Al llegar a su casa, Ximena saludó a su padre. Se encontraba en el sofá, comiendo frituras y viendo televisión, ya eran los últimos días que tenía de vacaciones, debía aprovecharlos. Rita no estaba en casa, había ido con un cliente a enseñarle los productos nuevos que le habían llegado.
—¿Cómo le fue a mi princesa?
—Bien, papi.
—Ven acá. —Palmeó el cojín para que se sentara.
Ximena obedeció la petición de su papá, no tenía ganas de mirar televisión pero le gustaba pasar tiempo con él, así fuera salir a pasear o ver juntos algún programa. En lo que los policías de la serie buscaban a un criminal peligroso, la castaña recordó lo sucedido en el boliche.
«¿Erick estará diciendo la verdad?» caviló con duda, después de todo sabía el antecedente de lo sucedido con Ariana. «¿O está confundido…? Tal vez sea eso… Aunque parecía muy seguro… ¡Qué complicado!». Siempre podía pedirle consejos a su mejor amiga pero en esa situación no le parecía correcto. Tampoco se sentía cómoda con la idea de preguntarle a Víctor y Eva no era opción, después de todo su hermano era el implicado.
—¿Todo bien? —Preguntó su padre al verla tan meditabunda.
—Ah —alzó la mirada—, ¡sí!
—Mmm… —La miró con atención.
—Papá, ya deja de comer eso —le arrebató la bolsa de papas—, te hace daño.
—¡No me pasa nada! —Reclamó.
Ximena negó con la cabeza.
—No, papá, ya fue demasiado.
—Dame otra… Una y ya —pidió.
—Bueno, pero solo una. —Le extendió la bolsa.
Una vez que terminó la serie, Ximena se excusó, diciendo que estaba cansada, y subió a su habitación. Cuando estuvo sola, de nuevo se quedó sumida en sus pensamientos. Al no tener a quien pedirle una opinión, decidió preguntarle al motivo de sus inquietudes.
Yo: Erick, ¿en verdad lo dijiste en serio?
Esperó unos minutos. Como no le llegaba ninguna respuesta, comenzó a desesperarse. «Mejor voy a borrar el mensaje antes de que lo vea» pensó pero al entrar al chat se dio cuenta de que el chico ya había visualizado su pregunta.
Erick Q: ¿Qué?
Yo: Lo que dijiste en el boliche.
Erick Q: Dije muchas cosas, sé más específica.
Ximena frunció el entrecejo. «Lo hace a propósito… ¡Que te den, Erick Quintana!».
Yo: Dijiste que te gustaba…
Decidió ser clara. «Ojalá no haya sido una mala broma» pensó. «De ser así… ¡voy a matarlo!».
Erick Q: Sí, eso dije.
Al ver esa contestación, tuvo la idea de que, en efecto, todo había sido una broma. Sintió una opresión en el pecho pero decidió seguirle la corriente para no dar la imagen de una chica dolida.
Yo: Fue una buena broma, por poco me la creo ;)
Erick Q: ¿De qué hablas?
La chica comenzó a molestarse.
Yo: No te hagas el que no sabe nada.
Erick Q: No te entiendo.
Sintió un escozor en los ojos pero parpadeó con rapidez para que desapareciera. Se había propuesto no derramar ninguna lágrima por otro chico, cuando llorara lo haría porque la situación lo ameritara, por ejemplo, si algún familiar cercano enfermara, que estuviera a punto de reprobar alguna materia, por el estrés de la universidad o que algún personaje de su libro favorito muriera, ¡pero no por ningún patán!
Decidió no responder ese mensaje. Colocó su celular en el buró junto a su cama y tomó un libro que tenía en el olvido de su estante. Estuvo a punto de abrirlo pero su teléfono móvil comenzó a timbrar. Lo ignoró y colgaron la llamada pero segundos después se repitió el molesto sonido. Tomó su celular de mala gana, haciendo una mueca al ver el nombre en el identificador de llamadas.
—¿Qué pasa, Erick? —Preguntó con tono neutro.
—¿Qué sucede contigo? —Le reclamó al otro lado de la línea.
—¿Cómo que qué sucede conmigo? ¡¿Qué sucede contigo, Quintana?!
—¿Por qué te enojaste de repente?
—Que lo digas una vez te lo paso, es gracioso hasta cierto punto, ¡pero deja de hacerlo!
—¡En verdad no te entiendo!
—¡Deja de jugar conmigo! —Exclamó con molestia. No hubo una contestación al otro lado de la línea—. Me ilusiono rápido, Erick —susurró con melancolía—, si dices esas cosas voy a terminar creyéndolas, y al final la única herida voy a ser yo.
—Ya te dije que no estoy jugando.
—Es difícil para mí creerte. —Se recostó en su cama. Le costaba confiar en Erick por dos motivos, el primero era por Ariana, su amiga se había entregado a él y resultó que nunca la amó de verdad. El segundo era por causa de Víctor y Enrique, si ellos la habían dejado de lado sin pensarlo, no dudaba que Erick hiciera lo mismo cuando encontrara alguna chica más hermosa o interesante que ella.
—Sé que actué mal en el pasado pero ya no soy el mismo.