Las Piedras del Poder

Capítulo 4 | Ratas

Los días habían pasado y ambos Guardianes no perdieron el tiempo, aprovechaban las tardes para entrenar sus habilidades, aunque Arturo aún era muy novato, se desenvolvía bien, aprovechaba la noche para estudiar el libro a conciencia y en vistazos generales podía ver partes enteras en blanco, Daniel le había explicado que podría ser porque sus Piedras no estaban completas debido que ese no era su tamaño original.

Dejando eso, Arturo se preocupó los primeros días desde el ataque, pues aquel atacante juró volver. Pero cuando no pasó nada trató de vivir…

Su rutina se volvió: Levantarse, Daniel ya estaba listo afuera de su condominio y se iban juntos a la escuela. Al terminar la jornada se iban a casa de su amigo a “hacer tarea” aunque en realidad entrenaban y era instruido por él sobre el uso de su Piedra.

Pero también, ya como buenos amigos podían tratar de vivir sus vidas adolescentes. Aunque no era que salieran de fiesta, por esos días podían pasar momentos escuchando música y disfrutando. Al fin al cabo, la gran casa de Daniel se pasaba vacía gran parte del tiempo. Sus padres no estaban y la servidumbre solo iba por las mañanas.

Aceptar este nuevo mundo, estaba pareciendo fácil… hasta ahora.

Las corrientes de viento azotaban el jardín de Daniel, un espacio verde detrás de la casa, mientras el anfitrión tomaba agua de la piscina con su poder y la lanzaba hacia Arturo encharcando el jardín, el otro se defendía batiendo la espada en el aire para de una corriente alejar el agua, aun así, estaba empapado por defensas fallidas.

—¿Seguirás usando ese movimiento o qué?

—Es el mejor que tengo —dijo entre jadeos.

—Necesitas practicar otros, en una batalla necesitas ser versátil —después una pausa se le quedó mirando y siguió—. ¿Cómo vas con tu Borra-cristal?

—Bien… creo —el «creo» fue más que suficiente para seguir otra hora practicando mantener el Borra-cristal, Arturo sostenía su espada con ambas manos frente a él, con un aura verdosa envolviendo la espada, era el quinto intento de pasar los cinco minutos.

—Si queremos vencer al Cristalizador y su Piedra debemos mantener el Borra-cristal lo más que podamos, sé que es cansado, pero has mejorado tu aguante —dijo Daniel y en efecto había pasado de un minuto y medio, a tres y un cuarto lo cual era un avance, pero tras cada intento a Arturo le costaba aguantar.

Comenzó a quejarse y el aura a fluctuar para después caer de rodillas, soltando la espada recargándose en el húmedo pasto.

—Deberíamos dejarlo hasta aquí por hoy.

—Concuerdo —dijo Arturo entre quejidos. Se sentía débil, como si hubiera enfermado y así subió al auto de Daniel para regresar a su casa, durante el viaje Arturo cabeceaba en cansancio.

—¿Sabes? Leí en un capítulo del libro algo sobre el poder de las Piedras, decía algo sobre cómo se alimentaban de nuestras almas, que es una manera de referirse a la energía interna, como sea, leí que depende de la cantidad de alma la eficiencia de la Piedra.

—¿Quiere decir que tengo un alma débil?

—Al contrario, lo que has logrado en este tiempo a mí me tomó casi el año.

—Entonces ¿Por qué me siento tan cansado?

—Necesitas entrenar tu eficiencia y recarga, así el gasto de energía será menor y no te sentirás cansado. Aprovecha que es viernes y descansa lo que puedas ¿Ok?

—Lo intentaré.

Al llegar a su edificio, Arturo agradeció el aventón y subió a su casa tratando de no caer rendido en el ascensor, cuando llegó su tía tampoco estaba, pero no lo detuvo a tirarse en su cama a dormir incluso con el sol en el cielo.

Arturo estaba sosteniendo una espada, no era de luz, era de otro material que era rugoso al tacto y tenía bastantes marcadas las manos de este material. Un poco de conciencia después descubrió que era madera. Miró mejor el entorno. El árbol estaba como siempre dejando sus hojas verdes caer sobre el césped.

Había un hombre que pronto reconoció como su padre, estaba sentado sobre una banca trabajando en una computadora portátil de grosor grande, “antigua” pensó Arturo, aunque no sabía el porqué. Notó algo extraño, se veía distinto a como lo recordaba recién, su piel morena y cabello oscuro sin ninguna cana y corto, nada comparable a su hermana. Una mujer de piel clara y cabello tirando a pelirrojo y rizado, ella era como una segunda madre para Arturo, lo cuidaba cuando ellos viajaban.

—Arturo, acata —dijo una mujer de cabellera castaña y él en automático alzó la espada para hacer movimientos involuntarios, que eran lo que debían hacer—. Bien… Como siempre —su tono no era para nada estricto, aunque podía escuchar cierto hilo de decepción y más en su mirada. Unos ojos de zafiro lo miraban algo apenada—. Tomemos un descanso.

—Bien, madre —dijo hincándose con disciplina sobre el césped mirando hacia el frente con determinación, aunque dentro de su mente algo no se sentía bien.

—No, solo haz otra cosa, Arturito, algo que te divierta ¿No te gustaría hacer algo más que entrenar?

—Debo entrenar para ser un buen portador para la Piedra, otras cosas son innecesarias —ella miró a su esposo y él también se había percatado de aquellas palabras tan serias y vacías de emoción.



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En el texto hay: lgbt, batalla, héroe

Editado: 16.09.2026

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