Las Piedras del Poder

Capítulo 11 | La prueba de fuerza

—La Flor Eterna, vamos a ver qué es esto —dijo Daniel tronando sus nudillos, luego tomó su teléfono y siguió contando—. «Una Flor encontrada durante la conquista, en donde está actualmente la ciudad de Nuevo San Bernardo y fue llevada a Viena junto al penacho de Moctezuma como regalo de este, esta flor monocromática tiene la peculiaridad de no haber muerto en los casi seiscientos años de haber sido descubierta incluso al haber sido privada de luz, aire o agua.» Esto es prácticamente todo.

—¿En serio? —preguntó Arturo preocupado— Cualquiera que viva en Nuevo San Bernardo sabe de eso, debe de haber más.

—Solo dice aquí que debido a la marcha que hubo hace unos meses pidiendo el penacho de vuelta, los directores del museo en Viena han negociado con mexicanos para el regreso de la Flor a mediados del verano de este año.

—Es a lo que se referían —dijo Andrés—. Pues ya casi es otoño.

—Pero eso aún no nos dice nada sobre el poder del que hablaban —dijo Abigail.

—Se lo podremos preguntar a ellas. Tan pronto salgamos de la escuela —dijo Elena para recargarse algo decepcionada en su pupitre, los demás la siguieron en el abismo de no saber nada.

Esa sensación de que quieres que el tiempo vaya rápido y se esfuerza por ir lento mataba a Arturo, y a Daniel le parecía inverso, el primero en verdad quería saber lo más posible sobre lo que tuviera que ver la Flor y el Cristalizador, mientras que el segundo no encontraba su teléfono y buscaba intentando que no diera la hora de salida para evitar que todos se fueran, con ellos su teléfono, pero ya era desalentador que Arturo ya había marcado y el teléfono estaba apagado.

—Sigue apagado —aclaró Arturo harto de la voz que lo mandaba a buzón—, olvídalo, amigo.

—Ya que, tendré que comprar otro —y después de pensarlo un momento—. Y eso me da una idea.

—¿Qué clase de idea?

—Bueno solo piensa que Marco tampoco tiene un teléfono…

Sonó el timbre que dio la una y media de la tarde, marcando el fin del teléfono de Daniel, los cinco Guardianes ya habían quedado con Marco de encontrarse en el Parque de las Afueras, que era un centro deportivo nuevo en la zona exterior al oeste, a las tres de la tarde.

—Chicos aún tenemos tiempo ¿No creen?

—¿Qué pretendes? —preguntó Abigail con un tono de molestia. —Podemos ir a Centro Mayor, pues ahora que no tengo teléfono tengo que ir a comprar otro —la cara de Abigail no había cambiado—. Yo los voy a llevar a la prueba tan pronto lo compre —dijo dando una sonrisa—. Además, ¿No les gustaría relajarse un poco antes de verse con ellas?

Todos aceptaron, unos algo molestos, pero los nervios de la prueba acercándose los comían por dentro.

Daniel los llevó en su auto hacia Centro Mayor, un centro comercial cerca de la escuela donde era habitual ver toda clase de tiendas departamentales siendo sustentadas por la gente acomodada. Llegaron al lugar y se dividieron, Andrés y Daniel irían por un lado mientras los demás a comer.

En Centro Mayor no había tanta gente a esas horas, pero no faltaban personas en el gran pabellón de restaurantes, donde en el mismo había mesas donde comer de los negocios. Arturo, Elena y Abigail tomaron una de las mesas para esperar a los otros dos, pero ni pasaron cinco minutos de una charla habitual cuando Abigail decidió ir por comida.

—¿Y qué tal va tu día? —preguntó— ¿Listo para la prueba?

—No realmente, me preocupa aún no recuperar mis poderes, leí en el libro que tardaban tres días a lo mucho, pero aún nada.

—Estoy segura de que los tendrás a tiempo —Elena trataba de calmarlo.

—¿Y qué tal va ese dibujo de ayer? —dijo tratando de cambiar el tema.

—Con todo eso de las aves realmente no tuve cabeza para continuarlo.

—Qué mal que estemos pasando por una situación así, creí que con lo que pasó en la nevada descansaríamos del Cristalizador por un tiempo.

—Así que te sientes mejor respecto al Cristalizador.

—No fue eso lo que me hacía sentir mal, era el Instinto que me controló y gracias a eso no tengo poder para la prueba… —realmente no quería hondear mucho en el asunto.

—Si te puedo ser sincera, realmente estaba asustada cuando lo acorralaste al borde, creí que ibas a matarlo —dijo seria—, pero, aunque no tengo libro, sé que no eras precisamente tú —dijo más alegre.

La conversación no siguió más, pues Abigail había llevado papas para los tres anulando una sensación extraña que sentía Arturo, esa sensación que lo hacía sentir cálido.

Mientras ellos comían esperando a los otros dos, en el segundo piso de la plaza que era un pasillo al borde dejando ver hacia el pabellón de comida, estaban aquellas tres chicas.

—Ese es Arturo ¿Verdad, Verónica? —preguntó Amelia, la chica de traje azul—. Sí, era él quien estaba con los otros Guardianes ayer —respondió Verónica la chica de traje blanco.

—Podría apostar a que sus amigos son los Guardianes —dijo Carolina, la chica de traje rosa—. Concuerdo —dijo Amelia con su mano en el pecho justo donde estaba su Piedra incrustada a un collar.



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En el texto hay: lgbt, batalla, héroe

Editado: 16.09.2026

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