Lena estaba sentada en la escalera de la entrada a su casa, había estado sintiendo energías extrañas desde hacía horas, si bien le pasaba seguido el sentir las energías de las personas esa vez era diferente. Sentía que eran poderosas como la de su madre, suponía que ésta también las había sentido pero no dijo nada para no preocuparla.
Sabía quién era y lo que era desde hacía dos años, descubrió a su madre hablando por teléfono con una mujer llamada Erika sobre un reino y algo sobre zodiacos, estaban hablando en inglés, idioma que su madre le había insistido en aprender haciendo que la chica entendiera parte de lo que estaban hablando, pero al voltear la mujer y ver a Lena parada observándola supuso que había escuchado la conversación. Sabiendo que en algún momento llegaría esa charla decidió cortar la llamada con una excusa leve y ponerle atención a su hija.
– ¿Qué tanto escuchaste? – preguntó directa a la adolescente pero manteniendo la calma.
– Lo suficiente para querer saber qué es eso de un tal Reino del Zodiaco y por qué hablaban de unas personas como si fueran signos del zodiaco.
En ese momento su madre le contó toda la historia de cómo fue que llegó a la Tierra junto a sus amigas, sobre el reino, le habló sobre los zodiacos y los compañeros, le hizo prometer que no le hablaría del asunto a nadie y si tenía dudas sobre algo relacionado le preguntara directamente a ella y a nadie más. En esos dos años le enseñó a controlarse y controlar sus poderes, también a percibir y distinguir energías.
Al mirar a lo lejos vio el conocido Monte Fuji, el cual siempre le gustó admirar aunque su madre le prohibió acercarse mucho a él desde la última vez que se enojó estando cerca y casi provoca que el volcán haga erupción. Por instinto bajó la mirada hacia el camino de entrada de su casa y vio acercarse a cuatro personas de las que inmediatamente sintió sus energías y notó que eran las que estuvo sintiendo todo el día pero esta vez eran mucho más intensas. Se levantó para poder buscar a su madre pero al voltear la encontró en la puerta mirando asombrada a las cuatro personas que se acercaban.
– Las conoces – dijo Lena, sonando más como una afirmación que como una pregunta –. Son tus amigas y sus hijas, ¿no es así?
– Sí – Dalia bajó la mirada a su hija, unos escalones más abajo –. Sabes lo que significa. Comenzarás tu entrenamiento junto a las dos chicas, deberás ser honesta siempre con ellas, serán compañeras en el trono, deben crear un fuerte vínculo entre las seis, pero principalmente ustedes tres, son las mayores.
– ¿Por qué suena a despedida mamá?
– Porque eso es, hija – la mujer le dedicó una mirada con una mezcla de tristeza y alegría, luego miró a sus amigas –, y ellas lo saben pero aún no se lo han dicho a sus hijas.
Ambas observaron a las cuatro mujeres avanzar, Dalia decidió bajar los escalones para estar a la par de su hija. Cuando estuvieron las seis juntas no hubo necesidad de presentaciones, ya todas sabían con quién estaban. Las mayores, de repente, adquirieron poses rígidas y sus miradas quedaron perdidas mirando a un punto fijo cada una.
– Las tres primeras reinas han sido reveladas y están juntas al fin – dijo Dalia, con voz monótona, como si una máquina fuera la que hablaba.
– Los compañeros ya sabrán dónde reunirse con ellas – siguió Selene con el mismo tono de voz.
– Su camino solas deberán seguir – agregó Clara.
– Antes de que la Reina de Fuego cumpla dieciocho años – dijeron las tres al unísono –, deben cumplir con lo dicho, de lo contrario no se libraran de los siguientes.
Luego de decir todo eso, las mujeres parecieron despertar de un sueño, miraron a sus hijas que estaban con rostros consternados y supieron al instante lo que había sucedido ya que ellas también habían pasado por lo mismo a su edad.
– Entremos – dijo Dalia luego de estar todas en silencio, se encaminaron a la entrada de la casa sin emitir palabra alguna.
Una vez tomaron asiento las primeras en hablar fueron las chicas, y todas parecieron ponerse de acuerdo en soltar preguntas a la vez. "¿Qué fue lo que pasó?", "¿Por qué parecían estar fuera de sí?", "¿Están bien?", "¿Qué significó todo lo que dijeron?", así más preguntas similares que las mujeres se decidían por cuál contestar primero.
– Niñas – dijo Selene intentando mantener la calma –, de a una sí. Les contestaremos todas sus preguntas pero primero deben organizarse.
– Bien – comenzó Talia –, supongo que podemos empezar con un ¿Qué demonios fue eso?
– Fue un aviso – comenzó Selene –, cuando las tres primeras reinas se encuentran tres personas a su alrededor son tomadas momentáneamente por el Zodíaco de Piscis, revelándoles lo que necesitan al encontrarse y lo que deben hacer llegado el momento en el que se reúnan las futuras reinas.
– En nuestra generación los Zodiacos de Tauro, Cáncer y Leo también fueron los de las tres reinas mayores – agregó Clara.
– En el momento que las palabras son dichas deben cumplirse en el tiempo que éstas dieron como fecha límite – dijo Dalia.
– Antes de mi cumpleaños debemos seguir con nuestro camino – recordó Lena lo dicho por las mujeres minutos antes – ¿Qué quiere decir seguir con nuestro camino? ¿Dónde debemos ir?
– También dijeron que nuestros compañeros sabrían dónde encontrarnos – dijo Cassie intentando ocultar la emoción de saber quién sería su compañero y si sería su complemento como dicen –. Quiere decir que en cualquier momento aparecerán para estar con nosotras.
– Seguir con su camino solas – retomó Selene –, quiere decir que deberán ir al reino por su cuenta, supongo que sus compañeros tendrán algo que ver con eso.
– ¿Y ustedes qué harán cuando nosotras nos vayamos? – preguntó Tara.
– Nos encargaremos de advertir a las otras reinas y sus hijas – respondió Clara su hija.
Apenas terminó de decir eso escucharon un estruendo fuera de la casa, las seis se miraron sin entender y luego cinco pares de ojos se enfocaron en Lena, temiendo lo peor.