"—Quiero estar con alguien a quien quiera. Quiero tener una pareja. Y me gustaría poder presentar a alguien a mi familia. Ya no quiero vivir solo. Y quiero tener un hijo o una hija. Podríamos tener eso juntos, no puedo darte todo, eso lo sé. Pero sí quiero tener una familia, y me encantaría tenerla contigo.
--Harry, soy cínica y mandona, y casi todo el mundo me considera vagamente inmoral.
--Eres fuerte, resiliente y llena de talento. Eres excepcional por donde se te mire."
Una chica, sentada junto a la ventana en un café con un libro entre sus manos, lo soltó de un momento a otro y miró al frente pensando en que le encantaría que la describieran como el chico describe a la chica, pero sabe que eso jamás sería así, y no por el hecho de que ella no creyera que lo fuera sino porque sabe que en la vida real no existen esos chicos que expresan lo que sienten y piensan. Todos los que conoció fueron reservados y ninguno le daba la importancia que ella creía que merecían los sentimientos. Hacía tiempo que se había resignado a encontrar a alguien que expresara sus sentimientos sin importarle lo que el resto pensara. Una alarma la trajo de vuelta a la realidad, ya era hora de volver al trabajo, cerró el libro y lo metió en su bolso con apuro, a su madre no le gustaba que llegara tarde, pagó la bebida a medio tomar que se había pedido y salió corriendo hacia uno de los locales cercanos. Al llegar se dirigió a la puerta de servicio, guardó rápidamente sus cosas y se colocó el delantal, ya estaba escuchando los gritos de la mujer, dando órdenes a diestra y siniestra.
--TENGO DOS CARNE DE SOL PARA LA MESA DOS, TRES BRIGADEIRO PARA LA MESA DIEZ Y UNA PICANHA PARA LA OCHO.
Larissa entró en la cocina, ya acostumbrada al movimiento que había allí normalmente, de inmediato se puso al corriente con lo que pasaba y tomó los platos correspondientes para servir en las mesas. Vio a su madre volviendo al salón a recoger órdenes, era uno de esos días donde tenía que salir de la oficina para ayudar al personal ya que estaban en temporada de turismo.
Al salir de la cocina notó un aroma distintivo, no era desagradable, al contrario, le generaba seguridad y paz solo al percibirlo, despejó su mente y siguió con su trabajo, no podía desconcentrarse. Sintió la llegada de unas personas con un aura que sobresalía del resto, al voltear a la entrada vio a dos chicos, tal vez un poco mayores que ella, escanearon el lugar y tomaron asiento en una mesa lo bastante alejada, nadie se sentaba allí ya que no tenía las hermosas vistas a las costas como la mayoría, tenía la sensación de conocerlos.
--¡Larissa! – el grito de su madre la apartó de sus pensamientos y rápidamente volvió al trabajo.
Luego de entregar los platos en la mesa se dirigió a la de los chicos recién ingresados, en el caminó tomó dos menús de la barra.
--Bienvenidos a Beira-mar brasileira, les dejo unos menús y cuando estén listos me llaman, estoy a las órdenes.
Al voltearse para seguir con su trabajo sintió un aroma a tierra húmeda combinada con el olor a lirios, sus flores favoritas, extrañada se dirigió a la mesa donde la llamaban para tomar la cuenta, volvió a dirigir su vista a los chicos pero ya no estaban, miró a todos lados y pudo ver a uno de ellos de espaldas al local del otro lado de la calle. sin saber muy bien por qué se dirigió a la salida, ignorando las quejas del comensal y los gritos de su madre llamándola, sentía que esto era importante.
Fuera del restaurante se sentía en intensidad el calor de la temporada, y la cantidad de turistas alrededor era abrumadora, pero igual pudo ubicarlo, el chico castaño de ojos marrones la miraba a lo lejos, le dedicó una sonrisa coqueta y sin pensarlo se largó a correr, Larissa no lo pensó dos veces y comenzó a seguirlo. El aire parecía impulsar y darle agilidad como si quisiera que lo atrapara cuanto antes, la tierra también parecía guiarla, ella ya no pensaba sus pasos solo seguía su instinto, perdió de vista al chico pero sabía que no debía preocuparse. Llegó a una de las partes de la ciudad donde no había tantas personas, el castaño estaba al final de un callejón, lo notó levemente agitado y luego hizo algo que no se esperaba ni en sueños.
El chico dirigió sus brazos con fuerza hacia abajo y la tierra lo impulsó a lo alto del edificio, Larissa observó a todos lados esperando que nadie lo hubiera visto o tal vez esperando que al menos una persona le dijera que lo había imaginado. Una sensación se apoderó de ella, algo le decía que también podría hacerlo, sin pensarlo mucho dirigió sus manos hacia abajo, esta vez no fue la tierra que impulsó, fue el aire, una columna de viento la elevó hasta la cima del edificio y se encontró cara a cara con el chico que le dedicó una sonrisa y luego una reverencia.
--Señorita Larissa Silva, zodiaco de Libra, soy Valentín Montes -- se bajó levemente el cuello de la camisa que llevaba puesta y le mostró el borde de la clavícula derecha, allí se encontraba un tatuaje recién hecho de una porción de tierra atravesada por un rayo, ella sintió un leve ardor en la zona pero no puso atención, estaba más concentrada en el chico inclinado frente a ella que la miraba directo a los ojos --, me complace presentarme ante usted como su compañero, el zodiaco de Virgo, la protegeré y cuidaré en todo momento, seré su espada y su escudo siempre que me lo permita, y tal vez a futuro, su mayor confidente y cómplice.
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Mientras tanto en el restaurante la madre de Larissa, seguía con su trabajo tranquilamente, sabiendo que su hija estaba a salvo y segura con su compañero. Esperó hasta que llegó su hora de tomar su descanso, salió del lugar y comenzó a seguir la esencia de su hija, tan eléctrica como lo era desde su nacimiento, llegó al callejón y escuchó cómo el chico se presentaba ante ella. Recordó que no tuvo ese momento en su juventud tampoco lo tuvieron sus amigas, lentamente levitó hasta los chicos. Él enseguida se colocó en posición defensiva para poder proteger a su compañera.