Las peripecias de Ximena

Capítulo 19.

Ximena se encontraba acostada en el sofá, hojeando un catálogo de los productos de su madre y rayándolo para anotar qué era lo que quería comprar, mientras Rita, sentada en el otro sillón, hacía las cuentas de su casa, con calculadora y libreta en mano, cuando les llamaron del trabajo de Mateo para avisarles que había tenido un infarto. Sus trabajadores llamaron con rapidez una ambulancia para que lo asistieran, no había sido fulminante pero todavía no salía del peligro, estaba en observación.

Rita colgó el celular y comenzó a temblar, su rostro se puso pálido y sintió náuseas por la impresión.

—Mamá, ¿qué sucede?

—Tu padre…

—¿Qué le pasó? —Preguntó con preocupación.

—Él acaba… de… —Se sentó en el sillón.

—¡¿Qué pasa, mamá?! —Preguntó desesperada.

—Tuvo un infarto —murmuró bajito, sin embargo, ella le pudo entender a la perfección—. Está en el hospital.

Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas y se quedó sin habla unos segundos, hasta que reaccionó, no iba a darse el lujo de paralizarse en esa situación, no en esa ocasión. Buscó su celular por unos segundos que le parecieron eternos, recordando cuando Víctor cayó de una altura considerable y golpeó su cabeza. Esa vez el miedo no la dejó actuar, pero su madre estaba en shock y alguien tenía que hacerlo. Como pudo, llamó a una compañía de taxi para pedir uno.

¿A dónde le mando la unidad?

—A la calle Framboyanes número cincuenta.

¿Colonia?

—Residencial Las Joyas…

Permítame un momento en línea.

—Por favor, que sea rápido —murmuró, más para ella que para la operadora en la línea.

La chica le dio el número de la unidad y, cuando le preguntó el tiempo de espera, respondió que llegaba en cinco minutos. En ese tiempo, que le pareció infinito, trató de que su mamá saliera del shock.

—Mamá, ¿qué más dijeron? —Preguntó, pero no tuvo respuesta—. Mamá… —Insistió más veces pero Rita siguió sin hablar.

Cuando oyó el claxon, tomó a su madre de la mano y la dirigió hasta el vehículo. Dio la dirección del hospital donde Mateo estaba asegurado. En el camino, Rita salió de su ensimismamiento. Al ver a su hija conteniendo las lágrimas, el rostro enrojecido y con dificultad para respirar, tomó su mano y le dio un apretón.

—Mamá, ¿papá está bien? ¿Ya salió de eso? —Le preguntó con esperanza, pero esta se vino abajo al ver la reacción de su madre.

—Está en observación —murmuró, soltándose a llorar.

Una vez que llegaron a su destino, Rita se bajó del auto con rapidez y corrió hasta el hospital. Ximena pagó al taxista y él le deseó que todo estuviera bien. Entró con paso rápido, caminó hacia la recepción, donde su madre había estado minutos atrás, y le informaron en qué sala estaba su papá. Se dirigió ahí, se sentó junto a Rita y llamó a su familia más cercana para avisarles lo sucedido, incluyendo a los padres de Víctor. También le escribió a Ariana para contarle.

El primero en llegar fue su tío Mario, el hermano de su papá, junto con su esposa Clara, que apenas las vieron, se dirigieron hacia ellas para consolarlas. Minutos después llegó Ariana, junto con Jaime, y corrió a abrazar a su mejor amiga, que en seguida se soltó a llorar en sus brazos.

—Ya, nena, todo estará bien. —Sobó su cabeza.

—¡Eso espero! —Exclamó, tomando un pañuelo que su amiga le extendió para sonar su nariz—. Estuve tanto tiempo preocupada por los hombres incorrectos cuando solo debí preocuparme por él, que me ama incondicionalmente y no duda en hacerme feliz.

—No digas eso.

—Mis problemas eran simples líos amorosos, pero ahora mi pa-padre… -e-él… —Se soltó a llorar.

Ariana la volvió a abrazar. Jaime, que se había mantenido callado todo ese tiempo, se acercó a ambas.

—Ximena, lo siento mucho, pero debes tener fe en que todo estará bien —comentó en voz baja. Sabía que no le agradaba a la chica y si bien al principio se sentía mal por ello, con el tiempo comenzó a parecerle gracioso, sin embargo, no por eso deseaba que su excompañera pasara por una situación como esa.

—Gracias, Jaime. —Le sonrió un poco.

Después de un rato llegaron los señores Rojas, que en seguida preguntaron por el estado de su amigo y, cuando les comentaron que seguía en observación, se dedicaron a consolar a Ximena y a Rita.

—Víctor me avisó que está cerca —murmuró Mildred a su esposo.

El rubio llegó minutos después junto con Federico y Enrique. Cuando Eva le avisó que no podría salir con él a ningún lado porque tenía una comida con su familia, decidió llamar a sus amigos para salir un rato. Justo estaban decidiendo a qué lugar ir cuando recibió la llamada de su padre en la cual le comentó las malas noticias.

Ximena, al alzar su vista y enfocarse en su mejor amigo, corrió hacia sus brazos. Sabía que él la entendía, el chico también estaba devastado, convivía con Mateo desde niño y, al igual que ella, deseaba de todo corazón que saliera bien.

—Ví-Víctor, mi papá… él…




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