Las peripecias de Ximena

Capítulo 18.

Amanda se sentía tan tonta por lo que estaba a punto de hacer pero una parte de ella quería hacerlo, lo necesitaba. Tocó el timbre de la casa a la que había ido muchas veces cuando era más joven. Se sentía impaciente y justo cuando pensó que era una pésima idea y quiso salir corriendo de allí, abrieron la puerta.

—¡Amanda, cuánto tiempo sin verte! —Exclamó un señor de mediana edad al verla.

—Hola, señor Alegría, ¿cómo está?

—Muy bien, ¿y tú?

—Bien.

—Pasa, por favor.

La pelirroja entró y se sintió extraña. Todo estaba colocado como la última vez que estuvo allí.

—¡Felicia, te buscan! —Gritó su padre.

—Oh, en realidad vine a ver a la señora Florentina, ¿cómo se encuentra?

—Está reaccionando muy bien, gracias a Dios. Y lo más importante es que no deja de luchar, se mantiene positiva, como siempre.

En ese momento madre e hija aparecieron. Florentina lucía con el mismo buen humor de siempre, estaba idéntica, solo que más delgada, cansada, pálida y con una pañoleta cubriendo su cabeza por la falta de cabello.

—¡Amanda! —Exclamó Florentina.

La chica corrió a abrazarla con delicadeza. No pudo evitar soltar un sollozo y que unas lágrimas se formaran en su rostro.

—¡No llores, mi niña! —Florentina acarició su cabello.

—Lo siento, yo… es que… —Se quedó sin habla por un momento.

—Tranquila, toma asiento. —La invitó.

Los señores Alegría estuvieron charlando con Amanda, poniéndola al corriente de sus vidas y Felicia, aprovechando la presencia de sus padres, se dirigió a ella.

—Por cierto, Amanda, pásame tu número. —Parpadeó repetidas veces.

La chica frunció las cejas, no le gustaba ser chantajeada de esa manera pero pensó que no tenía opción.

—Oh… Claro —sonrió forzada. Felicia le extendió su celular para que lo anotara. Por un momento pensó en darle un número falso pero se arrepintió—. Listo.

—¡Gracias!

Después de platicar un poco más, el señor Alegría llevó a su esposa a la habitación, indicando que debía descansar. Las chicas se quedaron en la sala de estar.

—Gracias por haber venido —susurró Felicia.

—Lo hice por tu madre —aceptó.

—Oh, sí, ella te quiere mucho.

—Sí… Felicia, voy a ser clara contigo. —La castaña la miró con atención e hizo un gesto para que continuara hablando—. Te guardaba mucho rencor, pero sé que la vida no te está tratando muy bien últimamente. Me pongo en tu lugar y sé que debes estarla pasando fatal, lo siento por eso. Ya te he disculpado —sonrió un poco—, y te deseo lo mejor del mundo, pero no voy a ser tu amiga nuevamente.

Ambas se quedaron sumidas en un silencio incómodo.

—Entiendo —suspiró.

—No sería sano.

—Es verdad —rio un poco.

Amanda la miró de reojo.

—¿En verdad no tienes ningún amigo?

—No como tú, aunque hay un chico que es muy amable conmigo —sonrió—. Lo conocí cuando trabajaba en el cine.

—¡Qué bien! —Exclamó. Ya sabía de la existencia de él, pero se hizo la sorprendida.

—Sí…

—Debo irme —murmuró después de unos segundos.

Ambas se levantaron del sofá. Felicia acompañó a Amanda hacia la puerta.

—Gracias por todo… Por la amistad que me ofreciste en su momento.

—No me agradezcas, tú igual fuiste un apoyo para mí —le sonrió.

Felicia abrió la puerta y Amanda estuvo a punto de salir pero antes le dio un abrazo a la chica delante de ella. Después de unos segundos, se separaron.

Amm… —Sobó su cuello con incomodidad. Felicia rio un poco—. Bueno, supongo que esta es la despedida.

—Supongo que sí. —Se encogió de hombros.

—Cuídate.

—Igual tú, Amanda.

***

Después de terminar el quehacer de la casa, Ximena le preguntó a Ariana si podía ir a su casa. Al recibir una respuesta afirmativa, se puso en marcha. Una vez que llegó con su amiga, le contó todo lo que había pasado en el cumpleaños de los Quintana y que esa misma mañana Erick conversó con ella.

—Debes tener más cuidado, Ximena, por un momento de impulsividad te pusiste en peligro.

—Lo sé.

—De no haber sido por ese chico Fernando, quién sabe qué habría pasado.

—Ya ni me digas.

—No lo vuelvas a hacer —advirtió.

—No. —Hizo un puchero—. Ya no me regañes.

—No lo vuelvas a hacer… —repitió—. Y volviendo al tema de Erick, ¿por qué le pediste tiempo? Es algo que aún no logro entender.

—Estábamos yendo tan rápido, que cualquier cosita, como la situación de ayer, puede romper lo nuestro. Quiero saber si en verdad le importo como para que me espere algún tiempo.




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