El martes por la mañana, Erick despertó a las nueve, para él era temprano. Quiso volver a dormir pero no pudo, así que se levantó de la cama y fue a la cocina. No había nadie allí, se limitó a hacerse un sándwich y fue a la sala, donde se encontró con sus hermanas. Emilia estaba sentada en el sofá, tenía puesto un trajecito de gatito color rosa y Eva le tomaba muchas fotos. Se levantó para obtener un mejor ángulo.
—Ahora acércate para que te tome una foto con ella —ordenó.
—No, la voy a arruinar.
—¡Por favor! —Juntó sus manos.
—¡Estoy comiendo! —Se quejó. En seguida le dio un mordisco al sándwich.
—¡Agh…! Por cierto, ¿cómo vas con Ximena? —Preguntó con mucha curiosidad y una pizca de malicia.
—¿De qué hablas?
Eva alzó una ceja con burla.
—No te diste cuenta, pero el domingo noté que Ximena salió de tu habitación y escuché que la ibas a llevar a casa.
—Ah, eso…
—Qué lindos. Hacen una excelente pareja.
Erick no respondió nada durante unos segundos.
—¿Tú crees? —Preguntó de repente.
Eva se emocionó al no escuchar una negativa ni que cambiara de tema.
—¡Sí!
—Ah… —Siguió comiendo.
La chica sonrió y le sacó más fotos a su hermanita.
—¡Eso, Emilia, posa! Eres excelente en eso del modelaje —murmuró. Erick la miró con extrañeza e hizo una mueca—. ¿Qué? —Dejó su celular en la mesa y puso los brazos en jarra—. Tú dedícate a lo tuyo y déjanos a nosotras en lo nuestro. —Se inclinó hacia enfrente. Emilia soltó una risita y ambos la miraron con ternura—. ¡Awwww! ¡Es tan hermosa que voy a llorar!
—Eres una preciosura —murmuró Erick, dando un toquecito en la nariz de la bebé, que volvió a reír.
—Acércate para que les tome una foto —pidió Eva.
—No. —Se levantó—. Voy a terminar de comer en mi habitación.
—Como quieras —musitó, volviendo a su tarea.
Erick subió a su cuarto y le dio el último mordisco a su sándwich. Tomó su celular y le mandó un mensaje a Ximena.
Yo: Buenos días.
Después de unos minutos en que se entretuvo viendo sus redes sociales, recibió la contestación esperada.
Ximena G: Buenos días.
Yo: ¿Cómo amaneciste?
Ximena G: Bien, gracias, ¿y tú?
Yo: Muy bien.
Iba a seguir mensajeándose con ella pero prefirió llamarla.
—Hola, Erick —escuchó al otro lado de la línea—, ¿qué haces?
—Pensando.
—¿En qué?
—En ti.
—Oh… —Hubo silencio. Ximena se aclaró la garganta para continuar—. Yo también he pensado en ti —admitió.
—¿Ah, sí? —Sonrió—. ¿Qué tanto?
—Bastante.
—Me alegro. Quiero que cumplas tu castigo.
—Uy, estás muy urgido por aprender a bailar.
—Y por tenerte cerca.
—Ah… —Soltó un suspiro casi imperceptible… casi—. Hay un lugar genial, se llama Rockandbar, podemos ir ahí. —Era un club nocturno donde servían todo tipo de bebidas, tenía una gran pista y sonaba música de géneros diversos. A veces iba con sus primas, ya que todas tenían el baile en la sangre.
—¿Puedes hoy?
—Hoy voy a acompañar a mi madre a hacer unas cosas. —Le había prometido ir con ella, pues su clienta tenía una hija de su edad que no era muy sociable; cuando iba a mostrar sus productos, la mujer le compraba más si Ximena convivía un rato con su apocada primogénita—. ¿Pero te parece bien si vamos mañana?
—Perfecto, tú dime la hora y paso por ti.
—Claro.
Estuvieron charlando de otros temas aproximadamente una hora, hasta que la madre de Ximena le dijo que tenía que hacer la comida, ya que ambas se turnaban esa actividad para lograr un equilibrio. Una vez dejaron a Mateo a cargo pero casi se incendió la cocina, así que no lo volvieron a hacer.
—¿Así que cocinas? —Preguntó Erick, que escuchó el decreto de Rita.
—Sí, no soy tan buena pero me salen cosas decentes.
—Algún día tendré que probar algún platillo hecho por ti.
—Por supuesto, pero tú tendrás que cocinar conmigo.
—Solo sé servir cereal, hacer sándwiches y preparar fórmula para bebé pero es un trato.
—De acuerdo, Quintana —rio—. Te veo mañana.
—Cuídate.
—Igual tú.
***
El miércoles a la hora acordada, Erick pasó por Ximena. Decidieron usar ropa casual, él llevó unos jeans oscuros con una camisa verde y ella un vestido corto de color azul.