Las peripecias de Ximena

Capítulo 10.

Erick se sorprendió un poco cuando Ximena abrió la puerta, lo tomó de la mano y se dirigió hasta su auto.

—Buenas tardes, Erick —saludó.

—Buenas tardes —respondió siguiéndole el paso—. Veo que tienes prisa por llegar a mi casa —agregó burlón.

—Uy, la verdad sí —dijo con sarcasmo.

Ximena soltó la mano del chico y se dirigió al otro lado del lujoso vehículo. Estuvo a punto de abrir la puerta para entrar en el lado del copiloto pero él la detuvo.

—¡Espera!

Ximena alejó su mano de la manija y se cruzó de brazos mientras Erick se colocó a su lado y le abrió la puerta.

—Listo, ya puedes pasar.

—¡Eres increíble, Quintana! —Exclamó con una expresión burlona. Él le dirigió una sonrisa ladeada, gesto que le pareció increíblemente atractivo.

—Ya lo sé, no me lo tienes que recordar a cada rato. —Ximena rodó los ojos con diversión.

La castaña entró y él cerró la puerta. Una vez dentro, pudo admirar el vehículo con detenimiento, el de ella no tenía todos esos accesorios, botones ni mucho menos la pantalla táctil. El de la castaña se había quedado en la ciudad donde estudiaba, el departamento que rentaba tenía garaje y le daba al dueño una cuota más elevada para que le permitiera guardarlo ahí.

—¡Lindo auto! —Exclamó cuando Erick se subió en el asiento principal. Ya se había subido una vez, cuando Víctor se golpeó la cabeza en un juego de basquetbol y él la llevo junto con Amanda y Ariana al hospital, pero estuvo tan ocupada lloriqueando que no pudo ver todo con atención.

—Gracias.

Erick manejó hasta su hogar. Una vez allí, el portero le permitió ingresar y se estacionó junto a los demás autos. Antes de que el chico le abriera la puerta, Ximena bajó con rapidez. Él imitó esa acción y se colocó a su lado.

—Ven, sígueme.

Entraron a la mansión y Ximena admiró el lugar al verlo tan pulcro y ordenado. Las paredes blancas, los muebles exquisitos, las figuritas de porcelana fina. La vez que fue a la fiesta de los Quintana no les prestó atención a esos detallitos.

—¡Todo es tan bonito! —Exclamó.

—Gracias… Ven acá. —La tomó de la mano. Subieron las escaleras y Ximena notó, con incomodidad, que las chicas del servicio los miraron con curiosidad. Algunas hasta comenzaron a cuchichear entre ellas.

—Ya trajo a otra… —Oyeron decir a una.

Ximena instintivamente volteó hacia Erick. No iba a pedirle ninguna explicación pero él decidió darla.

—Se refieren a Amanda —susurró con molestia; prefería que no hubiera malentendidos. Ximena se limitó a encogerse de hombros. Una vez que llegaron a su habitación, ella volteó hacia él —. ¡Bienvenida a mi habitación! Deberías sentirte halagada, no todos tienen la oportunidad de entrar.

La chica rio un poco.

—¡Está genial! —Exclamó. Era amplia, estaba ordenada y, como tenía las cortinas abiertas, entraba bastante luz. Antes de ir por la chica, Erick decidió limpiar y acomodar un poco, ya que no le gustaba que nadie más anduviera entre sus cosas.

—Ponte cómoda, tenemos todo el día. —Sus padres y sus hermanas habían ido a una comida con unas amistades, él prefirió quedarse. Ximena se sentó en el sillón de cuero frente al televisor.

Alguien tocó la puerta de su habitación, así que Erick se dirigió hasta ahí. Una chica tenía una bandeja con un tazón lleno de palomitas y dos vasos de limonada; tomó el platón, agradeció y cerró. Colocó en las cosas en una pequeña mesita de centro, agarró el control remoto y prendió el televisor.

—Elige qué quieres ver. —Le extendió el control a la chica. Ella negó con la cabeza.

—Sorpréndeme, Quintana.

—Está bien —sonrió—. Pero no te quejes si de repente salen tripas fuera de su lugar, o si los personajes empiezan a tener sexo salvaje.

—¡Trae acá! —Rio tomando el control.

En lo que Ximena elegía la película, Erick tomó el tazón de palomitas y se metió un puñado a la boca.

—¡Ya! —Decidió poner una de ciencia ficción.

El chico le extendió el tazón de palomitas y se levantó del asiento para cerrar las cortinas, dando un efecto de «cine». Se colocó al lado de Ximena y ella oprimió un botón para que la película comenzara a reproducirse. Enfocaron su atención en el filme, si bien no era el género favorito de Erick, al menos le resultó entretenida. Una vez que finalizó, el chico apagó el televisor y se levantó para abrir las cortinas. La castaña volteó hacia él.

—¿Te gustó?

—Sí, estuvo bien. —Aceptó, yendo a sentarse al lado de ella.

Ximena miró el tazón de palomitas, que estaba vacío, y lo colocó en la mesa.

—¿Quieres más?

—No, gracias. —Negó con la cabeza—. ¿Qué quieres hacer?

—Charlar.

—¿De qué?

Erick la miró con fijeza. La noche anterior había estado pensando mucho y todavía no saciaba su curiosidad respecto a un tema en especial.




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