—Los humanos son extraños, son tan parecidos a nuestra especie, pero… jamás serán como nosotros, no si siguen así —un hombre omnipotente sobrevolaba los cielos de la tierra primitiva donde una batalla encarnizada se daba. Toda clase de guerreros con Objetos realmente creados por él en un intento por regresar lo que alguna vez perdió.
Seguirían así por unos minutos hasta que alguien ganaría, claro, con la muerte de los demás. En ninguna de las mentes de esas personas se cruzaba unirse unos con otros, él lo sabía. Sabía también que el ganador moriría en solo semanas por su egocentrismo, esta tierra era tan primitiva que con lo que pasaría no quedaría ni un solo rastro, tal vez… nadie en un futuro lo sabría.
Uno de los guerreros enterró una Llave dorada en el suelo, se creó un portal y de este sacó una gran cantidad de poder que amenazó a todos los guerreros, una flor monocromática. Uno con una Flauta roja creó agua en cantidades enormes y el que tenía un Alhajero blanco lo convirtió en una espada de cristal azul con la que se abalanzó hacia el portador de la Flor.
Adán ya lo había visto venir, y así pasó. El choque devastó todo en una gran explosión que solo sobrevivió el portador de un Reloj con el que había creado un portal para escapar. Regresó a los minutos, se encontró con un gran desierto y lo que fue el intento del portador de la Flauta de protegerse, eso había creado el cráter en forma de una luna menguante que fue llenado con el agua que llevaba y en el centro había quedado la Flor, una flor con pétalos en blanco y negro.
La explosión eliminó a toda la vida con el poder de la Llave y la espada del Alhajero, solo dejando los otros once objetos intactos, una suerte. El hombre sintiéndose digno se apoderó de ellos sin ningún problema y se fue de ahí con un portal de su reloj.
—Tan predecible… Este sitio parece estar maldito, aquí se han dado y se darán batallas importantes, al igual que esos tres objetos se unieron para destruir la vida en esta parte del planeta también solo terminaron el combate. Seguirá pasando, una y otra vez…
◊
Los “héroes” corrían por las calles de Nuevo San Bernardo, evitando tantos ataques como fuera posible, pero era inevitable cruzar con aquellas criaturas o los lobos, desde que había comenzado la nieve a caer, esta no había parado, las calles de la ciudad estaban tan cubiertas que era difícil caminar, por lo que cerca del centro subieron un edificio para planear el siguiente paso.
—Nada —dijo molesto Azurita—, absolutamente nada, a este paso estaremos buscando enterrados en la nieve.
—Tiene razón —dijo Lucero a Igneo, este solo se quedó pensando.
Sidian hacia de centinela al borde del edificio de no más de tres plantas, todos comenzaron a debatir con algo de picor mientras que Gale se acercó al primero.
—¿Todo en orden?
—No —en su cara aún se notaba la tristeza contenida y mucho remordimiento.
—Nadie aquí te culpa ¿sabes?
—Dime ¿Te crees de haber sido capaz de hacerlo con tu padre? —Gale pensó en ese momento.
—Al igual que tú, por protegerlo —quitó la nieve de su visor— ¿Sabes? No fue lo más moral, pero creo que es la mejor manera de mantenerlo seguro, el fin justifica los medios —volvió a quitar la nieve—, y para salvarlo solo tenemos que detener al Cristalizador.
Las corrientes del viento dejaban caer la nieve hacia ellos, entonces Arturo hizo una corriente para alejar la nieve, cuando se dispersó un poco y vio un lugar donde no caía nieve, entonces encontró al Cristalizador.
—En Plaza Central —susurró Arturo.
—¿Qué? —preguntó Sidian.
—Está en Plaza Central —les dijo a todos.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó Igneo.
—La nieve no cae ahí, es como el ojo de un huracán —señaló Arturo, ante la analogía, Igneo lo pensó más.
—¿En serio escogió un sitio tan obvio? Debimos empezar ahí primero.
—No perdemos nada con revisar —sugirió Inora.
Después de pensarlo mucho— Vamos a revisar —Igneo saltó al siguiente edificio y los demás lo siguieron, pero Inora y Gale se quedaron.
—Bien pensado —le dijo a Arturo guiñándole un ojo.
Siguieron por los techos de los edificios y Gale usaba el látigo de su espada para moverse rápido, para cuando llegaron al techo de la alcaldía vieron en el centro de la Plaza Central a la Torre Flor, el único lugar donde no caía nieve.
Tal como había visto Gale, la nieve no caía como lo hacía alrededor, buscaron con la mirada en la plaza, cubierta de niebla densa. Ante el problema Gale lanzó un puño al aire dirigido al suelo, despejando un poco la plaza dejando ver lobos cristalinos.
Los licántropos miraron de donde vino y los Guardianes se agacharon, los cristalizados miraron aquel techo buscando algo, mientras estos pedían a todos los santos existentes no ser descubiertos, la niebla los cubrió, pero estos no perdían el punto de vista, después de unos segundos estos perdieron el interés.
Los héroes respiraron de nuevo, salieron del escondite, y casi inmediatamente Inora tocó el hombro de Arturo, él la miró…
—Ahí está —susurro señalando la cima de la Torre Flor.