Las Raíces de un Mundo Desconocido

capitulo 3

CAPITULO 3 :
Mientras caminábamos, pensé para mis adentros:

¿No sería raro entrar en la casa de un desconocido? ¿Y si solo se hace pasar por alguien amable y, apenas entre a su casa, intenta hacerme daño? ¡Aaah! ¿Y cómo voy a escapar si, según lo que dijo, esto es un lugar lleno de magia? Mucho menos voy a poder escapar… Dios, ¿qué hago?

—Uff… Bueno, Rubhy, cálmate. Nada malo ni fuera de lo normal va a pasar.

Mientras intentaba tranquilizarme, él habló.

—Mira, este es un lugar de hospedaje de una amiga. Así vas a estar cómoda. Y por el pago, yo me encargo mientras aprendes más sobre este lugar y empiezas a trabajar. Por la tarde te daré algunas clases, pero bueno… entremos.

Levanté la mirada y vi una enorme cabaña de tres pisos. Desde afuera parecía bastante acogedora. Cuando entramos, me encontré con una recepción perfectamente ordenada y limpia.

Detrás del mostrador había una chica de baja estatura, con ojos verdes y cabello castaño. Cerca de ella había una puerta con un letrero que decía “Biblioteca”.

Todo se veía tranquilo, cómodo… y extrañamente acogedor.

Sin embargo, lo que más llamó mi atención fueron unas pequeñas criaturas flotantes con forma de bolitas. Eran fantasmas, pero no daban miedo. Al contrario, se veían increíblemente tiernos y estaban por todas partes.

Stayler me miró de arriba abajo y frunció ligeramente el ceño.

—Estás demasiado mojada. Espera aquí. Voy a entrar a hablar con alguien y ya vuelvo.

Entró por una de las puertas y, después de unos minutos, regresó con una toalla enorme, casi del tamaño de una cobija. Sin decir demasiado, me envolvió rápidamente con ella.

Entonces entramos de nuevo a la recepción.

La chica que estaba detrás del mostrador me miró y sus ojos se iluminaron de emoción.

—¡Hola! Soy Coinner. ¡Es un gusto conocerte! Stayler ya me contó sobre ti y me dijo que vas a quedarte un buen tiempo. Es un placer conocerte.

—Ah… qué bueno.

Respondí temblorosamente, todavía un poco desconcertada por todo lo que estaba sucediendo.

—No te preocupes. Tu habitación está en el tercer piso.

Coinner tomó mis manos y las agitó con entusiasmo, como si estuviera increíblemente emocionada de conocerme. Cuando finalmente me soltó, puso una de aquellas pequeñas bolitas fantasma sobre mi mano.

—Él te guiará hasta el tercer piso y te llevará a tu habitación. Ah, y en tu mano te dejé la llave.

La miré con expresión confundida.

—¿En mi mano?

Pregunté con duda, porque estaba completamente segura de que ella nunca me había entregado ninguna llave.

—Sí, en tu mano.

Entonces se acercó y abrió mis manos con cuidado. Allí, entre mis dedos, había una pequeña llave.

Abrí los ojos sorprendida.

—¿Cómo? Si ahí no tenía nada…

Coinner simplemente sonrió.

—Es un hechizo de teletransporte en miniatura. Je, je.

Mis ojos volvieron a brillar de curiosidad.

¿Un hechizo de teletransporte?

Había atravesado una piedra y ahora una llave había aparecido mágicamente en mi mano. Cada vez encontraba algo nuevo que jamás había visto en mi mundo.

Me disponía a seguir al pequeño fantasma cuando di un paso.

¡Poom!

—¡Auch!

Había olvidado por completo que estaba envuelta en una toalla. Mis pies estaban atrapados en ella y perdí el equilibrio, cayendo al suelo.

Comencé a dar vueltas intentando liberarme de la enorme toalla.

Stayler me observó durante unos segundos. Luego se acercó y me ayudó a desenvolverme.

—No creí que fueras tan tonta como para olvidarte de que tenías una toalla enrollada en los pies.

Soltó una carcajada.

—¡Jajajaja!

Lo miré con fastidio.

Bueno… ya me estaba acostumbrando a sus burlas.

Pero entonces noté algo extraño.

Mi ropa y mi cuerpo estaban completamente secos.

Miré la toalla con sorpresa. No había tenido tiempo suficiente para que todo se secara de manera normal.

Mis ojos volvieron a brillar.

—Es un hechizo de calentamiento —explicó Stayler—. Aunque ya venden toallas con ese hechizo incorporado, así que es algo bastante común, Rubhy.

Por la forma en que lo dijo, supe que todavía se estaba burlando de mí por lo de la piedra.

Decidí ignorarlo y seguí al pequeño fantasma.

Subimos hasta el tercer piso. La pequeña criatura me condujo por el pasillo hasta detenerse frente a una extraña plataforma circular en el suelo.

Sobre ella había líneas, triángulos y círculos dibujados formando un símbolo que parecía mágico.

El fantasma se colocó frente a la plataforma y luego me indicó que subiera.

—¿Aquí?

La criatura dio unas pequeñas vueltas en el aire.

Supuse que era un sí.

Subí.

En cuanto puse ambos pies sobre la plataforma, sentí que todo mi cuerpo se movía a una velocidad increíble. El estómago se me revolvió y por un instante sentí un extraño vacío.

Entonces…

Tin.

Un pequeño sonido anunció que habíamos llegado.

Levanté la mirada.

Frente a mí había una puerta.

El pequeño fantasma se acercó y tocó la cerradura con una de sus diminutas extremidades. Luego señaló la llave que estaba en mi mano, como si quisiera decirme que debía abrirla.

—Ah… claro.

Introduje la llave y giré.

Clic.

La puerta se abrió.

Entré y me quedé completamente inmóvil.

La habitación era enorme.

Mucho más grande que mi propia casa.

Había una pequeña zona para cocinar, una cama doble bastante grande y varios espacios que hacían que aquello pareciera más un apartamento que una simple habitación de hospedaje.

Además, había varias ventanas desde las cuales podía observar el exterior de la cabaña.

Miré a mi alrededor, completamente sorprendida.

Pero… ¿cómo puede ser tan grande?

Desde afuera solo se veía como una cabaña normal. ¿Cómo es posible que por dentro sea muchísimo más grande?



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En el texto hay: magia, jacaranda, rubhy

Editado: 25.08.2026

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