Las nubes no son de algodón

Capítulo 7: Katherine

—¡Auch, eso duele! 

—Ya cálmate, faltan pocas.

Esto es, por mucho y sin duda alguna, lo más horrible que me haya podido pasar en la vida. Estar recostada en las piernas del idiota más guapo del mundo, desnuda mientras él me quita un montón de asquerosas sanguijuelas del trasero.

«¿Por qué estas cosas horribles me tienen que pasar a mí?» Grito mentalmente la pregunta y casi dejo escapar un sollozo. 

«No soy tan mala persona, bueno, es cierto que robaba las galletas de la alacena y luego fingía no saber nada al respecto; también es cierto que tomaba dinero de la billetera de papá para ir a la ciudad a comprar tarjetas de baseball y algunas otras cosas más, pero este castigo es más que excesivo.»

Mientas hago repaso mental de mis pecados, puedo sentir como las alimañas succionan la sangre de mis piernas y trasero, para luego detenerse y caer al suelo una a una.

Mi Amelia imaginaria está ataviada con un traje amarillo impermeable y marca su espacio con una línea amarilla de cuarentena como si así estuviera a salvo de cualquier tipo de contagio.

—Traidora —susurro.

—¿Dijiste algo? 

—No, solo que te des prisa, esto duele. 

—Ya va, ya va.

Continúa arrancando las sanguijuelas de mi trasero, poniéndoles la punta de una vara caliente encima hasta que las pequeñas bestias caen por sí mismas. Debe de estar disfrutándolo, incluso creo que en gran parte todo esto es su culpa.

Ay, ¿a quién quiero engañar? yo insistí en bañarme de este lado del río, él solo vino en mi ayuda cuando escuchó mi grito, que por cierto se debió de haber escuchado hasta en China, y fue mucho más inteligente que yo al ponerse un bañador para entrar al agua mientras yo lo hice totalmente desnuda. Bien hecho Kat, esas son las buenas ideas que te han traído hasta aquí, me reprocho a mí misma.

—Ya está, la última ha caído —anuncia Taylor con voz triunfante.

¿Qué? 

Es cierto, estaba tan sumida en mis pensamientos que no noté que las alimañas habían desaparecido.

—Bueno, ahora...

Antes de que termine la frase me levanto de entre sus piernas y salgo corriendo del lugar totalmente avergonzada e incapaz de mirarlo a los ojos, ni siquiera para agradecerle. 

—Espera, no te vayas.

Escucho a la distancia su voz intentando detenerme, pero es inútil. Continúo corriendo hasta llegar al avión, una vez dentro voy hasta el último asiento y en él me desplomo, con las lágrimas a punto de salir.

Estoy tan hundida en mi pena que casi olvido que aún estoy desnuda. Me acerco a la maleta de Taylor y tomo una de sus camisas, voy de nuevo al asiento, pensando en que es la segunda vez que me refiero a él como Taylor, claro que no estaría bien llamarlo idiota después de lo que hizo.

Como si lo hubiera convocado mentalmente, escucho sus pasos acercarse lentamente.

—Kat, ¿estás ahí? —pregunta desde la puerta del avión.

—¡Lárgate, no quiero hablar contigo! —le espeto.

Él ignora mis palabras y entra de todas formas al avión. Alzo mi cabeza por encima del asiento y lo veo inspeccionando cada asiento. El movimiento capta su atención y fija su mirada en mi dirección, con un respingo vuelvo a contraer la cabeza, pero ya es muy tarde, yo misma me he delatado. Camina despacio hacia mi posición y se sitúa en el asiento que está justo enfrente de mí.

—Creo haber dicho que te largaras, quiero estar sola.

—Mira ―empieza a decir él, ignorando mis protestas―, sé que estás avergonzada y triste por lo que pasó, pero te aseguro que no tienes que estarlo. —Hace una pausa, imagino que buscando las palabras correctas para continuar con su discurso.

Hago mi mayor esfuerzo por no sonreír, creo que es muy tierno que se preocupe lo suficiente como para venir hasta aquí para intentar hacerme sentir mejor.

«—Yo... tú no eres la primera chica que he visto desnuda, he visto muchas y créeme que solo fuiste una más, en serio no tienes que preocuparte por mí porque no me importó en lo absoluto. Imagíname como un doctor que ve chicas desnudas todo el tiempo, solo te veo como un cuerpo más para operar o en este caso para quitar sanguijuelas. No tienes porqué sentirte incómoda conmigo, es más ni siquiera eres mi tipo, así que no hay nada de qué avergonzarse.»

Puedo sentir como la ira se desliza dentro de mi cuerpo como lava hirviendo, ¿cómo pude ser tan estúpida y pensar por un instante que él podía ser algo más que un maldito idiota, ególatra y mujeriego? ¡¿Qué ha visto a muchas más chicas desnudas, que no le importó verme, que no soy su tipo?! Tengo ganas de gritar.

—¡Eres un maldito idiota, degenerado! —Le grito mientras le lanzo desde el asiento cualquier cosa que tenga al alcance—. Lárgate de aquí, no quiero verte.

—Oye cálmate —me dice mientras esquiva los objetos que le lanzo—, solo quiero ayudar.

—No estás ayudando, ¡ahora vete!




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.