Las Piedras del Poder

Capítulo 1 | La Piedra del viento

PARTE UNO ◊ EL CRISTALIZADOR

Arturo pegó un salto en su cama, inhalando con fuerza sujetando el collar en su pecho, pasó un momento en lo que estabilizó su respiración, miró la hora y faltaban diez minutos para las seis de la mañana.

Otra vez había tenido aquella pesadilla de la última vez que vio a sus padres, se sentó en su cama y miró por la ventana, podía ver los techos de otros edificios aledaños que eran iluminados por el crepúsculo mientras las luces de la calle se apagaban.

El día de regreso a clases era hoy y Arturo comenzaría el tercer año de preparatoria lo cual lo ponía nervioso, pero su actitud no demostraba lo que sentía, iba a una nueva escuela y todo lo que había pasado en pocos meses le habían quitado las ganas. Fue cuando escuchó la puerta de la entrada abrirse y cerrarse en cuestión de instantes, era su tía que iba a su trabajo.

Arturo soltó un suspiro, se levantó tallando sus ojos oscuros y se dirigió al baño que estaba girando a la derecha saliendo de su cuarto, entró y lavó su cara con el agua fría del lavamanos, después puso pasta en su cepillo y comenzó a lavar sus dientes mientras miraba el colgante en su pecho. Un guijarro color verde agua de forma ovalada con un extraño símbolo tallado y atada a una cadena de plata bien cuidada.

Al terminar salió y fue a su cuarto, tomó la ropa que vestiría hoy, era una camisa de la marca “Rombos” color blanco de manga corta, con una media manga color negro debajo en cada brazo, además con rombos verde agua haciendo dos líneas formando una equis en su pecho, y como siempre, usaba su pantalón de mezclilla con unas botas de color pardo que apenas sobrepasaban sus tobillos.

Acomodó su collar debajo de la camisa no sin antes darle un beso, tomó su mochila para el primer día y por último conectó sus auriculares a su teléfono para salir de su departamento cerrando la puerta detrás de él. Solo dio unos pasos por el pasillo para pedir un elevador que lo llevaría desde el octavo piso a la planta baja para salir frente a su edificio.

El sol ahora comenzaba a iluminar la ciudad para empezar un nuevo día de agosto, a esa hora poca gente caminaba por la calle, la mayoría iba llenando los camiones o embotellando calles principales con sus autos, Arturo prefería ir caminando hacia su escuela a solo un par de kilómetros de ahí.

Mientras caminaba por aquellas calles escuchaba música mirando los edificios de no más de diez pisos de colores opacos, con ventanas pequeñas ideales para que la mayor gente posible en esta zona en el centro viva al alcance de todo.

Siguió caminando ahora por las calles menos concurridas, hasta dar vuelta a la derecha llegó a cierta calle la cual estaba desierta por el ataque reciente de hace dos días, una calle comercial con cristales de aparador recién repuestos e incluso una tubería del suelo que estaba siendo reparada por unos obreros a esas horas. Arturo tuvo suerte de no haber estado cerca cuando sucedió.

Estos ataques habían comenzado hacía dos meses con el primero en la base naval en Veracruz, Veracruz. Después dos ataques más en Ciudad de México, siguió con un ataque a León, Guanajuato, otro a Sinaloa, luego a Coahuila y el más reciente a Nuevo San Bernardo, Nuevo León. Estos ataques constaban de: Sin previo aviso algún civil era envuelto en cristal creando un lobo casi igualando en altura a una persona en promedio, que comenzaba a rastrear algo para después comenzar un destrozo en la zona donde se convirtió, estos no atacaban a la gente, pero los destrozos eran los que aumentaban la cuenta de heridos por estos ataques. Por último, las criaturas cristalinas comenzaban a correr hacia una dirección para desbaratarse liberando a la persona inconsciente y sin recordar nada sobre lo ocurrido.

Desde el primer ataque la gente en todo el mundo se conmocionó y aterrorizó ante la idea de estas cosas sobrenaturales. Este último tiene a la gente de Nuevo San Bernardo asustada, a lo que el alcalde pidió calma y mandó gente del ejército a patrullar las calles, y habían estado haciéndolo desde antier. De hecho, pasando por una tienda de conveniencia Arturo se encontró con uno saliendo con un café para esa mañana.

Este tema a Arturo le intrigaba más que asustarlo, era algo de lo cual quisiera saber más, pero nada ayudaba la información que se tenía al alcance, nadie sabía que tenía que ver una cosa con la otra o por qué la gente se convertía en lobos de cristal, en especial ¿Por qué solo en México? ¿Qué destino universal hacía a este país el objetivo de los ataques?

Siguió caminando por la calle mientras se veía a sí mismo reflejado en aquellos nuevos vitrales, hasta volver a otras calles más concurridas llenas de gente que iba a donde debía, en los dos carriles esperaban un par de autos para pasar debido a un semáforo en rojo, en cambio, una luz peatonal color verde dejaba pasar a los transeúntes.

Comenzó a recordar cuando pasaba ahí con sus padres no hace mucho, cuando todavía seguían con él se sentía acompañado y feliz, eso le hizo alentar el paso. Por otro lado, un conductor queriendo seguir su camino, soltó el freno e iba avanzar un poco presionando el claxon, cuando se presionó de más el pedal y se dirigió hacia Arturo apenas él dándose cuenta.

Arturo apenas miró el auto cuando estaba a centímetros de él, se reflejaba en el parabrisas, lo cual asustó Arturo al punto que puso sus brazos como si fueran a protegerlo, cerrando los ojos, entonces algo salió de él, una energía.



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En el texto hay: lgbt, batalla, héroe

Editado: 16.09.2026

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