Las peripecias de Ximena

Capítulo 4.

Ximena fue en el auto de Víctor y Erick con su hermana. El chico siguió al rubio hasta que llegaron a su destino.

—No puede ser —murmuró.

—Vamos, Erick.

—No. Te dejo con ellos, yo me voy.

—Pero Erick, ¿quién va a llevarme a casa? —Hizo un puchero.

—Víctor.

—Él tiene que llevar a Ximena.

—También te lleva a ti.

—¿Y si me pasa algo?

—No te pasa nada.

—Recuerda lo que dije, debemos pasar más tiempo juntos.

—Pero ya nos estamos viendo en la casa, ¡y todos los días!

—No es lo mismo. —Hizo una mueca—. Vamos, será divertido.

Erick lo pensó unos segundos.

—Está bien.

Ambos bajaron del auto y se dirigieron hacia sus compañeros.

—De todos los lugares del mundo, ¿por qué tenías que escoger este? —Preguntó Erick a Ximena.

—¡Si no te gusta hubieras escogido tú, Quintana! —Se cruzó de brazos.

—Yo opino que es genial, algo diferente —comentó Eva con emoción. El hecho de que su amiga escogiera un karaoke no era algo que hubiese imaginado, pero quedó satisfecha con la elección.

—Pienso lo mismo —dijo Víctor.

Ximena les sonrió, por lo menos ellos sí quedaron conformes con su idea, eso era lo que interesaba. Erick no importaba.

—Gracias.

A Ximena le encantaba ese lugar. Había ido ahí algunas veces con sus primas, incluso algunas eran mejores cantantes que ella pero eso era lo de menos, el chiste era divertirse. El lugar se llamaba «El micrófono cantor».

—Qué nombre tan genial —masculló Erick con evidente sarcasmo.

Los chicos entraron al lugar y ocuparon una mesa vacía. Un mesero se acercó y tomó su orden. Eva pidió una piña colada, Víctor un mojito cubano, Erick una cerveza y Ximena una margarita de tamarindo sin alcohol, estaba decidida a no beber ni una gota, no quería volver a pasar por una situación vergonzosa.

Después de que unos chicos aproximadamente de su edad terminaran de cantar, Eva y Ximena subieron al escenario. Eligieron cantar Afortunadamente no eres tú de Paty Cantú. Cuando finalizaron pasó Víctor y obviamente escogió una canción de Timbiriche.

Después de pasar varias veces, Víctor se dirigió a Erick.

—Oye, pasa tú.

—Ni hablar.

—¿Por?

—Yo no canto.

—Ey, casi ninguno de los que estamos aquí cantamos bien y aun así lo hacemos, es divertido.

—¡Es cierto! —Se metió Eva en la conversación.

—Es más divertido verlos a ustedes haciendo el ridículo.

—¡Agh, amargado! —Se quejó su hermana.

Minutos después, Eva y Víctor pasaron al escenario y cantaron Corro, vuelo, me acelero. Erick comenzó a grabarlos.

—Simplemente ridículos —rio el pelinegro, divertido de ver a su melliza y a su cuñado cantando apasionadamente con sus desafinadas voces. Pausó la grabación y guardó su celular. Ximena volteó hacia él.

—Al menos están haciendo el intento. Tú deberías cantar aunque sea una —sugirió.

—El canto no es lo mío.

—Tampoco es lo de ellos, pero lo disfrutan. —Los enfocó.

—Yo no. —Se encogió de hombros.

—Oh… Bueno, a mí sí me gusta —comentó sin dejar de ver a Víctor y a Eva. Erick asintió con la cabeza, admitía que de sus tres acompañantes, ella era la de mejor voz—. También me gusta bailar —comentó; no venía al caso, de hecho no supo por qué lo dijo si no le habían preguntado.

—Eres buena en ello. —Erick le dio un trago a su cerveza, ya iba por la segunda.

—¿Cómo sabes? —Jugueteó con sus dedos.

—Te he visto —respondió con simpleza. Ella volteó hacia él con duda—. En la graduación del bachillerato —explicó—, te vi bailando con… —Se interrumpió a sí mismo. Ximena puso una expresión de tristeza.

—Con Enrique —completó. Los recuerdos la inundaron en ese momento. De repente sintió ganas de llorar, ¡tenía algo especial con Enrique!, pero él arruinó todo. Miró hacia el suelo y sus ojos se llenaron de lágrimas.

«Oh, mierda, ¿qué hice?» pensó Erick sin saber qué decir o qué hacer. Se quedaron en silencio, esperando que Víctor y Eva terminaran de cantar. Ximena se enjugó las lágrimas con rapidez. El rubio y su novia finalizaron la canción pero en vez de bajarse del escenario, entonaron otra.

El celular de la castaña vibró, así que lo tomó entre sus manos y vio un mensaje de Enrique. Si no lo bloqueó en su momento fue para que él no pensara que le había afectado tanto su engaño.

Sinvergüenza cínico: Ximena, ¿en serio sales con Erick? ¿Por qué no me dijiste?

La chica rodó los ojos. Pensó en no responderle pero en seguida le llegó otro.




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