Las puertas de ferrisghat

Capitulo 2: La lógica de la desesperación

La luz de la mañana se filtraba a través de la ventana sucia de Alex, no como un rayo de esperanza, sino como un foco grisáceo que iluminaba sin piedad el desastre de su estudio. Los restos de la pesadilla se aferraban a él como una telaraña húmeda. Aún podía sentir la vibración fantasma del zumbido de la central en sus molares, y el eco del silbido inhumano resonaba en el silencio de su mente. Se había despertado varias veces durante la noche, cada crujido del edificio o rumor de la calle le erizaba el vello, convencido de que una forma pálida y alta se materializaría en la esquina de su habitación.

Pero no había monstruos. Solo estaba él, la quietud polvorienta y el peso aplastante de la decisión que había tomado en la fría luz del alba.

Se arrastró fuera del sofá, donde se había dormido con la ropa puesta. Su cuerpo se quejaba con cada movimiento, dolorido por la tensión y la mala postura. La rutina era su ancla, un piloto automático para no pensar. Se dirigió a la nevera, un electrodoméstico que zumbaba con la misma desesperación cansada que todo lo demás en su vida. Abrió la puerta. El interior estaba escuálido. Sacó un plato de cartón con una rebanada de pizza que había comprado hacía dos días. La masa estaba dura y seca, el queso había adoptado una consistencia gomosa. No importaba. Era combustible. Comió de pie, masticando sin gusto, mirando sin ver la puerta de su apartamento.

Luego, fue al cajón de la mesa de centro. Entre cables viejos, monedas sueltas y chapas de cerveza, encontró lo que buscaba: un pequeño frasco de vidrio con los restos de marihuana y un par de papeles de fumar. Sus movimientos eran mecánicos, ritualísticos. Rompió un cogollo, esparció la hierba con una precisión que parecia que esa era su real vocación, la enrolló con dedos que apenas temblaban. Era un intento desesperado de anestesiar la ansiedad que le serpenteaba en las entrañas. Encendió la punta, aspiró profundamente y contuvo el humo en sus pulmones, esperando que la familiar sensación de entumecimiento mental ahogara los susurros de Chester y la imagen de aquellos folletos descoloridos.

Se dejó caer en el sillón, que exhaló un suspiro de polvo. Con la otra mano, cogió el cómic de "The Lightning" que estaba abierto en la mesa. La portada era un estallido de color imposible: el héroe, musculoso y seguro, con una sonrisa desafiante. Alex pasó las páginas, pero las viñetas le bailaban ante los ojos. Las hazañas de "The Lightning" le parecieron de repente vacías, infantiles. ¿Qué podía entender un superhéroe de ficción sobre la necesidad de pagar un alquiler? ¿Sobre el miedo a convertirse en un fantasma más en un pueblo olvidado? La certeza de su nuevo "trabajo" convertía el heroísmo en una farsa patética.

Estaba en medio de una calada profunda, intentando forzar la desconexión, cuando un sonido brusco y real lo sacó de su estupor.

Golp, golp, golp.

No eran golpes fuertes, pero eran firmes. No eran el impacto metálico y violento de su pesadilla, pero hicieron que su corazón diera un vuelco. Dejó el cómic y el porro se le quedó a medio camino de los labios. ¿Quién podía ser? Nadie lo visitaba. Excepto...

Se levantó, sintiendo una punzada de aprensión. Cruzó la pequeña habitación y miró por la mirilla. La imagen estaba distorsionada, pero era inconfundible: una melena desordenada de pelo pelirrojo, como un fuego apagado, y una figura alta y extremadamente delgada que casi llenaba el marco.

Aliviado, con un suspiro que le liberó parte de la tensión de los hombros, descorrió los cerrojos y abrió la puerta.

-¿Planificando la conquista del mundo o solo vegetando? -preguntó la figura desde el umbral.

Era Kane. Su mejor amigo, y quizás su única conexión real con algo que se pareciera a una vida normal. Llevaba una chaqueta de mezclilla gastada y unos jeans holgados que acentuaban su delgadez casi esquelética. Su rostro, espolvoreado de pecas, tenía una sonrisa burlona y despreocupada que parecía desafiar la grisura del entorno. En sus ojos verdes había una chispa de inteligencia cínica que Alex siempre había envidiado.

-Algo así -murmuró Alex, apartándose para dejarlo pasar-. Más cerca de la segunda opción.

Kane entró, llenando el espacio con su energía tranquila. Su mirada escaneó rápidamente la habitación: la pizza a medio comer, el porro humeando en el cenicero, el cómic abierto. Sus ojos se posaron por un instante en el pequeño papel arrugado que seguía en la mesa, junto al teléfono de Alex. Luego, volvió a mirar a su amigo.

-Tienes pinta de haber peleado con un camión de la basura y perdido -comentó, dejándose caer en el único sillón libre, frente al de Alex-. ¿O es la resaca moral de otra jornada épica de no hacer nada?

Alex cerró la puerta.

Kane se hundió en el sillón con la familiaridad de quien ha reclamado ese territorio año atrás. Estiró sus largas piernas, cruzando los tobillos sobre un montón de cómics viejos en el suelo. Alex volvió a su asiento, el sillón que había moldeado la forma de su apatía. Por un momento, solo el crepitar del porro en el cenicero y el zumbido lejano de la ciudad llenaron el espacio. Era un silencio cómodo, el tipo de silencio que solo existe entre amigos que no necesitan llenar cada vacío con palabras.

-Entonces- dijo Kane al fin, rompiendo el hechizo mientras jugueteaba con el mando de la videoconsola-, ¿el gran plan para la dominación mundial avanza? ¿O seguimos en la fase de acumulación de fuerzas, también conocida como ¿no hacer un carajo?

Alex esbozó una sonrisa débil. Era el guion de siempre, la comedia de enredo de sus vidas.
-Algo por el estilo. La fase de acumulación es más larga de lo que pensaba.

-Siempre lo es -asintió Kane con solemnidad falsa-. Pero en serio, ¿alguna novedad? ¿Llamó alguien? ¿Mandaste algún currículum a un lugar que no huela a pies y desesperación?

Alex respiró hondo. El humo aún le nublaba ligeramente los pensamientos, suavizando los bordes afilados del miedo. Esta era la parte difícil.
-Bueno...no conseguí trabajo. No todavía. -Hizo una pausa, buscando las palabras-. Pero... puede que haya una oportunidad.



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En el texto hay: muertesymisterios

Editado: 14.01.2026

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