El viernes por la mañana, Ximena despertó temprano y se vistió con una blusa blanca y pantalones de mezclilla acampanados. Bajó a desayunar y vio a sus padres en la cocina. Mateo bebía un café y Rita terminaba de comer un cóctel de fruta con yogurt light.
—¡Ximena! —Exclamó su madre—. Despertaste temprano.
—Sí, voy a salir con Erick —les recordó. El día anterior se había puesto de acuerdo con el chico, quedaron de verse a las once de la mañana para ir a un parque ecológico que estaba a las afueras de la ciudad. Sus padres no estaban muy convencidos de que fuera, pero les aseguró que regresaría antes de que oscureciera.
—Oh, sí. Recuerda, no vayan por lugares solos, es peligroso.
—Lo tendré en cuenta, mamá.
—Y cualquier cosa nos llamas, no importa que esté en el trabajo.
—Claro, papá.
Desayunó algo ligero y se entretuvo un rato con su celular. A la hora acordada, Erick pasó por Ximena. Antes de ir al parque, se dirigió a su mansión.
—¿Para qué vamos a tu casa?
—Nos vamos a quedar ahí un rato, así que llevaremos comida.
—Oh, es un picnic —rio un poco.
—Exacto.
Llegaron a su hogar, bajaron del auto y fueron directo a la cocina.
—¿Qué llevamos?
—Prometiste que ibas a cocinar para mí.
—¡Ah! —Exclamó—. Pero será algo muy sencillo… y tú vas a ayudarme.
—Por supuesto, yo haré unos sándwiches, que por cierto me quedan muy bien.
—¿Y qué quieres que haga?
—Lo que tú desees.
—Ammm… ¿Puedo abrir el refrigerador?
—Adelante, toma lo que quieras.
—¿No se enojará Martín? —Preguntó divertida.
—Para nada.
Ximena decidió cortar salchichas en pedacitos para freírlas en lo que Erick hacía los emparedados de jamón. Después de eso, el chico tomó algunas frutas como manzanas, fresas, uvas, mandarinas y arándanos y las metió en un gran envase de plástico.
—¿Sí están desinfectadas? —Preguntó la castaña en lo que colocaba las salchichas en otro recipiente.
—Sí, todo lo del frutero lo está. —Martín se encargaba de desinfectar y colocar la fruta en el lugar designado para que, la persona que quisiera, la pudiera tomar y comer sin preocupaciones. También verificaba que todo estuviera fresco.
—Okey.
Terminaron de guardar la comida en los envases y Erick, que ya estaba preparado, tomó una canasta que Ximena no había notado, aunque estaba cerca de la barra, y metieron todo ahí dentro junto con algunos cubiertos y dos botellas de agua.
—¿A dónde van ustedes dos? —Preguntó una voz conocida y ambos voltearon. Eva acababa de despertar, estaba despeinada, con una expresión somnolienta y una pequeña sonrisa en su rostro. Tenía puesto un camisón verde agua y unas pantuflas moradas.
—Hola, Eva, buenos días —saludó Ximena.
—Hola… Ey, respondan, ¿a dónde van? —Volvió a preguntar.
—Vamos a salir —respondió Erick.
—¿A dónde? —Alzó una ceja. Su mellizo iba a responderle que no fuera una chismosa pero Ximena fue más rápida que él.
—Vamos a tener un picnic.
—Aww, ¡qué lindo! —Exclamó—. Nunca he ido a uno con Víctor —dijo para sí misma—. Tenemos que hacerlo… y pronto… —empezó a murmurar cosas ininteligibles para los otros dos chicos, algo de que cómo era posible que su hermano fuera más romántico que su novio; se dio la media vuelta y se alejó. Había ido a la cocina para desayunar algo ligero, pero se olvidó de eso y comenzó a idear su próxima cita con el rubio.
Ximena y Erick se miraron entre ellos.
—Bueno, vamos —el chico la tomó de la mano—, que el tiempo vuela y tenemos que aprovechar.
Subieron al auto, dejando la canasta llena de comida en la parte de los asientos traseros, y fueron hasta el lugar deseado. Una vez que llegaron, Erick tomó la canasta con una de sus manos y la otra la entrelazó con la de Ximena. En ese lugar había muchas aves para admirar, pero ellos no se dirigieron a esa parte sino fueron a una donde había una enorme área verde destinada a parejas o familias que querían convivir un rato. De ese lado el césped era corto, tenía algunos árboles dando sombra y, a pesar de que eran vacaciones, no había tanta gente como creían.
Erick sacó de la canasta un mantel que había guardado con cuidado el día anterior y lo colocó encima del pasto. Ambos se sentaron debajo de un árbol que daba sombra, acomodaron los envases de comida de forma que fuera sencillo tomar lo que quisieran y empezaron a almorzar mientras mantenían una charla animada. Después de unos minutos, la conversación giró en torno a ellos.
—¿Qué es lo que vas a estudiar cuando entres a la universidad? —Preguntó Ximena cuando terminó de comer su emparedado.
—Administración…
—Es buena carrera.
—Tú estudias mercadotecnia, ¿no es así?