Ximena, que estaba frente a un espejo, sonrió al terminar de arreglarse y darse el visto bueno. Llevaba puesto un vestido pegado de color negro y unos zapatos tipo ballerina del mismo tono, no acostumbraba a usar tacones porque era más alta que la mayoría de las chicas de su edad. No se consideraba demasiado hermosa, pero sí atractiva al punto de atraer algunas miradas cuando caminaba por los pasillos de la universidad con paso firme.
—Listo. —Se dio la media vuelta para admirarse desde todos los ángulos—. ¿Qué opinas? —Le preguntó a su mejor amiga Ariana.
—Te ves linda. Tienes unas piernas de infarto.
—¿Crees que Enrique piense lo mismo?
—No lo creo, estoy segura. Babeará al verte.
Ambas chicas rieron un poco.
—Por cierto, ya que terminaste contigo, ven y ayúdame, ¿quieres?
—Claro, nena.
Ella se acercó a su amiga y la ayudó a peinarse. Ambas eran muy diferentes en todos los aspectos. Ariana siempre había sido más sensata, mientras Ximena solía hablar y actuar sin pensarlo dos veces, lo que la hacía arrepentirse de sus acciones y palabras la mayoría del tiempo. Físicamente tampoco eran iguales, una era morena de pelo color chocolate y la otra tenía la piel caucásica y los cabellos claros.
Después de ayudar a su amiga con su pelo, Ximena se sentó en la cama y jugueteó un poco con sus dedos. Estaba nerviosa, tal vez demasiado para su comodidad. No era para menos, hacía meses que coqueteaba con Enrique por mensajería instantánea y hablaban casi diario por chat, ¡y lo vería en menos de una hora!
Ariana notó el nerviosismo de su amiga, así que sacó a flote un tema de conversación para distraerla.
—¿Has hablado con Víctor? —Preguntó. Ximena y el chico eran mejores amigos de la infancia y ella tuvo un enamoramiento no correspondido por él que le duró toda su infancia y adolescencia, casi hasta llegar a la adultez. Le tocó ver en primera fila cómo se enamoraba de alguien más, lo que le dolió muchísimo en su momento, pero ahora estaba feliz de que él hubiera encontrado a su media naranja.
Ya había pasado un año en que los tres se habían separado un poco por cuestiones escolares. Víctor y Ariana fueron a estudiar a la capital del país y Ximena acudía a la Universidad Estatal y, aunque vivían en la misma ciudad, tampoco es que Víctor tuviera mucho contacto con Ariana, cada uno estaba metido en sus actividades, tanto que a veces se les olvidaba mensajearse para preguntar por el bienestar del otro.
—Claro, hablamos seguido —admitió.
—Estoy sorprendida de que sus papás le hayan dejado dar una fiesta —comentó Ariana. Víctor amaba las fiestas nocturnas pero rara vez hacía alguna, sus padres solían ser severos en ese aspecto.
—Sí, bueno, los señores Rojas son estrictos, pero admito que consienten a sus hijos. —Se encogió de hombros.
—Es verdad. Por cierto, Jaime pasará por nosotras.
Al oír ese nombre, Ximena hizo una mueca. El chico le cayó mal desde que en el bachillerato hizo un trabajo de equipo con ella y tuvo el descaro de pedirle, a modo de broma —una de mal gusto desde su punto de vista—, un beso por haber hecho todo. Claro que la chica no lo tomó como una simple bromilla y se indignó. Jaime dejó de fijarse en Ximena la mañana en que la invitó al baile de graduación y ella lo rechazó de manera cruel. Ariana, sintiendo lástima por él, le pidió ir con ella y el chico aceptó sin pensarlo dos veces; desde esa vez comenzaron a salir y ahora llevaban un poco más de un año de noviazgo formal.
Con el tiempo Ximena aprendió a tolerar a Jaime porque hacía feliz a Ariana, pero no entendía como una chica tan guapa como su amiga se fijó en alguien tan simple y bobo como él.
—Prefiero irme en taxi —sentenció.
—Vamos, no seas así —rio. Conocía la aversión que su amiga tenía por su novio, pero no era algo que le quitara el sueño.
—Agh, está bien, iré con ustedes —masculló—. Ya qué.
—Ya —rio un poco más—. ¿Qué más te dijo Enrique? —Desvió el tema de conversación.
—Ya sabes, lo de siempre. —Se ruborizó un poco.
—¿Qué es lo de siempre?
—Dice que me extraña y que quiere verme. Además insiste en que yo era la chica más guapa del colegio cuando todos sabemos que no es verdad. —Ariana alzó una ceja.
—La belleza es subjetiva.
—Lo sé, pero es imposible que alguien piense eso cuando Eva estudiaba con nosotros.
La hermosa Eva Quintana, novia de su mejor amigo, esa chica de cabello y ojos oscuros que fue amada, admirada y odiada, todo al mismo tiempo, por sus compañeros en el bachillerato. Ximena creyó aborrecerla en más de una ocasión porque tenía toda la atención de Víctor
—No es imposible, de seguro para él tú eres más bonita.
—¿Tú crees? —Sonrió un poco.
—No lo creo, estoy segura. —Le devolvió el gesto.
***
Ya había pasado un año desde que había ingresado a la universidad, así que el rubio decidió hacer una fiesta en las vacaciones de verano; casi todos sus amigos de la preparatoria estudiaban en diferentes ciudades y era imposible que concordaran cuando ya estuvieran en clases, así que decidió que lo mejor era hacerla en una fecha donde la mayoría pudiera asistir. Sus padres aceptaron que hiciera la fiesta con la condición de que todo estuviera limpio cuando regresaran, ya que estaban en un viaje de negocios y por ahí aprovecharon a llevar a pasear a sus hermanitas.