen más fuertes y siento los brazos de mi hermano rodeándome y abrazándome para calmarme.

¿Pero qué hago? No debo mostrar debilidad, no quiero volver a la época en que todos me miraban con compasión y todos querían darme un poco de afecto, tan sólo por misericordia. No, definitivamente no podía permitir que eso sucediera.




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