Era un martes por la tarde, Marco, un hombre de veinte años estaba alistándose para buscar trabajo por segunda vez en la semana, apenas había llegado a la ciudad de manera de poco convencional hace cuatro días, quería evitar una entrada extraña y armó un espectáculo completo.
Lavaba su cara en el pequeño cuarto que rentó, se comenzó a secar con la camisa notando que la costra en su cara estaba muy seca, una delgada línea algo larga en su mejilla derecha, comenzó a rascarla para quitarla ya después de una semana de tenerla, la cicatriz que quedó era una línea poco profunda y con una piel algo más clara que la bronceada de su cuerpo.
Después de eso cambió su camiseta mojada por el otro conjunto de ropa que le había quedado, y al salir del baño, se sentó en su cama junto a la mesa de noche donde volvió a aparecer como siempre desde que se la puso hace varias semanas, una Piedra roja y brillante como una roca ígnea que tenía que proteger como Guardián de la Piedra de fuego.
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Marco caminaba por las calles de Nuevo San Bernardo, el sol estaba entre nubes y el viento era fresco, la zona exterior de Nuevo San Bernardo se caracterizaba por lo general en colonias para habitar, algo que ya esperaba, y en la parte oeste estaba la Universidad Técnica de Nuevo San Bernardo y a la vuelta de la esquina la Biblioteca Municipal de Nuevo San Bernardo.
Apenas podía aguantar la felicidad combinada con sorpresa de ver una biblioteca, un lugar donde había más libros de los que había visto en su vida, caminó hacia ella pasando por una zona abierta con un piso de concreto y jardineras con árboles de tamaño decente que no se parecían en nada a lo que Marco había visto antes.
Aquel parque medía de treinta por quince metros aproximadamente y justo después seguían unas escaleras que al subirlas estaba la biblioteca, sus dos puertas estaban abiertas en par, junto a esta se encontraba el mostrador y unas grandes mesas que no tenían gente, eso nos dejaba los pasillos con estanterías llenas de libros, para finalizar con una escalera al segundo piso que se podía ver desde abajo que también tenía más repisas, ya que había vista desde el primer al segundo piso.
Ni siquiera Marco había puesto un pie dentro cuando un hombre entrado en edad salió hecho fuego cargando una caja con cosas, a medio camino en las escaleras se giró aún más furioso.
—¡Toma esto como mi renuncia! —dijo levantando el dedo medio hacia una mujer vestida en un traje formal purpura que lo seguía, pero se quedó al pie de la escalera.
—Así has de tratar a tu madre, soquete —contestó furiosa la señora de piel clara y cabello castaño y rizado adornado con una flor color lila.
—Púdrete —gritó el hombre de vuelta.
—Considérate despedido, porque no te necesito, inútil —el hombre aún más furioso sacó una sombrilla ante la amenaza de lluvia y se fue.
El Guardián miró la escena, incrédulo, la mujer con ambas manos en las caderas soltó un suspiro y lo volteó a mirar.
—De casualidad ¿Estás buscando trabajo?
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Los Guardianes discutían sobre el video que vieron el sábado. Arturo miraba los mensajes en el balcón del departamento y aún con la amenaza de lluvia esperaría a tomar el aire húmedo previo al evento climatológico.
Ese día habían planeado comenzar a entrenar en casa de Daniel, pero la amenaza de lluvia se los había negado por ese día por lo que decidieron hacer una “junta” por chat para discutir mejor el tema que los lobos no les dejaron ayer.
«¿Qué se supone que vamos a hacer con este nuevo guardián? 🤨» preguntó Elena a través del chat.
«Lo mejor es encontrarlo lo más pronto posible y saber sus intenciones» dijo Daniel.
«Intenciones?» preguntó Andrés.
—Realmente no sabemos si está de nuestro lado —se dijo Arturo en voz alta.
«Empecemos con lo simple, como encontrarlo» dijo ahora Abigail.
«Si ni siquiera sabemos dónde está el cristalizador menos como saber dónde está él» siguió Daniel.
Arturo siguió pensando en aquello, y solo se le ocurría una forma de encontrar tanto como el héroe de fuego como al Cristalizador.
«Creo que solo nos queda esperar a que el cristalizador ataque de nuevo».
«Solo hasta ese momento aparecerá él» escribió Arturo, el chat se quedó en silencio a partir de ese momento, todos de alguna manera sabían que era probablemente la única forma. Aunque ¿quién sabía? Ayer se habían enfrentado al Cristalizador sin querer. “Él solo planeaba tomar la Piedra y se iría seguramente” pensaba Arturo, sus dedos temblaban de solo recordar.
Ver al Cristalizador de manera tan pasiva llegar a él, sin previo aviso. Sabía que en algún momento tendría que dejar ese miedo ya que se podría quedar paralizado en el peor momento, pero le parecía difícil, no entendía cómo sus compañeros podían pelear como si nada o si realmente tenían miedo ¿Por qué no lo mostraban? ¿Cómo le hacían? Eran las preguntas que Arturo se hacía.
Si Arturo había actuado hasta ahora era por mera adrenalina, y sentido de auto defensa, incluyendo que tenía en quien apoyarse… aunque todo tiene un límite.
El viento incrementó en fuerza, Arturo sintió la corriente dirigirse al este, moviendo a las nubes grises del cielo, juntándolas en una masa que se arremolinaban a un par de kilómetros frente a él.