La caída de la ilusión: la casa dejó de ser hogar punto o era un pasillo de miradas. Cuando Araceli pasaba como las conversaciones cambiaban de tono.
— ahí viene ... – susurraba Priscila
—cállate -respondía Pablo, pero sonreía. Desde la cocina, luz Marfil ya no escuchar, aunque cada palabra pesaba.
— No trabaja...
— No ayuda...
— Solo duerme...
— y Joel cargando con todo... Las paredes hablaban Araceli lo sentía. por eso caminaba erguida, inventando grandezas:
— En mi familia teníamos empleada
—yo no estoy acostumbrada a esas cosas... Pero nadie creía ya.
— El más duro llegó en silencio. Una tarde ahora se le abro la billetera de Joel buscando lo de siempre: billetes, seguridad, salida y Libertad. Solo encontró monedas.
—¿Dónde está tu dinero?
— No alcanza - respondió Joel – estoy pagando deudas. El mundo de Araceli se encogió punto ya no habría salidas ni ropa nueva ni paseo comprendió algo terrible: no podía irse... pero tampoco podía vivir como antes. Por primera vez estaba atrapada sin beneficios.