Después de saber sobre este nuevo Guardián, los otros no sabían que decir, el chat que se hizo para este grupo recién formado permaneció en silencio radial. Así quedó todo el domingo y el lunes su junta se daría como habían planeado.
Elena despertó sobre alguno de sus costados como siempre, su cabello hecho un desastre y lista para otro día de su vida. Se levantó e hizo unos estiramientos calmando un poco el atrofio por dormir, en especial después de aquella batalla de hace dos días, no se había movido tanto en especial con la armadura. Las veces que había entrenado con esta no habían sido lo suficiente para acostumbrarse.
Se alistó como siempre, regó las plantas en su pequeño balcón, aprovechando que el sol las dejaría disfrutar el agua en lo que salía con su esplendor común, si alguna planta no resistía siempre podía usar un poco de su poder, la Piedra de la vida.
La había encontrado en su viaje a Italia hace dos años cuando fue por vacaciones, aún recordaba ir con miedo por aquella playa en un día nuboso, miedo de encontrarse con alguien que no quería. Entonces vio un arbusto de flores creciendo en la arena, al acercarse y encontrar la Piedra sintió la conexión instantánea.
Algo tan sobrenatural como eso la hizo no contárselo a sus padres, Iván y Francesco, desconocían los poderes más allá de la Piedra que su hija siempre llevaba en un collar hecho a mano por ella.
—¡Hija, se te hace tarde! —le dijo su padre Iván, trayéndola de sus recuerdos. Era cosa de diario regar las plantas y recordar muchas cosas…
—Ya voy —dijo y bajó la escalera. Como era habitual, el señor Iván la llevó a la escuela aprovechando su camino al trabajo. Durante el camino, Elena pensaba en sus cosas, en especial en aquel video. Un Guardián prendiendo en fuego parte del estacionamiento en la estación de trenes por acabar con una rata. O al menos eso se apreciaba en el video grabado con una cámara de seguridad de calidad dudosa.
—¿Todo en orden?
—Sí, sí. Solo pensaba en los Guardianes que aparecieron el sábado.
—Ah sí, me parece genial que estén apareciendo estos héroes, ¿Cómo los llamaste? ¿Guardianes? —dijo conduciendo la camioneta.
—Sí, me pareció un poco más apropiado por lo de que protegen la ciudad y así —mintió de manera sutil. Hasta ahora los medios solo los llamaban «héroes» y luchaban por conseguir exclusivas o alguna entrevista por saber que pasaba en la ciudad exactamente. Tal vez podrían discutirlo en la reunión programada para ese día.
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Otra cosa que recordaba era hacia casi dos semanas cuando ocurrió el primer ataque en la ciudad y no mucho después, en su escuela. Tanto como Andrés, Abigail y Elena concordaron reunirse en un parque por el centro de la ciudad en medio del sector financiero techado con pilares de los edificios más altos de la ciudad.
—Tenemos un problema —comenzó Elena cuando ya estaba segura de que nadie podría oírlos.
—¿Te cae? —preguntó Andrés con sarcasmo.
—¿Qué deberíamos hacer? No puedo convencer a mi familia de huyamos de la ciudad.
—Mientras no hagamos nada todo estará bien. Y si no, nos sabemos defender. Y también, mientras esos dos Guardianes sigan peleando-
—Eso es justo de lo que les quería hablar —interfirió Elena—. Hay otros dos Guardianes que están siendo perseguidos por, probablemente, otro portador de Piedra. Creo que deberíamos considerar ayudarlos.
—¿Qué? —sin subir el tono de voz, Andrés puso el grito en el cielo.
—¿No es muy arriesgado?
—Sí, pero piensen en nuestras familias… ninguno sabe de esto y en que tanto riesgo los pondría saberlo. Y tampoco sabemos a qué extremo podría llegar ese atacante.
—Tal vez no sea para tanto —dijo Andrés, las otras se molestaron—. No me malentiendan, no conocemos su naturaleza, muy probablemente el atacante no pueda hacer nada mientras no nos mostremos nosotros. Pero también me parece cobarde dejarlos solos-
—No mientas por convivir —dijo Abigail.
—A lo que me refiero es que tienen razón, pero solo hay que ayudarlos si todo se pone peor. ¿Quién sabe? Capaz todo se resuelve sin que tengamos que hacer algo.
—Bueno, podemos confiar en eso —apoyó la rubia.
—Bien —dijo Elena entendiendo a la mayoría—. Así será, si todo se pone peor, los vamos a ayudar.
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Llegaron a la escuela, ella bajó y se despidió de su padre, él se fue diciendo “adiós” y ella entró. Pronto se encontró con una escena algo… abstracta. La escuela estaba llena de perros, de todos los colores y tamaños estaban paseando por la escuela o corriendo, siendo perseguidos por los maestros y las mascotas de los maestros.
Había pelo, heces, muchos ladridos en el patio y en lo que se podía ver dentro del Edificio A. Entró al lugar con una cara de confusión total, y pronto divisó a Abigail viendo la situación con la misma cara.
—¿Qué está pasando?
—No lo sé, llegamos y estaba así. Creo que dejaron la puerta abierta anoche y entraron.
—No lo creo… Mejor vamos al salón.
En el patio estaba igual, perros y más perros, no era agresivos si acaso se alejaban de los estudiantes con miedo. Debian ser callejeros o algo por el estilo. Llegaron al Edificio C y entraron a su salón encontrándose con Andrés, lo saludaron como siempre.