La niebla llegó antes que el sol se ocultara.
En Piedra Negra, eso era mala señal.
Elena estaba sentada en el borde de su cama, mirando por la ventana cómo el bosque se tragaba poco a poco los pinos más altos. Desde aquí, el límite del pueblo parecía una pared blanca y espesa, como si el mundo terminara ahí. Su abuela siempre decía: “Cuando la niebla baja, el bosque llama.” Ella se reía de esas palabras. Hasta esa noche.
—¿Lara? —llamó, saliendo al pasillo. La casa estaba en silencio. La puerta del cuarto de su hermana estaba abierta de par en par. La cama sin tender. Una linterna olvidada sobre la mesa, encendida hasta casi agotarse.
El corazón de Elena dio un vuelco. Corrió hacia la ventana de la cocina, y lo vio: la puerta trasera estaba entreabierta, y sobre el suelo de tierra, huellas pequeñas que se perdían hacia la línea de los árboles.
—¡Lara! —gritó, saliendo sin abrigo, sin zapatos bien puestos, con el frío clavándose en la piel. La niebla la envolvió en cuanto cruzó el límite del pueblo. No se veía a tres pasos. Los pinos parecían sombras gigantes inclinándose para mirarla. El silencio era tan denso que dolía en los oídos.
Avanzó a tropezones, llamando una y otra vez, pero su voz moría ahogada entre la bruma. Estaba a punto de dar media vuelta cuando su pie chocó contra algo.
Algo duro, liso, frío.
Se agachó, tanteó entre la hierba. Era una piedra, más o menos del tamaño de su palma, negra como la noche, sin brillo… excepto por un grabado en su superficie. Al pasar el dedo por encima, una luz azul tenue se encendió, recorriendo la marca como una vena viva.
Elena contuvo el aliento. Allí, tallado con trazos profundos, estaba el nombre de su hermana:
LARA
La piedra brilló más fuerte, como si latiera en su mano. Y entonces, desde lo profundo del bosque, escuchó una voz. No era un grito. No era un llanto. Era un susurro, suave y claro, que venía de ninguna parte y de todas a la vez:
“Aún no es tarde. Si vienes, puedes traerme de vuelta.”
Elena apretó la piedra contra su pecho. El miedo seguía ahí, frío y afilado, pero ya no era solo miedo. Era certeza.
Su hermana no se había perdido.
La habían llevado.
Y para recuperarla, tendría que cruzar la línea que nadie en el pueblo se atrevía a pasar.
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piedras magicas, bosque oscuro, desapariciones y puerta a otro mundo.
Editado: 23.08.2026