Las postales de Nart

1962 - 8 - El reencuentro de los Maquis

Alberto empujó la puerta, entró en el local y subió las escaleras que daban a la sala del piso superior, lugar donde solían reunirse, aunque últimamente se habían reunido poco. Dean y Jorge estaban sentados en la mesa de siempre, la del rincón, frente a la ventana. Jorge era el más corpulento, de facciones resaltadas y con el pelo largo y cano. Dean, llevaba un mono azul de fontanero que le hacía más rechoncho de lo que aún era. Los dos estaban enfrascados en una conversación tranquila y superficial, acompañados de una botella de vino y dos vasos. Alberto atravesó la sala y se sentó en una silla junto a Jorge.
   - Hola - saludó, formando un puño con su mano izquierda y  lanzándolo al centro de la mesa, Jorge y Dean imitaron el gesto de Alberto. Los tres con  el puño cerrado en el centro de la mesa susurraron « Apraiar » compañeros, saludo que se afianzó siendo maquis. Al momento, desde atrás de él se oyó la misma palabra, « Apraiar » compañeros. Alberto se giró y ve que es Gabriel el que lo dice acercándose a la mesa. Los tres se quedan mirando, reprochando con la mirada, el saludo que acaba de hacer en voz alta. 
   - Hola - contestaron los tres.
Gabriel se sentó frente a Dean. Como si les hubiera leído el pensamiento, Andrés,el dueño del bar, llegaba a la sala tras subir las escaleras, llevando dos vasos vacíos y otra botella de vino. La colocó en el centro de la mesa sonriendo a los cuatro.
   - Como en los viejos tiempos -y  haciendo un guiño murmuró - « Apraiar » compañeros.
Alberto comenzaba a hablar.
   - Por lo que veo, habéis encontrado el casquillo en vuestros buzones-
   Cuando estuvieron en Francia tenían una clave para juntarse, algo que inventó el más joven; Arnau. Era colocar un casquillo de bala en un lugar determinado, podía colocarlo cualquiera de los seis. Solían pasar cada cierto tiempo, para saber si alguno del grupo requería verse con los demás. Entonces se reunían en un punto del estrecho desfiladero, junto al castillo de  Saint-Béat, al sur de Francia, y desde que se establecieron en el Valle de Arán, en el bar de Andrés, El Nacional.   
   - Falta Arnau - señaló Jorge hacia la única silla vacía de la mesa. 
   - No vendrá, como tampoco lo hizo la última vez - contestó Gabriel.
   - Creo, que he hecho demasiado la vista gorda, se le ha ido de las manos con el tema de pasar contrabando, habrá que pararlo -  Apuntillo Alberto.
   - Centrémonos en Ade, ¿qué sabes Alberto? - Jorge requirió la atención de todos.
   - Cuando llegaron los de la Guardia Civil a la nave, Ade ya no estaba. Solo encontraron, bien oculto por un zulo. Cuando bajaron se encontraron armas, municiones y algún explosivo - explicó  Alberto.
    - El sargento que lleva la investigación, por decirlo de alguna manera, amigo tuyo, ¿te ha dicho algo? - pregunto Dean, que ya mostraba signos de agotamiento. 
   -Oficialmente, no, pero extraoficialmente, cree  que cuatro de las metralletas encontradas eran  Sten y una Astra 400, también algunas pistolas tipo Lúger - contestó Alberto dirigiéndose a cada uno de ellos.
   - Hacía mucho tiempo que no oíamos esos...nombres - dijo Jorge.
   - Alguien me puede decir, que coño! pasa - dijo Gabriel mientras se removía en la silla -
   - Lo que pasa, es que esos chismes no han ido allí solos, esas ...., ya sabéis, fueron las que se usaron, y usamos... no sé, joder!, las de la « Operación Reconquista » - exclamó Gabriel.
   - Ya lo sabes Gabriel - susurró Alberto.
   - No estoy seguro, pero, solo se me ocurre una persona, no sé a vosotros pero a mí me parece que alguien está empecinado en seguir liandola - intervino Jorge.
   - Llevarse a Ade, solo responde a que, a alguien les estamos tocando los cojones, alguien quiere desviar nuestra atención, o hacernos daño. También, pudiera ser que quieran distraer la atención de la Guardia Civil - puntualiza Alberto.
   - Pues, se los vamos a tocar más aún a esos ¡hijoputas! - Jorge se levantó enfadado. La siguiente hora hablaron de conjeturas, contrastaron información. Hablaron de Felipe, de los encapuchados, del contrabando, sin llegar a ninguna conclusión, solo sospechas a punto de ser certeza.
   Tras unos segundos en silencio, que cada uno aprovechó para poner en orden aquella información, Alberto quedó en que volvería a preguntar por el caso a su contacto, el sargento de la Guardia Civil. Alberto quiso que Dean volviera a Montcorbau para intentar averiguar algo más. A Jorge le pidió que preguntara a sus viejos conocidos de Vielha por las armas encontradas en el zulo y a Gabriel, le dijo que le acompañara al día siguiente a bossóst, con la única idea de mantenerlo cerca, controlando que no revelara nada de lo hablado en la reunión. Todos estuvieron de acuerdo y quedaron en volver a verse al cabo  de dos días. 
 Albert se dirigió a las escaleras, se giró hacia los tres, que en ese momento se levantaban de sus sillas, e hizo un leve movimiento con la cabeza. Bajó y se dirigió a la barra, le dijo algo a Andrés al oído, este asintió. Se fue hasta la puerta, y pensativo abandonó el bar.     




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