Las nubes no son de algodón

Capítulo 17: Katherine

Me despierto en la penumbra de la noche, en mi cama, con un terrible dolor de cabeza y sin estar muy segura de cómo llegue a ella. Deben de ser las tres o cuatro de la mañana, la tenue luz que ilumina la habitación me permite inspeccionar el lugar para asegurarme de que todo está en su sitio, todo parece estar en orden excepto por el hecho de que Taylor esta acostado en mi cama junto a mí...

Espera, ¡¿qué?!

—¡¿Qué diablos haces en mi cama?! —le pregunto a gritos mientras lo sacudo con fuerza para despertarlo.

—¿Qué pasa? ¿Por qué me despiertas? —Se mueve de forma perezosa en la cama hasta quedar con su cara frente a la mía.

—¿Qué por qué te despierto? pues porque te metiste en mi cama degenerado.

—Yo no soy ningún degenerado —me dice con una sonrisa—, tú me pediste que me quedara, ¿que no lo recuerdas?

Me llevo las manos a la cabeza desconcertada y adolorida y me esfuerzo por recordar lo que pasó. Recuerdo el vestido, la cena, el vino...

—Oh dios, me emborraché.

—Así es...

—Oh dios, vomité.

—Eso también.

— ¡Oh dios, te pedí que hiciéramos el amor! —exclamo horrorizada, me levanto de la cama y empiezo a caminar de un lado a otro—. ¿Acaso lo hicimos? ¿Por eso estás aquí?

—Cálmate, no hicimos nada —me aclara sentándose sobre la cama—. Aunque te confieso que casi me atraganto cuando dijiste eso.

Miro instintivamente hacia mi cuerpo y casi me da un infarto al darme cuenta de que solo estoy usando mi ropa interior, ni siquiera me había dado cuenta.

Me cubro con las manos, avergonzada, pero me doy cuenta de que no es mucho lo que puedo cubrir así que me inclino para tomar la sábana de la cama y me envuelvo en ella hasta cubrir todo mi cuerpo.

—¿Y cómo demonios terminé así? no recuerdo haberme quitado la ropa.

—Eso es porque fui yo quien te la quitó —me dice tranquilo.

—¡¿Tú qué?! ¿Cómo pudiste?

—Descuida, prometo que no tenía malas intenciones —dice poniendo las manos en el aire—. Solo te lo quite porque te vomitaste encima.

—¡Oh Dios, el vestido! —Miro hacia el suelo buscando con la mirada el vestido verde que con tanta amabilidad me prestó Rhonda y me lleno de culpa cuando compruebo que lo arruiné con mis fluidos.

—No te preocupes yo lo pagaré —se ofrece—, en cuanto tenga acceso a...

—¡No necesito que pagues nada por mí! —le digo indignada y frustrada.

—Lo siento, no fue mi intención ofenderte.

—No te disculpes —le digo mientras me siento en la orilla de la cama a su lado, sujetándome la sábana para que no caiga al suelo—, todo esto es mi culpa, soy un desastre. —Volteo para mirarlo de frente y los descubro sonriendo, burlándose de mi torpeza—. No te burles, nada de esto es gracioso.

—No me estoy burlando —dice tratando de dejar de sonreír—. Es solo que no puedo evitarlo, te ves tan tierna.

Al escucharlo decir esas palabras mi mente me abruma con un nuevo recuerdo, uno en el que Taylor me dice cosas hermosas un minuto antes de que el pato a la naranja hiciera su salida triunfal de mi estómago.

—Anoche me dijiste que te gustaba —le digo en un susurro.

—Sí, lo hice y si mal no recuerdo tú estabas a punto de decirme que también te gusto, ¿te gusto, Kat? —Mis manos comienzan a sudar y se aferran a las sábanas con más fuerza mientras que mi cuerpo está inmóvil, apenas logro asentir con la cabeza.

—¿Vas a besarme? —le pregunto al notar que su cara se acerca lentamente a la mía.

—Solo si tú quieres —dice cada vez más cerca. Su voz es tan sexi que tengo que contenerme para no suspirar.

—Yo quiero si tú quieres...

Él sonríe ante mi último comentario y sin perder más tiempo coloca su mano en mi nuca, haciéndome cosquillas con los dedos, mientras sus labios se sumergen en los míos, sus movimientos son lo suficientemente lentos para poder seguirle es paso, dejo de sujetarme las sábanas; dejando que caigan y dejen al descubierto mi brassier sin tiras; y pongo mis manos alrededor de su cuello.

Lentamente nos dejamos caer en la cama, colocándose el encima de mí, aunque no siento ninguna presión ni peso extra. El beso se hace cada vez más apasionado y profundo, ahora su lengua también está dentro de mi boca, acariciando mi paladar.

Él se aparta por unos instantes y empieza a besar mi cuello, eso me desconcierta un poco pero no hago nada al respecto más que cerrar mi ojos y dejarme llevar. Su mano izquierda se posa en mi pecho izquierdo por encima de la copa del sostén mientras su boca se va deslizando suavemente desde mi cuello hasta la parte descubierta de mis senos.

No puedo explicar el choque de sensaciones que tengo en este momento; me siento aturdida, nerviosa, deseosa, mientras sus manos y su boca continúan haciendo estragos en mi cuerpo noto como algo duro se hace presión contra mi estómago, algo que viene de su entrepierna, ¡dios mío es su! Doy un respingo involuntario que capta su atención y hace que se detenga.




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