Las Princesas del Zodiaco

Capítulo 1

En el pequeño pueblo Huelgoat de Francia había un bosque, allí se encontraba una chica recostada en una roca gigante. Era su cumpleaños y había salido antes de clases así que tenía la tarde libre antes de volver a su casa a la hora en la que su madre volvía del trabajo.

Le gustaba ir allí, sentía una conexión única con ese lugar, también le transmitía paz escuchar el cantar de las aves, el sentir la brisa en su rostro y la tierra entre sus manos. Había descubierto hace unos años que cuando se encontraba en lugares donde la naturaleza predominaba sus sentidos se volvían más agudos permitiéndole disfrutar más detalladamente todo a su alrededor. Miró la hora en su celular y que aún tenía tiempo antes de volver a su casa, se recostó en el suelo y cerró los ojos un momento.

Soñó, últimamente tenía varios sueños extraños, con un castillo de rocas y gemas, un chico de espaldas al que nunca lograba verle el rostro, y lo más extraño era verse a ella rodeada de un aura verde, con armas hechas de gemas en sus manos y con un símbolo extraño en su frente y un hermoso vestido corto, que su diseño simulaba un bosque. Había comenzado a escribir sus sueños, pero estos empezaron a ser más frecuentes cuanto más cerca de su cumpleaños estaba.

Se despertó horas después por un sonido insistente, al abrir los ojos y ver a su alrededor notó que ya estaba oscureciendo, rápidamente tomó su celular que era de donde provenía el ruido.

–¿Dónde estás? – fue lo primero que escuchó del auricular–. Llevo horas llamando y tú no contestas. Llegué a casa y no te vi.

–Estoy en el bosque mamá – respondió al tiempo que se ponía de pie y recogía sus cosas del suelo –, llego en veinte minutos.

–Bien – escuchó que su madre suspiraba al otro lado de la línea y cómo había un extraño murmullo que acompañaba las palabras de ésta –. Ven rápido, hay algo de lo que debo hablarte.

–Claro mamá.

Finalizó la llamada y marchó camino a su casa con prisa, quería saber qué tenía para decirle su madre al haber notado preocupación en su voz.

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–¡Llegué! – dijo apenas ingresó al hogar, dejó su bolso en la entrada y avanzó buscando a su madre.

–¡Estoy aquí! – escuchó la voz de la mujer desde el pasillo de las habitaciones.

Al llegar a donde estaba la encontró armando un bolso de viaje, metiendo ropa a toda prisa.

–¿Qué haces?

–Debemos irnos – fue su respuesta –. Debes armar tu bolso, pon lo esencial, no te preocupes mucho por la ropa, nos darán algo a donde vamos.

–¿Dónde vamos? – preguntó Tara con confusión y sin entender a su madre que ahora se había acercado a la ventana y miraba hacia el exterior analizando los alrededores –. ¿Qué está pasando mamá?

–Te explicaré todo en el camino, pero debemos irnos cuanto antes – la madre la miró un segundo, le sonrió como si quisiera calmarla y volvió la vista al exterior –. Ya saben que cumpliste dieciocho. Estás en peligro.

–¿Mamá...? – Tara sabía que su madre tenía alguna ocurrencia cada tanto, normalmente la hacían reír, pero ahora la estaban preocupando.

–No hay tiempo Tara – dijo contundente y, al ver que su hija no se movía, avanzó hacia ella y la llevó a su habitación –, debes preparar el bolso, tenemos que irnos o será muy tarde.

En ese mismo momento escucharon un fuerte estruendo, como si dos coches hubieran chocado, ambas voltearon hacia la puerta de la que provenían ruidos: pisadas pesadas, aunque, de alguna manera, Tara sabía que no estaban tan cerca como aparentaban.

–Ya vienen – dijo la madre, sacó el bolso de viaje de su hija y comenzó a meter prendas de ropa a toda prisa, Tara reaccionó al fin y metió también su cargador de celular, algunos libros y demás cosas que creía serían de utilidad –. Tenemos que llegar al auto sin que nos vean Tara, crearé una barrera para que eso pase, cuando llegues enciéndelo y espera que yo llegue, ¿entendido?

–¿Una barrera? – preguntó confundida – ¿Quién nos vería mamá?

–No hay tiempo, te explicaré en el camino, tenemos que ir con una de mis amigas, ella nos ayudará.

Escucharon golpes fuertes en la entrada, su madre con una seña le dijo que no hiciera ruido y comenzaron a caminar hacia la cochera. Tara vio como la mujer realizaba un movimiento de manos que no logró identificar y luego vio como si un domo invisible las cubriera distorsionando su alrededor, cuando apenas su madre terminó de hacer lo que sea que haya hecho la puerta fue derribada de un golpe y dos hombres vestidos completamente de negro ingresaron con brusquedad a la casa, ambos portaban armas y empuñaduras sobresalían de sus cinturones. Tara tuvo la intención de gritar, pero su madre la calló con una mano en su boca, señaló que siguiera adelante. Volvió a realizar un movimiento de manos y esta vez Tara notó como su madre se distorsionaba y los dos hombres volteaban hacia ellas.

"Corre" leyó en los labios de la mujer, luego ésta volteó y enfrentó a los intrusos. Tara no vio más porque comenzó a correr en dirección a la cochera, debía llegar al auto así se marchaban de ahí y su madre podría explicarle qué estaba pasando. Escuchó golpes y sonidos de pelea, por una de las ventanas vio como el cielo se nublaba y oscurecía más de lo que ya estaba y nubes de tormenta aparecían en él.

Llegó a la cochera y tomó las llaves colgadas en la pared junto a la puerta, desbloqueó el vehículo y se metió del lado del conductor, su madre le había enseñado a conducir hace un par de años bajo el lema de "Por si sucede una emergencia y yo no puedo hacerlo", supuso que eso era una emergencia y su madre no podría hacerlo.

Apenas había encendido el auto cuando escuchó truenos y de la nada un rayo impactó en su casa, segundos después su madre llegaba a ella tomándose un costado del abdomen y subiendo con dificultad al vehículo, parecía haber salido de la nada.

–Por Dios mamá, ¿estás bien? – dijo Tara al ver el estado de la mujer.



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En el texto hay: fantasia, zodiaco, romance

Editado: 28.03.2026

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