Las peripecias de Ximena

Capítulo 22.

Días después, Amanda se encontraba jugando serpientes y escaleras con sus primos y sus hermanitos, cuando recibió un mensaje de Felicia. La agregó a sus contactos por el simple hecho de no ser grosera, aunque todavía estaba molesta con ella, pues por su culpa Ciara no le hablaba. Le había mandado cientos de mensajes para explicarle la situación con su examiga pero la chica no le respondía.

Felicia A: Amanda :(

Decidió responder al ver la carita triste.

Yo: ¿Qué sucede?

Felicia A: Necesito que vengas. Te necesito.

Yo: ¿Por?

Felicia A: No lo sé, mamá a veces está bien, pero a otras veces no

Amanda suspiró con frustración. Quiso ignorarla pero recibió otro mensaje.

Felicia A: Ahora mismo no para de vomitar :’(

Chicos, voy a salir un rato —comentó.

—¡Sí, una menos! —Exclamó su hermanito menor.

—¿Sucede algo? —Preguntó Jessica.

—No, voy a ver a una amiga.

—¿Oíste? —Carla se dirigió a su hermana—. «Amiga». —Hizo las comillas con los dedos medio e índice de sus dos manos.

La chica rodó los ojos y Jessica frunció el entrecejo.

—Carla, por favor… Te vemos al rato, prima.

—Claro.

Amanda fue a casa de Felicia y una vez allí, le mandó un mensaje indicando que estaba afuera. No quiso tocar el timbre para no incomodar. La castaña abrió la puerta y Amanda la notó aún más delgada y ojerosa que la vez anterior.

—¿Sigue mal?

—Ya dejó de vomitar, ahora está descansando —murmuró con voz apagada.

—Oh… ¿Tú ya comiste? —La chica negó con la cabeza—. Ven, vamos.

—Pero…

—Tienes que comer. Dile a tu padre que saldrás un rato conmigo.

Felicia, no muy convencida, preguntó a su padre si podía salir un rato con Amanda. Él aceptó de inmediato, quería que su hija se distrajera un poco y que comiera bien, justo en ese momento no podía atenderla.

Las chicas fueron a un lugar donde daban comida rápida y charlaron en lo que les servían.

—¿Cómo has estado? —Preguntó Felicia a la pelirroja.

—Bien.

—No te oyes muy convencida.

—Han pasado muchas cosas. ¿Recuerdas a Ximena Grijalva?

—¿La porrista?

—Sí.

—¿La creída, pretenciosa, que nos caía mal?

—Esa misma.

—Ah, sí. Era divertido ver cómo se enojaba cuando le guiñaba el ojo a Víctor. —Ambas rieron un poco.

—Sí… Su padre acaba de morir, le dio un infarto.

Felicia puso una expresión triste.

—¡Oh, eso es horrible!

—Lo sé. Se va a mudar y Erick está devastado.

—¿Erick? ¿Qué Erick?

—Erick Quintana.

—Oh, cierto, me dijiste que es tu amigo… —Recordó—. ¿Y por qué está devastado? Sé que era amigo de Ximena pero parecía que no se caían muy bien y solo hablaban por compromiso.

—Así era, pero ahora están enamorados.

Felicia alzó una ceja.

—¡¿Qué…?! No lo habría imaginado ni en un millón de años.

—La verdad aún me cuesta creerlo.

—Sí, es que… Se notaba que no se agradaban —rio un poco—. Pero me imagino que hacen una linda pareja.

—O hacían, no lo sé.

—Cierto…

En ese momento llegó una mesera para servirles la sopa de entrada. Después de terminar de comer, las chicas salieron del local y fueron a un parque cercano a caminar por ahí. Se sentaron en una banca con sombra y siguieron hablando.

—Sí, y le yo le dije a Esteban que con gusto le pasaba mi número pero que se veía que su novia era muy celosa pero él me dijo que no, así que…

Amanda, que se limitaba a asentir con la cabeza de vez en cuando, se quedó petrificada cuando vio que ahí se encontraba Ciara junto con su primo. Quiso esconderse detrás de Felicia pero fue inútil, ya que la castaña era mucho más pequeña que ella.

En el momento en que los ojos de Ciara se encontraron con los de ella, Amanda tragó grueso. La morena la fulminó con la mirada y pensó que siempre tuvo razón, que sus celos no eran injustificados y que los mensajes de la pelirroja eran una farsa.

Amanda pensó en levantarse e ir hacia ella para explicarle, pero Ciara se dio la media vuelta y se alejó con rapidez. El chico la siguió y desaparecieron de su vista. Felicia dejó de hablar y vio la escena; volteó hacia Amanda con preocupación.

—Lo siento, Amanda, yo…

—No te disculpes —le sonrió—. Yo sugerí venir acá.

—Pero…

—Si Ciara no confía en mí ni cree en mi palabra, tal vez no valga la pena —sonrió con tristeza—. Le especifiqué muchas veces la situación de tu madre y que iba a apoyarte porque lo necesitabas pero… No respondió. Incluso ahorita quise explicarle pero prefirió irse.




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