Las Raíces de un Mundo Desconocido

capitulo 1

Las Raíces de un Mundo Desconocido

CAPITULO 1.

Me levanté una mañana, abrí los ojos, fui al baño y me lavé la cara. Después me arreglé, desayuné y salí a realizar mi trabajo rutinario.

Tengo una huerta grande que produce frutos enormes y deliciosos, los cuales se venden muy bien... Pero aquel día me visitó alguien muy extraño.

Llevaba una gorra que le cubría la cabeza y vestía completamente de negro. Era alto y, por su apariencia, parecía ser un hombre. Se acercó a mí y me dijo:

—Muy buenos días. Al parecer, usted trabaja en una huerta muy grande. Vengo de un país del norte y traigo semillas de un fruto que tal vez le gustaría sembrar.

Yo lo miré con desconfianza y le respondí:

—¿Por qué debería sembrar algo que ni siquiera conozco? Tal vez podría dañar mis demás cultivos. ¿O por qué debería pensar que usted es alguien en quien puedo confiar?

Se acercó lentamente hacia mí y se quitó la gorra que cubría parte de su rostro. Tenía unos ojos azules y el cabello rojizo. Entonces me di cuenta de que llevaba un tapabocas que cubría su rostro.

Con un tono de voz suave, me dijo:

—No te estoy pidiendo que confíes en mí. Solo te pregunté si querías sembrarlas en tu huerta.

Volví a pensar en la primera pregunta que me había hecho. Después de pensarlo durante un momento, finalmente le respondí:

—Bueno... está bien. Las acepto.

—Solo es una. Así que cuídala muy bien.

Me entregó la semilla en la mano y se alejó lentamente.

Pasó el día y, antes de que el sol se ocultara, fui a mi huerta. Sembré la semilla como normalmente se siembran las plantas. Todo parecía estar bien. No vi nada extraño. Él me miró y dijo:

Entonces me pregunté:

—¿Por qué ese chico venía tan cubierto, como si quisiera ocultar algo?

No le presté demasiada atención a la pregunta que rondaba por mi cabeza y continué con lo mío.

Pasaron tres semanas desde que sembré la semilla. Un día me levanté como de costumbre e hice mi rutina habitual. Después, me asomé a la huerta y me quedé completamente sorprendida.

Había crecido un árbol de hojas moradas.

Me acerqué corriendo al árbol y lo observé detenidamente. Después, regresé corriendo a mi casa. Subí las escaleras que llevaban al segundo piso y encendí mi computadora, pero...

—¡¿Quéeee?! ¡Está descargada! ¿Por qué justo cuando la necesito? ¡La voy a poner a cargar!

Esperé un rato hasta que pude encenderla nuevamente y comencé a buscar tranquilamente.

Entonces descubrí que era un árbol de jacarandá.

Me impresioné, pero no por el árbol en sí, sino porque, para crecer hasta alcanzar unos ocho metros o un poco más, un jacarandá necesita aproximadamente diez años. Sin embargo, aquel árbol había crecido hasta alcanzar unos ocho metros en tan solo tres semanas.

Y lo más extraño era que había aparecido de un día para otro.

Bajé corriendo las escaleras y regresé a la huerta. Me acerqué al árbol y lo toqué.

No ocurrió nada.

Lo acaricié tres veces y, de repente, vi cómo una de sus ramas se movía. Pensé que probablemente era el viento, pero entonces otra rama se movió.

Esta vez fue diferente.

La rama se enrolló alrededor de mi pie y me sujetó con fuerza. Intenté liberarme, pero no podía. Entonces, otra rama se movió rápidamente y me agarró del brazo derecho.

Me desesperé y comencé a gritar:

—¡Ayuda! ¡Nooo! ¡Ayuda!

Sentí las lágrimas caer por mis mejillas mientras un sollozo escapaba de mis labios.

Entonces, el árbol me absorbió por completo.

Sentí cómo caía. Miré hacia todos lados, completamente aterrada, sin entender qué estaba sucediendo.

Y, finalmente, perdí el conocimiento.



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En el texto hay: magia, jacaranda, rubhy

Editado: 04.08.2026

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