Las peripecias de Ximena

Capítulo 24.

Un año después.

Ximena miraba por el espejo retrovisor del auto mientras su madre manejaba hacia la ciudad donde vivieron con anterioridad, esa donde nació y pasó toda su infancia y adolescencia. Se sentía nerviosa, pues en ese tiempo que estuvo lejos, muchas cosas habían cambiado; ese año viviendo con su tía le fue muy difícil, en primer lugar, porque se sentía incómoda y como una carga al tener que depender y adaptarse a las reglas de la hermana de Rita y, a pesar de que todos en su familia eran amables y considerados, constantemente recordaba el dicho «el muerto y el arrimado a los tres días apestan».

No solo tuvo que lidiar con eso, sino que el hecho de haberse mudado, cambiado de escuela, no poder ver a sus amigos seguido y extrañar a su padre, hizo que cayera en una etapa de depresión, lo cual hizo que perdiera contacto con sus allegados. Con ayuda de su madre y algunos meses de terapia, superó esa enfermedad, pero se sentía temerosa de que sus amistades se sintieran apartados por ella.

Ahora que Rita ya había encontrado un trabajo estable, regresarían a su hogar; incluso tuvo la oportunidad de comprar un auto de segunda mano, pues los anteriores los vendieron para ayudarse con los gastos del funeral y entierro de Mateo, además de pasaje, comida y apoyo con los pagos de la casa de su hermana. Ximena, por su parte, ya había pedido el cambio a su anterior escuela y desde hacía unos meses comenzó a vender los productos de catálogo que ofrecía su madre para ayudarse económicamente.

—Hoy vamos a desempacar todo, acabaremos rápido, son pocas cosas.

—Sí.

—Y, aprovechando las vacaciones, iremos a ver a Mildred y a su familia. Están muy emocionados por vernos —sonrió.

—Qué bien —dijo sin mucho ánimo.

—Podrás ver a Víctor. El otro día hablé con él, dice que te extraña bastante.

—Y yo a él. —Aceptó—. Quiero verlo… Y a Ariana.

—Sí… ¿Segura que no quieres ver a alguien más? —Ximena se encogió de hombros—. Vamos, yo sé que tienes presente a Erick.

—Sí, lo tengo muy presente. —A pesar del tiempo y la distancia, aún lo amaba y mantenía esa pequeña ilusión de que él hubiera esperado por ella, aunque su lado racional le hacía creer que era imposible.

—¿No has hablado con él? —Ximena negó con la cabeza—. ¿Ni le has avisado que vamos a regresar? —Volvió a negar—. ¿Por qué?

—No lo tengo en mis contactos —explicó. Uno de eso días que caminaba de la universidad a casa de su tía, un ladrón la asaltó y robó su teléfono. Ella se lo dio sin rechistar y como era la época donde estaba deprimida, cuando cambió su número no agregó a ninguno de sus contactos anteriores, no le interesaba tener comunicación con sus amigos, no entraba a sus redes sociales, simplemente no quería saber nada de nadie.

—Le hubieras pedido su número… O a Víctor.

Ximena no respondió. Durante un tiempo no le importó perder contacto con él, cuando salió de la depresión, algunos meses después, le dio vergüenza agregarlo así sin más, pensó que debía darle una explicación cara a cara, no le pareció educado dejar de responder los mensajes, cambiar de número y no dárselo, y meses después añadirlo como si nada hubiera pasado.

Otro factor que también influyó a querer esperar a verlo en persona fue que él deseaba mantener una relación a larga distancia, por mensajes de texto y videollamadas, pero ella no quería que las cosas fueran de esa manera, no después de lo sucedido con Enrique.

—Ojalá quiera hablarme —deseó.

Rita la miró con una expresión comprensiva.

—Ya verás que sí, debe comprender que pasaste una época muy difícil… Y si no lo entiende, no vale la pena.

Ximena sonrió un poco.

—Gracias por tus consejos, mamá.

***

La siguiente semana, una vez que terminaron de desempacar y acomodar la mayoría de las cosas, Ximena y Rita fueron a ver a los Rojas para ponerlos al corriente de sus vidas. Sus amigos las recibieron con mucha alegría y las pasaron a la sala de estar, donde las invitaron a sentarse.

En un momento Víctor fue a la cocina a servirles agua y su amiga aprovechó para ir con él y hablar a solas. En lo que el rubio tomaba la jarra y servía el líquido en los vasos de cristal, la chica empezó a platicarle todo lo que había pasado en ese periodo que no tuvo contacto con él.

—Me alegra que hayan regresado y que estén mejor.

—Gracias… A mí también me alegra haber vuelto.

—¿Ya hablaste con Ariana?

—La fui a ver el fin de semana.

—¿Y qué te dijo?

—Está muy bien, nos pusimos muy felices de vernos.

—Me imagino.

—¿Cómo está Eva?

—Está bien —sonrió un poco.

—Me alegro… ¿Y Erick? ¿Sabes algo de él?

—Sé que está bien pero no he hablado mucho con él últimamente. —Sobó su cuello.

—Oh…

—¿Hablarás con él? —Preguntó con curiosidad.

—Por supuesto… ¿Sí vino a pasar las vacaciones aquí?




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